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Muchos recuerdos en el bosque animado

La mayoría de los ciudadanos se decanta por incinerar a sus difuntos frente al método tradicional de la inhumación

Muchos recuerdos en el bosque animado

Derio - Por costumbre, comodidad o por una cuestión económica. Sea cual sea la razón, la mayoría de los ciudadanos vascos se decanta por la cremación. El año pasado se registraron en Bilbao 1.400 cremaciones frente a los 678 inhumaciones, según datos proporcionados por el Consistorio bilbaino. Las cifras hablan por sí solas. Un funeral y dar sepultura a un cuerpo puede costar a la familia en Euskadi alrededor de 3.500 euros; en la capital vizcaina, la incineración ronda los 400 euros y en provincias limítrofes, como en Cantabria, se sitúa sobre 700 euros.

“El método tradicional sale muy caro. Con la incineración te ahorras el nicho, el mantenimiento, y en muchos casos las flores”, destacaba ayer Rosa Mari Ruiz en su visita al cementerio de Bilbao en el día de Todos los Santos. Para esta bilbaina la cremación, además de un método más barato es más higiénico. Las cenizas de su hermana -fallecida hace año y medio en accidente de tráfico- descansan en el Bosque del Recuerdo, donde las ánimas descansan. Se trata de un espacio ajardinado habilitado en el camposanto municipal de Bilbao para depositar las cenizas de los difuntos. “Siempre nos dijo que no la encerrásemos. Este espacio nos permite tenerla al aire libre, bajo un árbol. Es un bosque repleto de recuerdos, de vivencias de quienes comparten este espacio. Me parece una idea genial para evitar que la gente vaya esparciendo a sus difuntos por los montes, por el mar...”, apuntó la mujer. Sin embargo, y pese a que cada vez se realizan más cremaciones, este método tiene también sus detractores.

Julia Jiménez, de 82 años, no comparte la decisión que tomaron hace un año sus sobrinos de incinerar a su hermano mayor y de esparcir sus cenizas en el Bosque del Recuerdo. “No lo entiendo”, repetía ayer la mujer. “Yo habría preferido tenerle en un nicho, para poder llorarle a él. Como siempre se ha hecho. Esto no es un espacio sagrado”, comentaba la señora refiriéndose a la zona habilitada para las cenizas. Una opinión que no es respaldada por sus sobrinos, quienes aprovecharon la mañana para llevar unas flores a su padre. “Lo que no íbamos hacer era tirar las cenizas en una campa. Este lugar nos parece una alternativa a la cremación”, afirmó Sofía Jiménez.

Lo cierto es que, aunque son infinidad las personas que se aferran a no perder la milenaria tradición de visitar a los difuntos en la festividad de Todos los Santos, lejos quedan aquellos años en los que miles de personas peregrinaban portando ramos de flores entre nichos y panteones por las calles del cementerio municipal de Bilbao. El año pasado fueron 5.000 las personas que se acercaron por el camposanto de Bilbao el día de Todos los Santos.

La mañana amaneció triste. Una espesa niebla y una persistente llovizna acompañó a quienes decidieron madrugar para visitar a sus seres queridos en los cementerios vascos. “La familia venimos todos los años. Después, aprovechamos para irnos a comer juntos”, explicó Aurelio García. Josefina, de Bilbao, tiene a sus padres enterrados en un panteón y el año pasado no les pudo visitar el día de la festividad. “Antaño si no ibas al cementerio parecía que estabas cometiendo un sacrilegio. Ahora es diferente. Los tiempos han cambiado y las costumbres también”, comentaba la mujer mientras limpiaba el panteón familiar.

De hecho son muchas las personas que optan por acudir a los cementerios unos días antes para adornar con flores nichos y panteones. Otras, en cambio no necesitan fiestas para hacerlo. Marisa Calleja acude al cementerio todas las semanas para visitar a su pequeña Elisa. “Necesito venir para sentirla más cerca y hablar con ella”, acabó.