La NBA recaló esta semana pasada en Europa para disputar en Berlin y Londres dos partidos de su Liga regular y para reunirse con los actores que deben dar forma a su proyecto de crear de la mano de la FIBA una nueva competición. De momento, es más el ruido que las nueces porque el comisionado Adam Silver apenas apuntó algunas cuestiones, la mayoría referentes a la parte económica y casi ninguna a la deportiva, más allá del formato de dieciséis franquicias, doce de ellas fijas. Ha habido conversaciones privadas con distintos clubes, se celebró una reunión el lunes en la que participaron también empresas, bancos y fondos de inversión europeos, estadounidenses y árabes que deben sostener la idea y algunos nombres han salido a la luz como garantes de la credibilidad del proyecto. El principal, el de Pau Gasol, a quien se tiene como una pieza clave para la puesta en marcha de la NBA-Europa, o como se vaya a llamar.

Sin embargo, hasta ahora da la impresión de que se está disputando una partida de poker en la que muchos, sobre todo la Euroliga como teórica perjudicada si el proyecto se pone en marcha, intentan averiguar quién va de farol o qué bazas tiene cada uno. La NBA habla abiertamente de marcas globales y grandes mercados y por eso se afana en convencer al Real Madrid y el Barcelona sin que ninguno de los dos haya mostrado una postura firme en una semana en la que, en teoría, deben comprometerse con la Euroliga por una década más. Los blancos parecen proclives a la llamada de la NBA, pero quizás en solo con la boca pequeña; los azulgranas están jugando con dos barajas, probablemente porque no hay nada firme. Quieren firmar con la Euroliga, pero tener una vía de escape si lo de la NBA cuaja.

El Panathinaikos, el Alba Berlín, el Olimpia Milan o el Bayern Munich también escucharon a la NBA, igual que el AC Milan, en la persona de Zlatan Ibrahimovic, o el Manchester City. Ellos y otros ya saben que el nuevo proyecto exigirá a quienes formen parte de él una inversión inicial de cerca de 1.000 millones de dólares y, según advirtió Adam Silver, “una mentalidad a largo plazo porque la liga no será rentable en sus primeros años”. El comisionado sigue convencido de que es posible implantar su modelo de negocio en el deporte europeo, que se puede combinar una visión volcada en el espectáculo con la mentalidad europea que sitúa la victoria y la derrota como ejes centrales de la competición y de su seguimiento por parte de los aficionados.

Cabos sueltos

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Con el horizonte, que parece demasiado optimista, de arrancar en 2027, hay que atar muchos cabos, aunque la NBA conoce de qué hilos tirar porque en la génesis del proyecto aparecen marcas como Nike, Amazon, el PIF saudí, que está en todos los proyectos disruptivos como el LIV Golf, o distintos fondos de inversión que están en la propiedad minoritaria o mayoritaria de muchos de los clubes de fútbol a los que se quiere integra en la NBA Europa. “Si lo hacemos bien, esta puede ser una de las mejores cosas que le ocurran al deporte. Puede ser una oportunidad única y para siempre”, comentó Gerry Cardinale, fundador de RedBird Capital, que es dueño a su vez del AC Milan, según publicó The Athletic.

En todo caso, no se aprecian avances significativos. Todo son generalidades, ideas difusas y declaraciones de manual. De hecho, se ha sabido que los dos grandes clubes de fútbol de Manchester, una de las plazas fetiche para la NBA, no están muy interesados. Entre los analistas, todo se ve con escepticismo porque no se advierte la manera en que la NBA Europa va a contribuir a mejorar el baloncesto europeo ni de dónde va a sacar los recursos económicos para hacerla viable, siquiera a largo plazo. Porque muchas voces ya apuntan que este proyecto no es más que una vía de paso hacia el principal objetivo de la NBA que sería asentarse en Oriente Medio. La Euroliga, mientras tanto, se siente fuerte y anuncia un cambio de formato que aumentará el número de equipos, pero encogerá el calendario, una de las reclamaciones de jugadores y entrenadores. Los ajenos a esta guerra, o sea la mayoría de clubes y aficionados, pueden ser víctimas colaterales. Y a lo mejor prefieren lo malo conocido.