Cáritas

La compañía se reinventa

20.03.2020 | 00:24

Son la población más vulnerable al coronavirus y a la soledad, dos pandemias que se han aliado contra los mayores y les han puesto en primera línea de fuego. Pero la solidaridad de los voluntarios es infinita

MAXI Calvo Urruticoechea tiene 102 años y espíritu para rato. Los primeros días de confinamiento estaba mustia por no poder salir de casa, rutina habitual, pero ahora como ve que el resto de la familia está en el domicilio está contenta aunque impresionada por esta situación. En el WhatsApp del equipo de voluntarios de Irala, ayer una mujer pedía si alguien podía facilitarle libros con los que se pudiera reír; petición que ya está en marcha. Otra, preguntó si alguien podría comprarle fruta y carne, y los voluntarios enseguida se hicieron eco, hablaron con el carnicero y el frutero y ya se ha prestado a llevarle cada día lo que necesite. En otros casos, la charla ha sido para comentar la situación y evitar un aislamiento total de estos mayores. Videoconferencias, skype, Facetime, WhatsApp colectivos. Todo vale para sustituir la presencia física y seguir acompañando a los mayores, probablemente la población que más lo necesita en estos momentos.

Solo en Bizkaia hay más de 250.000 personas mayores de 65 años, aproximadamente una de cada de cinco vive sola. Desde Cáritas se trabaja en diferentes programas y ámbitos para paliar la soledad que sufren muchos de estos mayores. Pero además quieren desterrar el complejo que muchos de nuestros mayores sienten en ocasiones a la hora de pedir ayuda. Pili Castro, coordinadora de los Programas de Atención a los Mayores y Envejecimiento que tiene en marcha Cáritas en estrecha colaboración con los Servicios Sociales del Gobierno vasco, Diputación y Ayuntamientos explica que la "soledad no es solo no estar atendido". Y se refiere a que muchas veces son personas que están cuidados por familiares, pero igualmente necesitan relacionarse, conversar con otros vecinos y vecinas como ellos. Por eso, es importante que no sientan vergüenza de pedir acompañamiento, que no sientan que por ello se les considera personas abandonadas. Ni que su petición de acompañamiento supone una crítica hacia sus familiares.

La red de personas voluntarias de Cáritas atendió el pasado año 450 mayores de manera presencial. Así se van creando vínculos que permiten a las personas mayores ir cogiendo confianza con ellos hasta conseguir abrirles las puertas de sus casas. Pili Castro recuerda que normalmente la gente que vive sola recibe muchos mensajes de advertencia para que desconfíen de desconocidos que puedan aprovechar su vulnerabilidad para timarles o robarles. Por eso, el lazo que se crea entre el voluntario y la persona mayor durará durante años.

Frente al aislamiento

Ahora que el coronavirus amenaza con aislar aún más a esta población que la pandemia ha situado en primera línea de fuego la solidaridad se convierte en el arma más potente para ellos. Y desde Cáritas están reorganizando sus servicios para seguir prestando el acompañamiento aunque no sea de manera presencial. A los programas que ya tienen en marcha Cáritas tenía previsto sumar uno nuevo Acompañamiento Telefónico, así que ya estaban preparados para hacer frente a esta situación.

"En circunstancias como las actuales tenemos más necesidad de comentar, de intercambiar opiniones y preocupaciones, de hablar sobre cómo nos afecta lo que estamos viviendo y no siempre tenemos con quién hacerlo". Pili Castro explica que es lo que quiere ofrecer Cáritas también en estos momentos. "Ofrecemos la posibilidad de que una persona voluntaria te llame mientras se mantengan las circunstancias de confinamiento para compartir un rato de charla". Además este canal abre la posibilidad de detectar situaciones en alerta si se diera el caso y Cáritas buscaría el apoyo en coordinación con las administraciones públicas para canalizar su atención.

El proyecto de Acompañamiento a Personas Mayores se desarrolla en 20 municipios de Bizkaia y en él colaboran más de 300 personas voluntarias, organizadas en equipos coordinados. Su objetivo principal es la lucha contra el aislamiento y el sentimiento de soledad tanto a personas en domicilio como en residencias para lo que cuentan con el apoyo del Gobierno vasco y Cáritas Española, y con aportaciones de los Ayuntamientos de Lekeitio, Barakaldo, Mungia y Getxo para su desarrollo. El coronavirus les ha obligado a buscar otras vías de comunicación pero no van a renunciar al contacto con los mayores.

Otros programas de Cáritas para mayores como el de Dinamización que busca favorecer la realización de actividades, Bizi-Bete en el que las actividades que se desarrollan en un local son una herramienta para estar cerca; Esku Onetan de apoyo a los cuidadores; Barriztu para la realización de pequeñas obras y Egunon Etxea también se reinventan estos días.

 

Llamamiento. En estos momentos tan complicados tender la mano para ayudar a los más vulnerables es uno de los exponentes de la solidaridad más plausibles. Desde Cáritas, ayer, Pili Castro, coordinadora del Programa de Mayores y Envejecimiento hizo un llamamiento para ofrecer voluntarios, gente profesional y de confianza todas las personas que encuentren solas y necesiten un acompañamiento telefónico estos días. "Estamos dispuestos y tenemos capacidad".

"Estoy impresionada por lo que ocurre, pero contentos porque estamos todos en casa"

Maxi Calvo Urruticoechea

102años

"Me pregunta a ver cuándo puedo ir pero está contenta de que podamos hablar"

Conchi Martínez

Voluntario

"La soledad no es solo no estar atendido, se intercambian opiniones, se charla"

Pili Castro

Programa de Mayores de Cáritas

"Llamo casi a diario a Carmen que vive en una residencia y antes le acompañaba"

Mila Amirola

Voluntaria de Cáritas


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