Bilbao - Los coches facilitan la vida a los conductores, pero también son un arma mortal que hay que utilizar con la mayor precaución. Lo dicen siempre los anuncios: un segundo basta para cambiar la vida. Para Laura Ibáñez, una joven leioarra de 28 años, fue menos de un segundo. Sin darse cuenta, un Audi se la llevó por delante cuando ambos coches circulaban por la A-8. Como consecuencia del impacto, su coche se empotró contra la mediana y comenzó a arder bloqueando las puertas del vehículo con Laura en su interior.

8 de diciembre de 2013. Una fecha para no olvidar.

-No. Aún lo pienso y tiemblo.

¿Qué pasó?

-Lo recuerdo como si fuese ayer. Eran las ocho de la tarde y yo ya me iba para casa. Estábamos en la A-8, iba a coger la salida de Sagrado Corazón (en plenas obras de los accesos nuevos) cuando vi que un coche perdía el control y nos llevó a otros dos por delante. Mi coche impactó contra la mediana y comenzó a arder bloqueándose las puertas. Fue una pesadilla.

¿Se reacciona con rapidez en esas circunstancias?

-No hay tiempo ni para pensar. La mente se cierra, sientes ansiedad, vértigo, miedo... yo solo pensaba en el dolor que sentía en mi cuerpo; me dolía la pierna, el pie, la cabeza y no podía parar de llorar. Y a pesar de mi esfuerzo por salir, las puertas seguían sin abrirse. Los segundos se hacen horas. Nunca he pasado tanto miedo.

¿Cómo consiguió salir?

-Un matrimonio paró su coche y el hombre hizo palanca a la puerta. Él consiguió sacarme, y una vez fuera su mujer no paraba de abrazarme.

Fueron sus ángeles de la guarda.

-Sin duda. En el momento casi no te das cuenta, tu mente está bloqueada, la vista se nubla e intentas digerir todo lo que te está pasando, despertar. Pero en el hospital y tras mi rehabilitación me he acordado mucho de ellos.

¿Qué secuelas le quedaron?

-Se me rompieron tres dedos del pie, la pierna me quedó dañada, también estuve en rehabilitación del brazo y la cara se me quedó muy hinchada. De hecho, no podía abrir uno de los ojos. Pero lo peor fue el daño psicológico. No podía entrar en un coche.

¿Cogió miedo a conducir?

-Muchísimo.

¿E ir de copiloto?

-También me costaba. Cuando entraba en un coche me ponía a sudar.

Pero ahora has superado su fobia y vuelve a conducir.

-Sí. Estuve seis o siete meses sin poder entrar. Me ponía a llorar. Pero después empecé poco a poco, recorriendo unos metros... Al final lo conseguí.

¿Y todo ha vuelto a la normalidad?

-No. Eso nunca.