eN sus manos, si se miran al microscopio, pueden observarse restos de goma arábiga o de miel, pigmentos aglutinados a los que a veces se les añade una carga de talco industrial o blanco de zinc. Son las huellas de una pasión que rara vez se convierte en oficio -es difícil, muy difícil, vivir de ello- pero que, sin embargo, no decrece un ápice. Es ese mismo entusiasmo, esa fogosidad por crear, la que mantiene, firmes al viento, las velas de la Agrupación de Acuarelistas Vascos que preside Julio Gómez, Gomena. La agrupación celebra, en este que se despide, sus sesenta y cinco años de vida. No se alcanza semejante edad solo con fuerza de voluntad, así que habrá que convenir en que se encuentran bien nutridos. Acaba de demostrarlo de nuevo con la XV exposición colectiva de pequeño formato que organizan, siempre al filo de las fechas navideñas, en Akros Gallery, donde Gerardo Fontanés y Marisa Zurdo ejercen una impagable labor. "El arte es un regalo", proclaman a los cuatro vientos a modo y manera de eslogan.
A la cita con esta tradición llegaron el propio Gomena, Rosa Arza, Juan Antonio Uriarte, Encarna Olea, Henar Soria, Isabel Delgado, Merche González, Spilus, el coleccionista Alberto Ipiña, Mari luz Muñoz, Ramón Martín, Arantza Sáez de la Fuente, María Ángeles Ruiz de Gopegui, Elena Rego, Aitor Rentería, Ana Liconet, Idoia Lasagabaster, María Eugenia Luzarraga, y un largo etcétera de hombres y mujeres que recuerdan, en su tenaz empeño, al rayo que no cesa.
Fue, como comprenderán, un meteisaca, dicho sea sin segundas, de artistas e invitados que iban y venían por los corredores de la galería. De ese vaivén participaron María Ángeles Murguia, Manuel Rodríguez, Antón Menchaca, Enrique López, Elosu, María José Norato, Aurora Tamayo, Ana Sánchez, Luis Fernnado Santamaría, Belén Álvarez, Izaskun y Esther Galarza, Paz Espada, Ana Duñabeitia, Gloria Cortina, heredera del apellido del gran Evencio, Carmen Fica, Roberto Landeta, Juan Carlos Lang, Antón Hurtado, Elena Insausti, Maite Jambrina, Pepa Carazo, Luis Caballero, Víctor Buruaga, Rosa María Arrue, Naty Alonso y una larga cuerda de nombres propios que resucitan sus horas muertas con un pincel en la mano y la imaginación pajareando sobre sus cabezas. Para todos ellos, para todos los que no doblan la rodilla jamás, noticias como esta traen aliento consigo.