Palabra de vizcaino
Karlos Goitia desvela en sus novelas el carácter de las gentes de Bizkaia en el XVI
Bakio
Como cada día, Karlos Goitia (Tampa-Florida, 1974) fue a por un café de máquina al área de descanso de la empresa donde trabaja en Asua. Allí se encontró con dos colegas que parecían conversar sobre la película que habían visto el día anterior, pero no: estaban hablando sobre su libro, La ira de los hombres buenos. Tras la publicación en 2009 de Bermeo, la tierra contra el mar, una novela que aúna leyendas y hechos históricos del siglo XVI con el enfrentamiento intergeneracional de dos familias vascas, la nueva novela pone el broche final a esta historia en la que el autor expresa sentimientos y muestra "comportamientos universales" a través de personajes ficticios. Goitia incide en el carácter que definía a los vizcainos de aquella época, en la que la palabra dada era sagrada, "pues poco más se podía ofrecer entonces, además de la palabra", apunta. "Decir que eras vizcaino era sinónimo de persona trabajadora, noble y honesta", sostiene. Perfil al que responde su abuelo Carlos, a quien homenajea en su nueva novela. "De carácter serio y bondadoso, era muy respetado por todos en el pueblo". Aunque eso sí: "La que mandaba era amuma María", admite risueño.
Goitia ensalza el papel de la mujer como "la viva referencia de la fortaleza en la familia", pues se quedaban al frente de las cargas familiares y de las deudas, mientras el marido se veía obligado a emigrar o a hacerse a la mar a la captura de ballenas, principal -y peligroso-, medio de vida de la época. Bermeo, Bakio o Mungia son algunos de los escenarios donde se desarrolla la trama novelesca. El hilo conductor de ambos libros es un misterioso narrador que se gana la vida contando cuentos, lo que permitió a Goitia "no ser estrictamente fiel a la realidad". Pese a estas licencias, el autor también quiere recordar algunos de los hechos históricos más destacables acaecidos en territorio vasco, como las batallas libradas en San Juan de Gaztelugatxe. "Tendemos a valorar más la historia de fuera, cuando aquí se han vivido historias realmente sorprendentes", señala.
Hijo de padre vasco y madre gallega, Goitia se crió con sus abuelos en Gamiz-Fika. Tras residir en Bermeo, donde escribió y situó su primera novela, desde hace seis años vive "muy a gusto" en Bakio junto a su mujer Irama y sus hijas Paula y Teresa. "Muchos me preguntan si Bakio será el escenario de mi próxima obra", comenta. La buena acogida de su primera novela le animó a escribir una segunda en su tiempo libre. "Pido disculpas a mi familia por los ratos de ocio que les he robado para sumergirme en esta historia", recalca. La inspiración, empero, no entiende de horarios ni de turnos de trabajo. "Para escribir, necesito sentir algo especial, sea un sentimiento de alegría o de enfado", revela.
de la mente al papel
Emocionar al lector
Goitia elude la etiqueta de escritor y se define como "una persona con necesidad de contar historias y que disfruta expresando sentimientos", indica. Hace poco pudo comprobar cómo una persona leía su libro mientras viajaba en metro. "Estuve a punto de acercarme y decirle que era el autor, pero al final me dio pudor", confiesa. Con todo, las mejores -y peores-, críticas vienen siempre de la mano de amistades y familiares. "Un amigo me confesó que tras leer un episodio tuvo que irse al baño a llorar porque le daba vergüenza que le viera su pareja", desvela. "Creo que es maravilloso poder transmitir emociones a través de la palabra", añade.