ERAN muchos y muy principales, como se decía antaño. Les hablo del torneo de golf Riozuri que, año tras año, invoca a un numeroso grupo de empresarios, clientes y amigos, a un día de golf, un deporte que se ha convertido en punto de encuentro y deporte de desahogo. Golpear, ese verbo tan mal visto en una civilización cada día más bienqueda, más pisaverde y menos salvaje, cobra todo su esplendor cuando entran en juego un palo de golf y esa pelota con forma de luna llena, con sus cráteres incluidos. De un tiempo a hoy, convocar a alguien a un torneo de golf se ha convertido en lo que antes suponía convocarle a una partida de mus tras una buena comida: un placer irresistible.
Es por eso que tienen éxito, un gran poder de convocatoria. Por eso y porque la inmensa mayoría de los asistentes ayer al XI Torneo Riozuri darían qué sé yo, su reino, no por un caballo como en el clásico sino por un hoyo en uno, lo más de lo más. La cita a la que invocaron Luis Ángel y Rafa del Río tuvo lugar en el club Ganguren Golf, donde decenas de clientes, amigos y empresarios se saludaron y confraternizaron antes y después de saltar el green. Durante el juego, pese al buen ambiente reinante y las lógicas limitaciones del handicap de cada cual, no había amigos. Se juega al glof para hacer algo de ejercicio, para hacer amigos, para hacer negocios o para entrar en contacto con la naturaleza, no lo dudo. Pero a mí que no me engañen: también se juega al golf para ganar, digan lo que digan los que pierden.
materia prima del siglo XXI Riozuri es una vanguardista empresa de ofimática que trabaja con materia prima del siglo XXI, la alta tecnología. Y en ese mundo tan tecnificado han abierto un túnel del tiempo para salir de las mesas y los despachos, de las arrogantes salas de juntas. Ayer, insisto, lo hicieron un buen grupo de amigos. Se fueron satisfechos del todo Javier Urgoiti y Alberto Ruiz, la pareja triunfadora con 50 puntos bajo el brazo. Les pisaron los talones la pareja formada por Álvaro Videgain y Javier Tejero y la compuesta por Josetxu García Molina y Jesús Mari Loitegi, ambos con un gran 47. Y tras ellos, todos los demás, jugasen o no. Entre todos se encontaban el consejero delegado de Tubacex, Jesús Esmoris,; el presidente de la plaza de toros de Vista Alegre, Matías González, Joseba Maruri, en nombre de la Laboral Kutxa; el viejo león Carlos García, Juanma Díaz, del Mugi, que acudió con aires de samurai para desenvainar el cuchillo de cortar jamones; Eduardo Vallejo, Jesús Dalmau, Jorge Barturen, Mario Múgica, Francisco Patiña, José Gondra y Enrique González, de Basterra, Jabotxa Rodríguez en nombre de Rue del Percebe, Leopoldo Sánchez Gil, los notarios Juan Benguria, José Ignacio Garriga y Juan Ignacio Bustamante; Juanma Arsuaga, un hombre de luces como Toribio Martín. Javier Arrieta. Luis Saitua, Pedro Ricot, Juanjo Díaz e Iñigo Blanco entre otros.