COMO buen atleta que fue, el doctor Rafael García Peñafiel no levantó los brazos de la victoria hasta no cruzar la meta y lo hizo en loor de multitudes en el homenaje que promovieron sus compañeros y amigos del centro de salud de Markonzaga donde durante muchos años ha atendido a sus vecinos de Sestao hasta su jubilación. "En estos últimos años he estado atendiendo a los nietos de los pacientes con los que empecé a ejercer en Sestao", resume el doctor Peñafiel como se le conoce popularmente en la localidad fabril.
Una carrera de fondo como la maratón a la que ha dedicado cerca de 44 años de profesión y bonhomía como reconocen sus compañeros de fatigas. "Trabajar con él ha sido un verdadero placer porque es un gran compañero, que trata a la gente de tu a tu, que se implica de verdad en las historias de sus pacientes, tal como nos dicen algunos y a otros les oímos en los pasillos. Es un hombre alegre y bromista pero sobre todo un hombre humilde característica de los grandes hombres", destacaba Maite Ortega en nombre de sus compañeros del centro de salud sestaoarra.
"Se lo han inventado todo", respondía con indisimulada emoción este buen hombre nacido en Bilbao "aunque solo es un detalle porque con pocas horas de vida ya me trajeron a Sestao al que considero realmente mi pueblo, el mejor del mundo", concreta.
Estudiante del Patronato, y fiel seguidor del Kaiku desde muy joven, su capacidad atlética le llevó por los derroteros del atletismo que le proporcionarían gloria y triunfos en su época universitaria. "La verdad es que corría bien y prueba de ello es que llegué a ganar los campeonatos de Europa en 100 y 200 metros lisos y en el relevo de 4x100 metros, pero claro en aquella época no se podía vivir del atletismo. Ya tenía novia y decidí centrarme en mis estudios de medicina".
No obstante, su buena condición deportiva le valió no solo para ir como invitado a los juegos Olímpicos de Roma, donde pudo ver la llegada del maratón, si no para conseguir una beca en la prestigiosa Residencia Blume.
Un detalle que puso de manifiesto su amigo y compañero de fatigas estudiantiles, Carlos María Ruiz Cortadi, quien recordaba que estando estudiando "tuve la suerte de acompañarte en tu primer cólico nefrítico en el Hospital de Iralabarri, aunque antes te acompañé al Examen de Preuniversitario en Valladolid, donde te dimos las medicinas correspondientes para bajarte la fiebre", recuerda.
Vocacional El doctor Peñafiel pertenece a esa estirpe de médicos entregados en cuerpo y alma a su profesión, lo que no pocas veces hace necesario el sacrificio de los más cercanos que aceptan resignados que muchas veces dediques más tiempo a persona extrañas que a su círculo familiar.
"Me lo han dicho muchas veces y es cierto. Por eso ahora que me he jubilado y que voy a tener algo más de tiempo quiero compensarles por esa falta de atención", apunta este hombre casado con Itziar Meléndez con la que ha tenido dos hijas y dos hijos, Amaia, Idoia, Aitor y Javier. "Dos de ellos son también médicos y los otros dos son abogados", resalta orgulloso de su prole este médico que se inició en sus estudios de medicina en primero desde la Residencia Blume de Madrid y luego en la Universidad de Salamanca donde se licenció.
Una titulación que al doctor Peñafiel le abría las puertas para volver a su pueblo, Sestao, aunque ello no fue nada fácil.
Tal como recordó su amigo Ruiz Cortadi, "para ser médico en Sestao y que se le concediera la merecida plaza, Peñafiel, como un buen hombre, luchó ante el delegado Provincial de Sanidad, -porque entonces a Sestao los médicos venían de paso- y tú eras de Sestao. Te dijeron que casi seguro que acabarías tus días subiendo cuestas y escaleras en nuestro municipio. Aquel buen hombre tuvo razón, le hicieron caso y Rafael ha estado 42 años ejerciendo aquí de médico",
El doctor Peñafiel se inició en los Servicios de Urgencia de la época que se encontraban muy cerca de donde residía, por eso podía atender de manera rápida cualquier aviso. De aquella época, el doctor Peñafiel guarda una curiosa anécdota: "Era un domingo y al ir al dispensario había quedado un aviso sin atender del anterior turno y me preguntaron que si podía hacerlo. Les dije que sí y con el chófer, que ya había acabado su turno, nos fuimos a Santurtzi, al grupo Vicente Durañona. Era un quinto piso sin ascensor. Total que llego al domicilio y me hacen pasar a la sala", relata emocionado y prosigue. "Pregunto a la señora y me dice, señalando a la televisión, que no se ve. Sorprendido, le pregunto: ¿qué le pasa señor? Y la mujer, vuelve a apuntarme la televisión y me dice que enciende la televisión y solo se ven rayas y nieve", recuerda riéndose. Pero todo no acaba ahí. "Señora, que yo soy el médico, le digo. Y la mujer me dice que ha llamado al servicio de urgencias y que ahí lo arreglan todo".
Son anécdotas que han ido creciendo con el tiempo que el doctor Peñafiel ha ejercicio la medicina general. Una práctica en la que era, amén de personal sanitario, confesor, arreglador de entuertos familiares, paño de lágrimas de muchos o asesor de familia. "Ahora se abusa mucho de la técnica. La técnica está bien porque los adelantos sirven para mejorar la atención sanitaria, pero antes de usar la técnica hay que usar la psicología, saber escuchar a la paciente, tratar de ponerse en su lugar", receta este doctor que ha sido reconocido por su profesionalidad, su buen ojo clínico, rápido y seguro, y su maratoniana constancia.