Doña, tenemos que preparar un viaje importante, el lehendakari regresa a Euskadi, me dijo Iñaki Anasagasti en la oficina de EAJ/PNV de Marqués del Puerto. ¿Cómo? -le contesté-. Sí, Leizaola vuelve. Estoy viendo la escena. No me lo podía creer: el lehendakari en Euskadi.
Aunque personalmente le conocía de un par de veces, tenía la suerte de haber tratado mucho con su familia. Su cuñada María Jesús Escubi era muy amiga de mi madre y mi tía Miren; Mertxe Viguera y yo manteníamos, también, una gran relación con sus sobrinos, por lo que sabía de su vida, sus gustos y costumbres. Yo iba a tener la suerte de trabajar para que su regreso fuera lo más triunfal posible.
Manos a la obra. Alquilar medio de transporte, avión, envío de invitaciones a los medios de comunicación que nos quisieran acompañar, reparto de identificaciones, etc... Todo bajo el mando de Iñaki Anasagasti.
Recuerdo con qué ilusión trabajamos para que todo saliera perfecto.
Por fin llegó el día. A las 7 de la mañana estábamos en el aeropuerto de Sondika los que íbamos de Bilbao, seguido a Madrid a recoger más periodistas, y luego a París.
El viaje fue estupendo, todos parecíamos hermanos, amigos que habíamos trabajado contra el franquismo y por la consecución de la democracia. ¡Qué gozada! ¡Qué alegría en aquel avión sabiendo que íbamos a vivir un momento histórico!
Cuando vi al lehendakari en el aeropuerto Charles De Gaulle, sereno, tranquilo, sonriente y amable, con su sombrero, me produjo una ternura indescriptible. Parecía que el viaje no iba con él. Estaba acompañado de dos hijas que estaban más nerviosas que él.
Por fin llegó el momento de embarcar para el regreso a Bilbao. Las medidas de seguridad para entrar en el avión fueron severísimas. ¡Qué frío en aquella escalerilla! Pero un frío que no me importó porque sabía que llegaba el momento por el que habíamos trabajado con tanta ilusión.
El viaje de regreso también fue simpático y alegre. La compañía Aviaco se portó fantásticamente y tuvimos todo tipo de atenciones. Nos sirvieron sandwiches, canapés, bebidas... Estupendo. El lehendakari respondía a los periodistas con tranquilidad y todo transcurría según lo previsto. Al de un rato de navegación nos ofrecieron una copa de champán. "Esperen"-nos dijo amablemente la azafata-. "Qué raro", pensé, y al de unos momentos, cuando todos los pasajeros teníamos nuestras copa clin clan, clin clan oímos por los altavoces: "Lehendakari Euskadin zagos, ongi etorri".
En ese momento, el más emocionante que he vivido en mi vida, no pude reprimir unas lágrimas. Lloré de emoción, de alegría, de tristeza, sentí algo que no puedo describir. Recordé a mi padre, a los gudaris, a todos los que trabajaron por Euskadi y no pudieron vivir ese momento ni las alegrías que nos esperaban. El lehendakari se puso de pie y todos brindamos por y con él.
Al llegar al aeropuerto de Sondika tuve que bajar de los primeros. Había mucha gente con ikurriñas, y una emoción en sus rostros inenarrable.
Cuando el lehendakari se asomó a la escalerilla del avión aquel gentío no pudo contenerse: cantaban, lloraban, agitaban sus ikurriñas, fue una escena fantástica, inolvidable, pero siempre con el recuerdo de los ausentes.
De Sondika a San Mamés, pero esa es otra historia
Lehendakari Leizaola eskerrik asko Euskadiren alde egin dozulako.
Beti egongo zara gure memorian.