Pupito es una marioneta que lleva unos cuantos días paseándose por el centro de Bilbao pero, ¿de dónde ha salido? Este peculiar perro, según su creador, Patxi Fiallo, nació de un affair que tuvo Puppy, (el guardián del Museo Guggenheim), aunque este no lo reconozca. "Puppy salió una noche de fiesta y de esa noche salió Pupito", relata su creador. 

La historia de Fiallo como artista callejero comenzó hace veinte años, cuando ejercía de payaso que hacía globoflexia y más tarde, hizo de titiritero en diferentes puntos de la villa, pero todo cambió durante la pandemia, cuando todo se paró. "Después de aquello quise hacer una novedad, y llevaba tiempo con él en la cabeza", relata.

Esta marioneta, tardó en crearla tres meses y está compuesta por una lona sobre la que están colocadas las flores artificiales, tubos de PVC, que permiten que la cabeza articulada de Pupito se mantenga estable y se pueda quitar, además de unos hilos de pesca que están conectados a unas agarraderas que permiten que la cabeza se mueva de un lado a otro. También cuenta con un sistema de desplazamiento, que consiste en un simple carro cuyas ruedas van ancladas a la marioneta.

Atracción callejera

El mayor atractivo de la propuesta es la participación directa del público infantil. Los niños ayudan a mover al personaje o se sientan junto a él para interactuar. Sin embargo, el artista insiste en que la privacidad se respeta estrictamente. "Ni yo ni nadie grabamos a los niños. Solo sus padres o familiares pueden hacerlo. Eso es sagrado", asegura.

Otra curiosidad que rodea a esta marioneta es que, a diferencia de las tradicionales con música, Pupito puede permanecer en la calle durante largas jornadas. "Con música el límite eran 45 minutos. Ahora puedo estar hasta 12 o 14 horas sin molestar", explica su creador. Es por ello, que en ocasiones surgen anécdotas. "El otro día estuve en el Guggenheim, cerca del Puppy y se me acercó uno de los de seguridad, me preguntó si les hacía la competencia y le expliqué que era el hijo no reconocido de Puppy", narra.

Con el tiempo, Fiallo planea añadir más mejoras a esta peculiar marioneta, como una boca articulada o que levante la pata, aunque reconoce que es algo "que lleva mucho tiempo". Ahora, dedica ese tiempo a la creación de contenido en redes sociales, especialmente, TikTok. "Me abrí la cuenta hace quince días, tengo 800 seguidores y muchas visualizaciones", explica.