Dicen que aquel que no sale de su tierra está lleno de prejuicios. Que el viajar amplía fronteras en todos los sentidos bien lo saben Juanma Pagazaurtundua, Yolanda Siles y el hijo de ambos, Imanol. Esta familia bilbaina ha encontrado una fórmula para recorrer el mundo de forma más barata brindando la confianza suficiente como para abrir las puertas de su casa a desconocidos que les honran con la misma cordialidad. Desde que en enero de 2013 se dieron de alta en Intercambio Casas, la página web que ofrece el servicio, estos viajeros han realizado cuatro trueques que les han permitido conocer Chamonix y Nantes en Francia, Roma y Estambul.

“Conocimos la página web trasteando en Internet. Nos registramos y seguido nos empezaron a llegar ofertas de sitios como Australia”, explica Juanma, productor audiovisual propietario de Morgan Films y freelance en Abra Producciones. “Él era más animado”, dice Yolanda señalando a su marido, “a mí me costó un poco más acceder, pero ahora estoy entusiasmada”. Hasta hace nueve años, Juanma y Yolanda iban y venían de Madrid, por lo que estaban habituados a recibir visitas en el piso que el matrimonio posee en Bilbao La Vieja, un enclave ideal para los turistas que acuden a pasar unos días a la capital vizcaina.

“Aquí nos cuesta mucho abrir las puertas de casa, es como un templo”, opina Yolanda, hostelera del Gure Toki en la Plaza Nueva, sobre las reservas de los vascos para este tipo de opción de recorrer el mundo. “Cuando les contamos a nuestros amigos cómo viajamos siempre nos preguntan si los que vienen no se llevan cosas de casa. ¿Qué se van a llevar? ¿La tele?”, cuestiona Juanma mientras Yolanda reconoce: “En un principio me salió el punto de bilbainita: mi casa, mis cosas... Voy a quitar algunas cosas, me dije. Empecé a pensar en qué objetos de valor retirar y pensé que lo tenía que guardar todo. Al final lo dejé como estaba”.

Cuando se efectúa un intercambio, la familia ejerce como anfitriona sin estar presente. “Vaciamos un armario para que puedan dejar sus cosas, les dejamos sábanas limpias y toallas encima de la cama. También instrucciones en inglés, para que sepan cómo funcionan algunos electrodomésticos, y alguna guía de la ciudad”, describe el productor. Esa misma confianza prestada a los visitantes es la que se han encontrado ellos cuando han viajado. “En todas las casas a las que hemos ido nos esperaba un regalo: una botella de vino, unas galletas...”.

La comunicación previa antes de realizar el cambio es importante. ¿Dónde se dejan las llaves? “En una ocasión nos las dejaron dentro de unas botas, que estaban en un arcón fuera de la casa. En otra nos intercambiamos las llaves cuando nosotros llegamos al destino, antes de que ellos partiesen hacia aquí”. Todo es cuestión de llegar a un acuerdo. “Suele ser gente fácil de tratar, flexible”, considera Yolanda sobre las personas que están dadas de alta en la página web. “Hay muchos jubilados europeos, con tiempo para viajar y hacer estancias largas. El tipo de perfil de gente que participa tiene una forma concreta de ver la vida, con un nivel cultural alto”, opina la hostelera, añadiendo que el respeto mutuo es uno de los pilares del trueque: “Curioseas las estanterías, pero no abres los armarios”.

Destinos variados

“El primer intercambio lo hicimos en Chamonix, en los Alpes franceses, casi en Suiza, un sitio muy turístico por el esquí. Fue en verano y el trueque lo realizamos con un matrimonio, que vive en una granja en Escocia, pero tienen esa casa en Chamonix”. El intercambio fue simultáneo; es decir, mientras la familia bilbaina disfrutaba de unos días de asueto en los Alpes los escoceses ocuparon su casa en la villa vizcaina. De ahí bajaron a Roma en coche, enlazando otro intercambio. “En Roma hicimos vida de barrio, fuimos en agosto y nos quedamos en Monteverde”, explican.

El año pasado, por estas fechas visitaron Estambul, donde se alojaron en “un apartamento pequeño con vistas al Bósforo” y en verano en Nantes, “una ciudad preciosa”. De ahí quisieron ir hacia Niza o Marsella, pero no encontraron ningún intercambio porque son zonas muy turísticas en verano. También se frustró una negociación de intercambio con el dueño de una casa flotante en Amsterdam, ya que “ellos querían una estancia de tres semanas y, finalmente, no llegamos a un acuerdo”, cuenta Juanma. “Lo ideal es que el intercambio sea simultáneo. Con el turco ocurrió que fuimos en Semana Santa y el vino en diciembre, por lo que tuvimos que desplazarnos a casa de un amigo de Bilbao”.

Sin embargo, el hecho de que los trueques no estén sincronizados puede ser beneficioso en otros aspectos: Tan buenos fueron su estancia y su anfitrión en la capital italiana, que aún mantienen el trato con Andrea, el hombre que les prestó su casa. “Mientras estuvimos ahí él se fue a casa de su padre, así que nos pudimos conocer. Tiene un hijo de la edad de Imanol, Maximo, que vino aquí para hacer unos cursos de castellano en unas colonias. Cuando Andrea vino a recogerlo aprovecharon para pasar unos días en nuestra casa”, relata Yolanda. También mantienen trato con la familia de Nantes, quienes les llamaron recientemente para pedir algunas referencias de Bilbao para unos amigos, o con el matrimonio escocés, a quienes felicitaron la Navidad.

“Esta Semana Santa nos íbamos a ir a Berlín, pero el dueño de la casa nos avisó la semana pasada diciendo que le había salido un trabajo y no iba a poder”, confiesan, aunque sin demasiado abatimiento. Ahora es cuando empiezan a llover las solicitudes de cara a al próximo verano: Estados Unidos (Los Ángeles, San Francisco...), Francia, Holanda... o incluso Kenia son algunos de los países desde donde la familia bilbaina recibe ofertas. “Un año estuvimos a punto de ir a Canadá, pero necesitábamos por lo menos 20 días y el billete nos salía por 1.500 euros por cabeza. Está muy lejos y es caro viajar hasta ahí. Se necesita mucho tiempo para hacer un viaje de ese tipo, no te vas para una semana”, considera el matrimonio, que este año volverá a repetir experiencia aunque aún no tienen destino decidido. Todo dependerá de las propuestas que reciban.

Entre treinta y cuarenta ofertas

“Nos pueden llegar treinta o cuarenta ofertas, eso significa que hay mucha gente que quiere venir a Bilbao; es un lugar solicitado”, indica Yolanda que, como hostelera, está acostumbrada a tomar el pulso al turismo que recibe la ciudad. “Los europeos se organizan con mucha antelación, nos llegan ofertas incluso para 2016. Nos organizamos más sobre la marcha, estudiamos las solicitudes que nos llegan y si nos coinciden las fechas aceptamos”.

Por el momento, la familia está encantada con esta nueva forma de economía colaborativa. “Entiendo que a los hoteles no les haga mucha gracia”, considera Yolanda, aunque enseguida le rebate Juanma: “Ya, bueno, están mosqueados porque se les hace competencia, pero nuestra casa es privada”. El tipo de experiencia que se ofrece es diferente, consideran: “No es como un hotel; compras tu comida y la cocinas en una casa, aunque estés en el extranjero haces vida de barrio y te involucras más. Por no mencionar que el alojamiento te sale gratis”.