Sestao

Si pudiera, me marcharía corriendo de aquí. Tengo miedo de que un día el edificio se derrumbe o haya un incendio y no podamos escapar, pero mi situación económica no me permite comprar otra vivienda. Con cuatro hijos y una hipoteca es muy complicado mudarse a otro piso". Ramón sueña con un piso digno. Reside en un inmueble centenario situado en la zona baja de Sestao que se encuentra en un estado "deplorable". Como él, numerosas familias del entorno llevan "años escuchando promesas" de regeneración para el barrio, pero el tiempo pasa, la degradación avanza cada día más y los proyectos de rehabilitación "siguen sin llegar", lamenta.

Ramón reside con su mujer Noemí y su prole de retoños en el portal 55 de la calle Txabarri, uno de los que se encuentra en peor estado de conservación. Sestao Berri ha elaborado un informe sobre las obras que necesitan 25 inmuebles de la zona baja que se encuentran incluidos dentro del área de rehabilitación integral de Txabarri-El Sol y el suyo es uno de los tres que requieren una reedificación. Es decir, demolerlo para volverlo a levantar.

Su pésima situación se constata nada más entrar al portal y comprobar que la escalera, que es de madera, está completamente torcida; que hay grietas en la pared, o que el pasamanos está unido con cinta aislante. Aunque el detalle que llama más la atención es la solución que ha adoptado esta familia para tapar los huecos que quedan en la barandilla debido a la falta de barras de seguridad. "Hemos tenido que unir cinta porque tengo miedo de que el niño pequeño se caiga al vacío", relata.

La desalentadora imagen se repite dentro de los pisos. Hay humedades en las paredes "donde han crecido champiñones", rajas de más de medio metro de longitud y los marcos de algunas puertas están descuadrados. Ramón explica que la mayor parte de los problemas provienen del derribo del bloque colindante. "Había una viga maestra que unía los dos edificios, la cortaron con una motosierra. Aquel día se escuchó un fuerte ruido y desde entonces todo se ha ido a la mierda", comenta con dureza.

Asegura que la comunidad carece de los recursos económicos necesarios para acometer las obras de reforma necesarias para modernizar el inmueble. El único clavo ardiendo al que se agarra para salir de esta situación, al igual que muchos otros vecinos de su comunidad, es que los planes de regeneración se pongan de una vez en marcha y la inyección económica de las instituciones se hagan realidad.

Pero la sociedad pública Sestao Berri ha presentado esta semana el primer proyecto que acometerá y su bloque está excluido. "Qué vergüenza, con el montón de tiempo que llevamos esperando", se queja con amargura.

Unos metros más adelante, en Txabarri 35, el panorama es igual de deprimente. La puerta del portal no existe, la caja de los contadores eléctricos parece que ha sido forzada y amenaza con caerse al suelo y hay una maraña de cables por la pared. La luz de la escalera no funciona en ningún piso, de modo que los vecinos "tenemos que usar mecheros -la estructura es de madera- o la pantalla del móvil para alumbrarnos hasta casa", explica María Victoria Jiménez, una de las inquilinas.

Algunos peldaños están hundidos y los papeles y bolsas que hay desperdigados por el suelo revelan una importante falta de limpieza. Las ventanas que miran hacia el patio interior están rotas en el primer y segundo rellano. Los vecinos aseguran preocupados que algunas personas aprovechan la clandestinidad de este portal "para entrar a fumar" y mantener relaciones sexuales. Un trasiego que trae de cabeza a Jiménez. Teme que cualquier noche "algún loco entre con una garrafa de gasolina aprovechando que no hay puerta y prenda fuego a todo", por eso reclama a las instituciones "ayuda para arreglar" el bloque y ponerlo en condiciones.

Un par de calles más arriba, en Los Baños 51, Enrique lamenta también las condiciones tan precarias en las que se encuentra el bloque. Sin puerta en el portal y con unas enormes humedades en el interior, mueve la cabeza de un lado al otro realizando un gesto de negación al ser preguntado por el proceso de rehabilitación. "Aquí es imposible porque no hay dinero. El inmueble necesita obra ya pero sólo pagamos cuatro la comunidad, así que, o nos echan una mano, o seguiremos así hasta que un día esto se venga abajo", comenta este vecino. De momento, le tocará seguir poniendo cubos de agua para recoger el agua de las goteras por más tiempo.

La sociedad pública Sestao Berri, constituida al cincuenta por ciento por el Ayuntamiento y el Gobierno vasco, y cuya misión principal es abanderar la regeneración social y urbanística de la zona baja de Sestao, ha presentado esta semana un proyecto piloto para empezar a rehabilitar los primeros bloques de viviendas. Y la propuesta sólo beneficiará a los números 25, 27, 29 y 31 de la calle Txabarri, lo que significa que un buen número de comunidades tendrán que esperar un tiempo, todavía inconcreto, a que les llegue su torno.

Según explicó el alcalde, José Luis Marcos Merino, la operación tiene una gran complejidad, ya que se deben cerrar acuerdos con los vecinos y los bancos. Las 24 familias afectadas tendrán que abandonar sus viviendas durante los trabajos, que comenzarán en 2011.

Aunque supone un avance, el PNV considera que la zona baja de la localidad no puede esperar más tiempo, por ello en las últimas semanas ha planteado la necesidad de que la intervención urbanística sea más ambiciosa. La formación nacionalista ha defendido que el Gobierno vasco adelante el dinero necesario para acometer las obras de reforma que, en mayor o menor grado, requieren las 25 construcciones que Sestao Berri ha incluido dentro del área de rehabilitación integral de Txabarri- El Sol.

Pero el PSE se ha mostrado crítico con el PNV, hasta el punto de negar que sean tantos los inmuebles que necesitan mejoras. Incluso presentaron una enmienda a la moción que los jeltzales presentaron al pleno pidiendo un mayor compromiso al Gobierno vasco. En concreto, solicita al Ejecutivo que todas las anualidades incluya en su presupuesto una partida para continuar con la regeneración. La propuesta salió adelante por unanimidad, aunque los nacionalistas se muestran preocupados por el tiempo que puede prolongarse el proceso, teniendo en cuenta que la experiencia piloto va a durar tres años. Los vecinos, ajenos a este rifirrafe, piden que las promesas de regeneración no se demoren más tiempo.