La grandeza de un pequeño sueño
Y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son". Valga esta estela de los versos de Calderón de la Barca como epílogo de la hermosa y arriesgada aventura en la que desde ayer se embarca Aingeru Etxebarria, un cocinero de extrema sensibilidad que acaba de inaugurar La Bilbaina, casi en la desembocadura de la calle Pozas (en Bilbao se nombre así: en plural y sin título de licenciado...) en la calle Concha, que en Bilbao también se nombra así, sin rango de general.
El local no tiene una escala XXL pero contiene, insisto, la grandeza de los pequeños sueños, eso que alimentan nuestro caminar diario. Aingeru ha pasado por muchas cocinas y se lanza ahora a la aventura de trabajar en solitario, como un lobo en invierno, un francotirador en Sarajevo, un pescador de caña encaramado en los acantilados o un buscador de oro, qué se yo. Asegura que ha heredado el amor por la cocina de su amatxu. Pero no basta con ese cariño incondicional. "Hacen falta técnica, cocciones exactas y buena mano", asegura a las puertas de un local con mesas para dieciséis y una barra que levanta la boina. Testigos de lo que les cuento fueron Marino Lejarreta, Virginia Berasategui, Björn Glasner, Jesús Sebastián, Isidro Elezgarai, los hermanos Enrique y Alfredo Thate, la maestra del ikebana, Arantza Ruiz, Álex Candina, María Loizaga, Elena Barcia, Antonio Pérez, los fotógrafos Oskar Martínez y Xabier Balledor, Thomas Rawn, Rosa Omeñaka, Mercedes Prado, Ricardo Martín Ariño, Miguel Ángel Pereda, Ángela Sanz, Ana Arias, Irene García Macua, Javier González, Miguel Idigoras, Izaskun Bengoa, el viejo león Dani, Javier Muguruza, la buena gente de Mer Costa Vasca y un sinfín de amigos de Aingeru que se acercaron a darle ánimos y a soplar el primer viento que le impulse en esta nueva singladura, emprendida en tiempos de mar revuelta pero con el mismo corazón que ha llevado a los vascos a la conquistas de aguas bravas.