Poner en valor y recuperar una tradición de siglos es la labor que todos los domingos o “festivos” realiza Aitor Loizaga en la iglesia de la Encarnación de Bilbao. Reconoce que repicar campanas de manera manual “es inexplicable” ya que “me gustan desde que era pequeño. La primera campana que toqué fue la de San Juan de Gaztelugatxe”. Y, precisamente, el toque manual de campanas celebra su tercer aniversario desde que fue declarado Patrimonio inmaterial de la Unesco. La profesión de campanero está en vías de extinción aunque antiguamente era “un oficio remunerado en algunos casos y que se aprendía de manera oral de generación en generación”.

Los cambios sociales y urbanísticos han provocado que con el paso del tiempo escuchar el repique de campanas e identificar los sonidos se haya perdido. “Cuando unas campanas dejan de tocar en zona urbana hay que reeducar a los barrios”, afirma el campanero que procura “tocar por un tiempo limitado para no crear problemas”. Consciente del legado que estos sonidos tienen para la comunidad se puso en contacto con el párroco de la iglesia de la Encarnación que le apoyó en el regreso de los sones de las campanas al templo del bilbaino barrio de Atxuri. “Creo que a él también le gustan estos sonidos”, comenta.

Características

Estudioso de las campanas asegura que muchas están creadas en “bronce, aunque también hay algunas de hierro”. Además, “dependiendo de donde se hayan fabricado, cada maestro les aporta su secreto”. Por ello, “cada campana te da cierta información y así puedes calibrar de quién puede ser por el sonido”. Los perfiles de las campanas también aportan detalles sobre su origen. Loizaga destaca la campana romana “o también llamada castellana. Es un tipo de campana más recta, de gran tamaño, en muchos sitios de Euskadi están fijas pero también se pueden voltear”. Otro modelo de campana es la de “perfil gótico o esquilonado, que son más habituales y algo más curvilíneas”.

Las diferencias en las campanas y los sonidos que esconden no solo se deben al material de fabricación o al lugar de la misma sino que también hay criterios que están ligados a las costumbres locales. “A diferencia de Europa, nuestra tradición campanera habla más de conjuntos armónicos en los que priman el ritmo sobre la melodía. Los mensajes que se transmiten son a partir de ritmos y no de música”, subraya Aitor Loizaga.

Toques

Escuchar el repique de las campanas proporcionaba información a los vecinos, y aunque en municipios pequeños todavía se conserva esta manera de comunicar, en localidades más grandes ha quedado en el olvido. “El ciudadano sabía identificar al escuchar los toques qué estaba ocurriendo. Si había fallecido alguien, si había algún incendio…”, detalla Aitor Loizaga. El catálogo de repiques incluyen “campanas de uso civil (para indicar horarios), religiosos, volteo, de fiesta, de ánimas…”.

Pero si hay un acontecimiento asociado a las campanas es el toque de difuntos que presenta características diferentes según a quién se refiera. “Son distintos para hombres, mujeres, niños… También influye el poder adquisitivo, el estamento social o si forman parte del clero”, explica el campanero que cita el toque de Tentenublo como el usado para “alejar tormentas o granizo de las cosechas”.

Colaboración

La pasión que siente por las campanas se refleja en sus visitas a diferentes templos, sobre todo en Bizkaia. “He visitado para catalogar las campanas las iglesias de San Antón de Bilbao, la basílica de Begoña, la basílica de Santa María de Portugalete o la iglesia de San Vicente de Barakaldo”, precisa Aitor Loizaga que crea una “ficha completa con imágenes en profundidad de la campana”, incluyendo entre otros detalles “todos los elementos que tiene, las medidas o un cálculo aproximado del peso”. Y, por supuesto, grabaciones de cómo suenan las campanas. Todo ello lo remite al “Museo Diocesano de Arte Sacro de Bilbao para que lo incorporen a su catálogo monumental”.

Además de investigar, cada domingo repica las campanas en Atxuri aunque su sueño es hacerlo en la de San Vicente, su localidad, en Barakaldo. “Espero repicar algún día de manera especial por el día de San Vicente”, concluye.