“Cada vez estamos más concienciados de que nuestras rutinas de verano han de cambiar”. Así se pronuncia Isabel Castelo, jefa de Servicio Sanitario de Emergencias de Osakidetza, a la hora de valorar el número de casos acontecidos este verano en la CAV, y en Bizkaia en particular, como consecuencia de las elevadas temperaturas, ya que se mantienen en la línea de años precedentes pese a que crecen las alertas o episodios que podrían alterar la cantidad de afecciones. Concretamente, el Servicio Vasco de Salud contabiliza 229 atenciones en el conjunto de Euskadi, de las que, en el periodo comprendido entre el 10 de junio y el pasado 16 de agosto. Ahora bien, en este contexto hay que distinguir entre los que son golpes de calor propiamente dichos –que no han provocado ningún fallecimiento– y las patologías derivadas de esta condición meteorológica.

Es un escenario donde “antes era algo muy ocasional, dos o tres veces en todo el verano, y ahora podemos sufrir hasta una semana entera muy mala y días sueltos horrorosos”, describe Castelo, que pone el foco en cómo la ciudadanía se ha ido acoplando a esta transformación climática readaptando sus costumbres sabedora de que en los próximos estíos esta dinámica irá in crescendo. “Nos estamos concienciando de que hay que acondicionar nuestros hogares, crece la gente que está intentando climatizar su casa, nos fijamos más en la transpiración de nuestra ropa, los tejidos, nos ponemos gafas de sol, visera...”, enumera la responsable de Emergencias, amén de que la población se entrega cada vez más al cuidado de las personas mayores, los niños y, en general, de las personas frágiles o vulnerables. “Pero hemos adquirido además hábitos que eran más propios del sur del Estado, como el agua con limón y el café con hielo”, ilustra Castelo. De hecho, “oímos hablar de los refugios climáticos, es decir, de buscar el árbol, la sombra, los paseos que no son en hora punta, y sabemos que debemos prescindir de las bebidas azucaradas y optar por comidas ligeras”.

Si hablamos específicamente del golpe de calor nos encontramos con dos subtipos. Uno, el pasivo, relacionado con aquellas personas con cierto perfil de edad y enfermedades que pueden arrastrar consigo; otro, el relacionado con el esfuerzo físico, y que se produce “porque no podemos mantener la temperatura que nuestro cuerpo necesita”. “Por un lado está la gente que se halla en el umbral de los 65 años y que puede tener problemas de termorregulación, y que no elimina bien el calor; por otro, aquellos que desempeñan trabajos intensos, aunque el esfuerzo físico tiene que ser importante para que haya una descompensación”. En este último campo se hallan quienes realizan una actividad laboral principalmente al aire libre, con acciones extenuantes y trabajos rigurosos, un ámbito “en el que sí podríamos mejorar más pero que depende más de las condiciones laborales de su trabajo”.

Con todo, siempre hay quienes, por ejemplo, practican una actividad física en el momento más inoportuno bajo la canícula. “Ahí es donde más que hay que incidir en concienciar, en que no debemos hacer estas cosas. No vamos a conseguir que todo el mundo siga las pautas pero es importante remarcar las condiciones de prevención, huir de la exposición y no jugar con cartas que pueden llevarte a una afección por el calor y que acabe en algo grave”, sostiene Castelo. En caso de toparnos con un caso de estas características hay normas básicas de reacción: comprobar que respira y tiene pulso, retirar a la persona del pleno sol, empaparle con agua fresca... Y llamar al 112. Ahí es donde el personal sanitario recibe llamadas de todo tipo y condición: “desde quien está con un familiar al que le cuesta respirar en su propia casa, hasta el que se encuentra mareado en un banco durante un paseo, o quienes sufren una bajada de tensión porque no han tomado agua suficiente y están deshidratados.

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El Departamento de Salud del Gobierno vasco constata siempre la necesidad de extremar las precauciones durante las alertas naranja por calor. De este modo, sugiere que se sigan las recomendaciones sanitarias para evitar los riesgos por las extremas temperaturas y hace especial hincapié en la población de riesgo: menores de cuatro años, personas mayores, embarazadas, personas con enfermedades crónicas, y personas que realizan actividad física en exteriores. Entre la lista de consejos facilitada, destacan contactar con frecuencia con las personas de la tercera edad que vivan solas y no dejar a nadie dentro de un vehículo estacionado.

Cabe destacar que desde 1970 la temperatura en la CAV ha aumentado 0,3 grados centígrados por década. Los años 2022 y 2023 fueron los más cálidos registrados, según datos aportados desde Lakua. En ellos hubo más de 75 días cálidos, superando en más de 20 a los registrados en 2020, el tercer año con más días calurosos. El número de jornadas de olas de calor se ha duplicado, pasando de cuatro en el periodo 1970-2000, a casi nueve en el balance 2014-2023. Fue en 2022 cuando se produjo el mayor número de días de olas de calor, con más de 23. Este 2025 está remarcando la tendencia.