Entre los puestos más originales se ha encontrado el de Janey Ogilvie, de Edimburgo. Apasionada de las antigüedades, ha defendido un ingenioso espacio de objetos vintage en el que han relucido una antigua maleta de un tripulante de cabina de Iberia, una cámara cinematográfica restaurada o decenas de lámparas, muchas de ellas artesanales, pensadas no solo para iluminar, sino para aportar un aura artística al hogar.

“He montado el puesto a las 10. Me gustaría que el mercadillo durase todo el día, pero acaba a las 15”, ha lamentado. La mañana ha sido frenética para Janey Ogilvie y se ha mostrado gratamente sorprendida por la acogida. En mitad de la conversación, un cliente no ha dudado en llevarse una gorra original con estampado de una serie juvenil. “¿Aquí se regatea?”, ha bromeado.

Circuito artístico

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La artista es una habitual en los mercados de la zona y este domingo estará en Zorrotzaurre. “Bilbao cuenta con un circuito creativo muy interesante, no hay que descuidarlo”, ha apuntado, junto a ingeniosos objetos como un elegante hornillo de los años 60 reconvertido en lámpara.

El intermitente paso de la música ha animado el entorno y, al ritmo del ya disuelto grupo Huntza, una alegre cuadrilla ha descendido la calle mientras la trikitixa y el pandero han hecho la magia. “Somos de la escuela de música Lur Soinuak e intentamos apoyar siempre que podemos al barrio”, ha señalado Goiuri Ulibarri. A su lado, Gaizka Suárez ha animado de forma didáctica a acercarse al instrumento: “Hacemos mucho hincapié en salir a tocar a la calle y tenemos un método en el que no es necesario saber solfeo”.