Galdakao
Álvaro Saiz ha vivido los últimos meses la aventura de su vida. El viernes regresó a Galdakao tras pasar tres meses viajando desde Bizkaia hasta Mongolia a bordo de una ambulancia bautizada como Curvitas y el fotógrafo Andrés de la Cuesta. Durante su periplo, el voluntario de la DYA ha vivido prácticamente de todo. Según cuenta, ha pasado frío, hambre y hasta miedo tras la detención de su compañero en Uzbekistán al ser confundido con un terrorista: "Le vieron con barbas y sacando fotos en una estación de tren y le apresaron. Lo que se puede contar es que anduvo en tres calabozos hasta que las autoridades resolvieron el problema expulsándonos del país", narró ayer en su regreso al municipio. Además, durante el trayecto sufrieron tres accidentes, una salida de calzada... Tan duro resultó el recorrido que de los 45 equipos participantes en el rally solidario del que formaba parte la aventura de Curvitas, solo llegaron a partir 25, de los cuales alcanzaron meta 17.
No obstante, calamidades a parte, Álvaro no ha hecho más que llegar y ya piensa en marcharse otra vez. Lo hará dentro de cuatro meses ya que el proyecto solidario que tenía entre manos se ha extendido hasta límites que nunca había llegado ni a soñar.
Para empezar, y a pesar de que la ambulancia se averió a 2.500 kilómetros de la meta, el vehículo consiguió llegar a su destino gracias a la ayuda de los numerosos bienhechores que se encontraron por el camino. Allí, los juguetes que se amontonaban en su interior donados por los galdakaotarras y los 4.000 euros donados por el Ayuntamiento para el viaje hicieron felices a decenas de niños que no suelen recibir la visita de Olentzero. Además, la organización del rally pudo hacerse cargo de la ambulancia, repararla y conseguir que sea útil para la sanidad del país.
No contento con ello, el voluntario de la DYA, ayudado por los medios locales que difundieron sus aventuras por el camino, logró ponerse en contacto con las autoridades mongolas para colaborar con la ONG durangarra La otra mirada y su proyecto de construcción de hogares para los niños desfavorecidos.
Concretamente, el Gobierno del país se comprometió a ceder gratis 2.000 metros cuadrados en los que se colocarán módulos prefabricados para acoger a las familias más pobres en lo que será un proyecto "de unos cuatro años".
Sobre el terreno En su llegada a la capital Ulan Bator, Álvaro se topó con la realidad de una anciana de casi 80 años que cuidaba de siete huérfanos. El mayor de ellos, de 20 años, trabajaba en una mina cercana para ganar dinero. Todos vivían en una tienda típica llamada yurt en la que "durante el día se está calentito pero cuando la hoguera se apaga el frío te mata. Y allí hace frío, ahora entre 30 y 40 grados bajo cero", reconoce Álvaro.
Es a ellos a quien Álvaro quiso ayudar desde el principio. Entre los más pequeños, llegaron a su corazón dos niñas de cuatro años. Una de ellas, se rompió las piernas cuando era muy pequeña y, al no ir al médico, se le han soldado mal. La otra, que no puede levantar los brazos sin ayuda por algún problema relacionado con la espina bífida. "Cuando nos encontramos aquello fuimos directamente a un hospital y nos llevamos a un médico. Pensamos que si habíamos sido capaces de recorrer 2.500 kilómetros a rastras por Siberia, Kazajistán, etc. también podíamos hacer aquello", recuerda el voluntario. Tras esta visita médica, las autoridades del país también se comprometieron a llevar a las niñas a rehabilitación.
Esta atípica familia, aunque aseguraba que no necesitaba nada, recibió un frigorífico, así como ropa de abrigo y otros enseres para soportar el invierno. Por su parte, el mayor, el que trabajaba en la mina, podrá dejarlo para recuperar sus estudios en la universidad.
Para ayudar con el proyecto, además de las nuevas iniciativas, campañas y rifas que llevará a cabo seguramente Álvaro en Galdakao como antes de su partida, los interesados pueden acceder a la página web de la asociación La otra mirada a través de la que donar fondos o enterarse de dónde pondrán su puesto habitual de venta de productos artesanos elaborados con minerales obtenidos de la mina por ellos mismos.