Sonia Ugalde llevaba más de dos décadas trabajando en su empresa. De la noche a la mañana, y con 43 años, se vio en la calle cuando cerró sus puertas. “Fue un shock, un mazazo; sientes que se te acaba el mundo. Parece que ya no vales para nada”, rememora. No está dispuesta a rechazar la oportunidad que le brindan los programa de recualificación para reincorporarse al mercado laboral. “El apoyo que te prestan es fundamental, sobre todo a nivel emocional”, admite. Al igual que ella, Jorge Monja y Sergio Rodríguez -su primer contrato indefinido a sus 46 años- también han encontrado un empleo gracias a que en su día apostaron por seguir formándose.
La Diputación puso en marcha los primeros programas de recualificación para trabajadores afectados por ERE en 2016, bajo el nombre de Bideak Zabaltzen, para dar respuesta, en aquel momento, a la situación a la que se vieron abocadas las plantillas de ACB e Eaton. En dos años, participaron en ellos 134 participantes, la mayoría de ellos en el sector del metal, entre los que se lograron medio centenar de recolocaciones. “Con estos programas se busca un mejor ajuste entre la oferta y la demanda, partiendo de las necesidades de contratación de las empresas y obteniendo una recolocación lo más rápida posible de las personas participantes en el programa, que se han visto afectadas por situaciones de desempleo por cierres, ERE o similares”, explica Adolfo Rey, director gerente de la Federación Vizcaina de Empresas del Metal, que han desarrollado estos programas. El proyecto, explica, contempla las medidas necesarias para ajustar las capacidades de estas personas para lograr su recolocación en otras empresas, “mediante un dispositivo integral de acompañamiento personalizado en función de las características de cada una de ellas”.
Desde entonces, confirma la diputada de Empleo, Inclusión Social e Igualdad, Teresa Laespada, se ha convertido en “una línea estratégica de este departamento”. Desde entonces, se ha abordado la situación de trabajadores del grupo CEL, General Electric, Vitrila o La Naval y sus empresas auxiliares. El objetivo es diseñar programas de recualificación para lograr una inserción laboral “lo más rápidamente posible para ellos”. El trabajo comienza por mantener reuniones con los representantes sindicales y comités de empresa que se encuentran en dificultades, “para conocer la situación real de la empresa y conocer los perfiles profesionales de sus trabajadores”, de forma que se pueda diseñar programas que encajen con ellos.
Con la experiencia acumulada del programa Bideak Zabaltzen, la Diputación ha vuelto a poner en marcha este año otros cuatro iniciativas para ofrecer una oportunidad laboral en ámbitos diversos a las personas que están en paro tras haber entrado en ERE la empresa en la que trabajaban. Los programas se van a desarrollar en los sectores del transporte y la logística, el comercio, la automoción, y la industria del conocimiento y la tecnología aplicada. Su elección no ha sido casual, ya que se trata de ámbitos que van a ser estratégicos en el territorio y requieren de una alta cualificación, pero también otros, como el transporte, en los que puede existir problemas de relevo generacional. “Hay sectores en los que las empresas nos dicen que si no preparamos a gente van a tener que importar mano de obra y eso no lo vamos a permitir haciendo personas desempleadas aquí”, incide Laespada. En los cuatro programas, que se están desarrollando a lo largo de este año, participarán 310 personas, con un compromiso de contratación mínimo de 120.
“Formarse siempre merece la pena”
Javi Acosta logró, hace dos años, su trabajo “soñado” en la ACB de Sestao. Tras una temporada trabajando fuera de su Santurtzi natal, concretamente en Miranda -“llevaba dos años en paro”-, le surgió la oportunidad de entrar como operario del mantenimiento eléctrico de la hacería de Ezkerraldea. “Era el puesto que siempre he querido, porque me encanta arreglar averías, solucionar cosas... Y encima, cerca de casa. Toda la vida había querido trabajar ahí”, rememora. El sueño apenas duró cuatro meses; empezó a trabajar en noviembre y en febrero se vio en la calle afectado por el ERE. “Me entró un bajón importante”, recuerda. La angustia se acentuó cuando, pasados los días y sin encontrar un nuevo empleo, vio cómo los gastos comenzaban a acumular: alquiler, necesidades básicas... Al final encontró un empleo en una fábrica de Gasteiz que, aunque no reunía las mejores condiciones -trabajaba a relevos a través de una ETT-, le permitía al menos llegar a final de mes. Cuando finalizó el contrato, no se lo pensó para participar en el programa de recualificación de la federación: calidad y medio ambiente, soldadura... “Formarse siempre merece la pena, nunca sabes dónde vas a terminar trabajando. De todo se puede aprender”, razona.
En abril del año pasado le llamaron para trabajar, también en mantenimiento eléctrico, en la factoría de Arcelor Mittal en Etxebarri. Su contrato es de tres años, aunque “por la experiencia de otros compañeros”, tiene esperanza en el futuro. “Estoy muy contento, es el trabajo que siempre me ha gustado”, reconoce. En su casi, admite que estos programas de recualificación le han beneficiado. “A mí me han servido para mucho. Además de ampliar conocimientos, me enseñaron a enfocar bien las entrevistas, a tener confianza en mí mismo...”, enumera.
“A los 46 años tengo mi primer contrato fijo”
Sergio Rodríguez había trabajado toda su vida en hostelería: camarero, cocinero, pizzero? Pero llegó un momento en el que decidió dar un giro y apostar por el campo de la calderería y la soldadura. “El mundo de la hostelería es muy esclavo y quería algo más estable”, admite. Invirtió cuatro años de su vida en adentrarse en ese nuevo sector profesional: tubería industrial, soldadura eléctrica, calderería... “Nunca me he quedado en casa”. Trabajó en Ibermática, en las obras de la cubierta de San Mamés, en Ferrovial, haciendo tareas de mantenimiento en la Brigdestone? Salvo en la primera empresa, todos fueron con contratos breve, de una semana o quince días. En su caso no se ha enfrentado a ningún ERE pero sabe lo que es estar en el paro. A través de la Federación del Metal, entró a participar en estos programas: cursos para saber confeccionar un currículum, sobre seguridad y prevención de riesgos laborales, uno más específico de soldadura? “Lo más importante para mí es que eran con compromiso de contratación, que al final es lo principal. Puedes hacer muchos cursos para reciclarte pero si no tienes experiencia no te contrata nadie. Y eso es un problema. Yo me reciclo pero, ¿para qué?”, advierte.
La respuesta le ha llegado ahora, a los 46 años. Gracias a esa formación, ha conseguido tener su primer contrato indefinido. “Me llamaron cuando estaba haciendo los cursos. Estaban buscando a alguien que tuviera conocimientos de todos los campos, para entrar en el lugar de una persona que se jubilaba”, explica. Aunque es natural de Madrid, se vino a vivir a Leioa ya que su mujer es de Getxo. Tiene un hijo de 20 años. “Te cambia la vida, en todos los sentidos. Parece que flotas. Te planteas el futuro de otra forma. Es muy triste pero, hoy en día, si encuentras trabajo parece que te ha tocado algo”, reflexiona. Admite que llegó a pensar que nunca encontraría trabajo. “Con esta edad y sin experiencia, no te contratan”, pensaba.
“Parece que ya no vales para nada”
Sonia Ugalde trabajó en el centro de Eaton en Derio durante 21 años. Producían aparatos electromagnéticos, “el diferencial que se usa en las casas”; entró a través de una ETT en montaje y pasó por diferentes puestos. En 2016 la empresa entró en un ERE de extinción: una parte de la plantilla se prejubiló pero los más jóvenes se vieron en la calle. Ella terminó de trabajar en septiembre. “Fue muy duro, porque llevas muchos años trabajando en un sitio y crees que es para toda la vida. Se te acaba el mundo, económicamente es un mazazo para tu familia. Y somos así de emocionales; crees que la fábrica es tu vida, tu familia, te separas de tus compañeros? Influyen muchas cosas además de lo económico”, admite. Sin olvidar el “miedo” de enfrentarse de nuevo al mercado laboral. “Eres joven y tienes que volver a trabajar; te planteas qué vas a hacer, dónde vas, cómo te vas a volver a vender para buscar trabajo? Es un momento muy duro”.
A través de la federación accedió a un proceso de recualificación. “Nos ayudaban a redactar el currículum, a enfocar profesionalmente nuestra trayectoria?”, enumera. Poco tiempo después encontró trabajo en otra empresa, aunque el contrato apenas se prolongó ocho meses. Más allá de los programas para reciclar sus conocimientos y la orientación laboral, lo que más valora Sonia es el apoyo emocional que recibió en esos duros momentos. “Te ayudan a quitarte el susto de estar sin trabajo y a ver que puedes tener otras oportunidades laborales. Parece que solo has hecho una cosa y ya no vales para nada”, afirma.