Santurtzi - Es joven, creativo, perfeccionista y trabajador. Él es Iñigo Cobo, este santurtziarra cineasta “por vocación” es el nuevo director del festival Santurzine a sus 24 años. Su juventud no le amedrenta ante el reto de seguir haciendo crecer este festival de cortometrajes que en octubre vivirá su cuarta edición. “Disfruto mucho con este festival. Es cierto que ser el director supone una mayor responsabilidad y más trabajo, pero todo eso queda compensado con creces por lo que me divierto”, explica Iñigo, uno de los creadores de este evento que en sus primeras tres ediciones estuvo dirigido por Charly Urbina. Con el legado que este le ha dejado y el apoyo de todo el equipo que da vida a Santurzine, Iñigo tiene claro cuáles son los objetivos del festival. “Nuestro propósito es que la gente vea cortometrajes y también se anime a hacerlos. Que pierdan ese miedo a grabar y prueben”, señala el nuevo director de Santurzine. Se puede acercar a la ciudadanía al cine de muchas maneras, entre ellas sacándolo a la calle. “Me gustaría hacer varias actividades en el municipio relacionadas con el festival. Es algo que estamos estudiando y que ojalá pudiésemos llegar a hacer”, indica Cobo.
En su discurso, siempre tiene un amplio espacio para hablar de cine, simplemente porque es su pasión. “Esta es mi vocación junto a la educación especial. De pequeño hacía cómics y luego llegó lo de empezar a grabar cosas”, recuerda. El primero de sus proyectos fue una serieweb llamada Pequeña UPV en la que una profesora de Enfermería daba un golpe de estado en la universidad e instauraba una dictadura en el campus. “Fue un fracaso absoluto”, apunta Iñigo, pero ese traspiés no hizo más que alimentar sus ganas de crear. Así, en 2011, junto a Alex Zubiria y Beñat Gutiérrez, dos compañeros de clase en la carrera de Comunicación Audiovisual, creó la productora Pogo The Clown Films. Después nacieron varios proyectos como el cortometraje Podremos morir mañana y la obra Animales Políticos, entre otros. Este mismo año ha estrenado Playa de las Mujeres, un corto en el que se refleja cómo viven tres hombres de diferentes edades -un padre, el hijo mayor y el pequeño- y la repentina muerte de su esposa y madre. “El guion de este cortometraje lo acabé en Sudáfrica, mientras estaba allí de cooperante. Fue volver de mi experiencia de tres meses allí y ponerme a grabar”, señala Iñigo, a quien le gusta crear “historias poco convencionales. Es lo que me divierte y lo que me hace feliz”. En sus obras, también quiere transmitir parte de su forma de ser: “En todas y cada una de ellas quiero decir que si se quiere algo, se puede conseguir. Rodar cortos era mi sueño y siendo muy cabezón lo he conseguido”.
Magisterio Lo ha logrado pese a que en mitad de su carrera de Comunicación Audiovisual decidió dar un bandazo, dejar esos estudios y matricularse en Magisterio. “La Educación Especial es mi otra pasión y decidí buscarme mi futuro profesional en la docencia. Me gustaría vivir del cine, sí, pero veía que podía aprender más estudiando Magisterio”, reflexiona. Así, Iñigo lleva cinco años colaborando con Apnabi y actualmente está acabando la carrera de Magisterio. “Tanto en el cine como en la enseñanza tienes que empatizar, ponerte en el lugar de mucha gente para dar vida a los personajes en un mundo, y en el otro comprender a las otras personas”, señala Iñigo, un joven que trabaja constantemente para hacer de sus pasiones su modo de vida.