Las obras para levantar el nuevo edificio de consultas externas del Hospital de Basurto han transformado por completo la calle Capuchinos, una vía que hasta hace poco se distinguía por la presencia de grandes árboles y una frondosa vegetación que asomaba por encima del emblemático muro que perimetraba el hospital. Hoy, esa estampa forma parte del recuerdo. También han desaparecido una treintena de plazas de aparcamiento que durante años facilitaron a muchos bilbainos acudir al hospital, acompañar a familiares o aguardar la llegada de viajeros procedentes de la cercana estación Intermodal.
Entre los elementos más simbólicos que han sido retirados destaca precisamente ese histórico muro. Lejos de demolerse sin miramientos, se desmontó con extremo cuidado, cada piedra fue numerada y catalogada con una combinación de letras y cifras para poder reconstruirlo en el futuro tal y como ha permanecido durante décadas. Con más de 150 metros de longitud y alturas que en algunos puntos superaban los tres metros, la estructura se dividió en una treintena de tramos antes de su retirada.
Desaparición de un punto ‘mítico’ de espera
Las plazas de aparcamiento que han desaparecido, y que no regresarán una vez concluido el nuevo edificio, habían sido durante mucho tiempo un punto habitual, casi ‘mítico’ de espera para amigos y familiares. Para muchos conductores eran también una zona práctica donde recoger pasajeros de Intermodal o dejar el coche mientras acompañaban a alguien al hospital o a la estación de autobuses.
Ahora, encontrar un lugar donde estacionar se ha convertido en una tarea más compleja en un entorno que ya de por sí no lo ponía fácil. La zona vive uno de los procesos de transformación más intensos de Bilbao, no solo en términos de imagen urbana, sino también de funcionalidad cotidiana.
Las obras del nuevo edificio de consultas externas del Hospital Universitario Basurto comenzaron en octubre de 2025 y cuentan con un plazo de ejecución de tres años, por lo que su finalización está prevista para alrededor de octubre de 2028. Será entonces cuando los bilbainos puedan contemplar esta calle con un rostro renovado y juzgar el resultado de una intervención que, como suele ocurrir en toda gran obra, está siendo inevitablemente incómoda durante su desarrollo.