Estamos en el primer domingo de 2026, por tanto, URTE BERRI ON DENORI. El artículo de hoy en Historias Montañeras suma el número 250. Ya lo dije, ¿quién me lo hubiera dicho a mí? Impensable que haya llegado a tantos. El objetivo ahora, después de estar situado en el campo 5, es llegar a cima, a los 300. No sé si faltará oxígeno, lo intentaré.

Pocos días antes que cambiara el año recibimos la noticia del fallecimiento de una persona a la que el montañismo acompañó toda su vida. Nunca dio titular alguno, no tenía por qué, era hombre discreto. Pero si creo es agradecido por mi parte dedicarle la página de hoy a quien fuera aparejador en el servicio de obras urbanas del Ayuntamiento de Laudio. Goian bego Jokin.

Consulto con un buen amigo del gremio alpino, Jon Aurtenetxe, que le conocía desde la niñez. Su hermano y el mío eran amigos de todo, de siempre. Todos empezamos a bailar en el Gorantza (con Sabin Egiguren, sobrino de Sabin Apraiz) de Solokoetxe, y seguimos allí hasta que desapareció, anota Jon.

Jokin y Juan Carlos en el Aneto en 2002.

Pero mi fuente informativa y quien me lo presentó, es autoría de Juan Carlos Abascal, de quien en varias páginas aquí en Historias Montañeras he contado que es etnógrafo, miembro numerario de la RSBAP, socio de Celedones de Oro, montañero, investigador y escritor. Al vitoriano afincado en Espejo recurrí.

Fue el maestro que me enseñó a mirar las cumbres. Conocí a Jokin en Espejo-Valdegovía. Pronto pasé a formar parte de su cuadrilla, aunque entonces nos separaba una pasión: mientras yo no sentía curiosidad por las cumbres, él vivía pensando en los montes. El mismo año de mi llegada a Espejo (1990) ascendí a Peña Bachicabo. Era una cita obligada para celebrar el segundo aniversario de la cruz de hierro, diseñada por su hermano Fede. Aquella cruz se alzó en 1988 por iniciativa de Fernando Lafuente; recuerdo bien, porque me lo han contado, los innumerables viajes que Jokin hizo a la cima acarreando material para su colocación. Como curiosidad, Bachicabo albergó la primera cruz del País Vasco en 1886, una historia que podéis descubrir en mi blog (Juan Carlos Abascal). Jokin falleció en Bilbao contando 76 años. Esto que cito en cursiva es textual del propio Abascal, a quien enseñó los valores del montañismo.

Cima de Peña Lara.

En el artículo de Historias Montañeras 233 (7 de septiembre) titulado; La Pionera cruz de Bachicabo, contaba cómo fui a la marcha del 37 aniversario de la subida popular desde Barrio a la cruz de Bachicabo. De aquella salida publiqué la página antes citada. Al llegar a la cumbre Juan Carlos me presentó a Jokin, de quien dijo que es de los pioneros de esta cita. Hablamos un rato pues me dijo solía leer estos artículos, cosa que al cronista le hace ilusión, y me quede contento habiéndole conocido. Luego al llegar a Barrio fuimos a tomar un pote al bar del pueblo y allí estaba con tres montañeros ya entrados en edad y nos sentamos con ellos siguiendo charlando. Por eso la pena cuando recibes estas noticias te embarga. La montaña nos une y la amistad de un momento, a veces, es para toda la vida.

Sigue contándonos Juan Carlos; Cada agosto con su hermano y amigos como Alberto, Ramón y Joserra, se preparaban para los Pirineos coronando de una tacada Bachicabo, Castromayuela, Mota y Cueto. Le recuerdo conquistando la Gran Facha, el Vignemale, Balaitus o las Madaletas, además de la emblemática Peña Karria. Años después me animó a acompañarlos al Midi d’Ossau. Llegué con él y Alberto hasta la chimenea; allí, aunque no subí el tramo final, porque no estaba capacitado, nació mi “gusanillo” por la montaña. A los 45 años, me llevaron al Posets, Jokin, su hermano Fede, y Alberto Aldana. Dormí por primera vez en un refugio, el Ángel Orús, y un 15 de agosto de 2001 alcancé la cima. Entonces me enamoré definitivamente del monte. Al año siguiente me federé en el club Gorosti-Acebo de Valdegovía —donde Jokin ha seguido federado hasta este mismo año— y llegaron el Pico Mulleres y el Aneto.

Te puede interesar:

Jokin con el Midi d´Ossau de fondo

Destacar que de Jokin guarda Juan Carlos un ritual inolvidable al alcanzar una cumbre. Dice así; a mitad de cada descenso importante, sacaba de su mochila una botella de buen vino y dos copas de cristal envueltas en plástico de burbujas. Decía que el buen vino solo se debe beber así.