bilbao - Alberto Díaz no guardará un buen recuerdo de su debut con el Bilbao Basket. En la anterior ocasión en que pisó la cancha de Miribilla se llevó el triunfo con el Unicaja. Ayer tuvo que probar la amargura de una derrota a la que tuvo que asistir desde el banquillo, donde quedó relegado por cuatro faltas, algunas de ellas rigurosas. Rafa Pueyo no contó con él en esos minutos en que el equipo bilbaino perdió el control porque "tenían que jugarse el partido los que llevan aquí más tiempo. Alberto solo lleva tres entrenamientos".

Al final, el base malagueño acabó su primer duelo como hombre de negro con 11 minutos y 21 segundos de juego, repartidos en una tanda de 8.07 entre el primer y segundo cuarto y otros 3.14 en el tercer cuarto. Su ingreso en cancha fue saludado con una gran ovación por el público del Bilbao Arena que también celebró un par de buenas defensas de Díaz, que falló los dos triples que lanzó y se marchó con dos puntos anotados gracias a dos tiros libres. En el rato que estuvo en cancha, el joven malagueño demostró que puede ser una buena ayuda en la dirección de juego y también en defensa, donde sus buenas piernas le permiten cubrir muchos espacios.

Quizás su llegada suponga un aliciente para los seguidores del Bilbao Basket, deseosos de ver caras jóvenes sobre el parqué, en una temporada que parece haberse torcido de forma definitiva. La derrota de ayer rompe todos los cálculos y obliga a los de Rafa Pueyo a ganar tres cuartas partes de los doce encuentros que les quedan para alcanzar un puesto en el play-off. La empresa se antoja casi imposible, sobre todo porque el equipo bilbaino sigue sin despojarse de esos lapsus que le conducen a un callejón sin salida y a parciales en contra muy abultados para los que nadie ha encontrado aún explicación ni, lo que es peor, remedio.

El técnico de Txurdinaga suele decir que ningún partido puede darse por ganado antes de tiempo, pero son ya demasiadas las veces en que un choque se va de las manos en un periodo de tiempo relativamente corto. No es de recibo que después de 20 minutos de dominio absoluto sobre el Cajasol, con un parcial de 47-27 entre el segundo y el tercer cuarto, el Bilbao Basket se descompusiera y permitiera un parcial de 1-15 en los 5 primeros minutos del último cuarto. Al final, el triple de Satoransky castigó los errores del Bilbao Basket en algunos tiros aparentemente sencillos, pero también el equivocado criterio a la hora de seguir un plan táctico.

el juego interior En esos diez minutos finales, el equipo bilbaino lanzó los mismos tiros de dos que de tres (9) cuando en los tres primeros cuartos la proporción había sido de uno a tres (38 por 11). Entre Mumbrú y Bertans, metieron una canasta de doce intentos en el último cuarto mientras que entre Gabriel y Kavaliauskas lanzaron solo un tiro para añadir a los catorce que habían hecho hasta entonces. Esto es lo más llamativo porque el Cajasol prescindió de sus cincos (Balvin y Hernangómez) para ganar en movilidad a costa de ceder kilos dentro de la pintura. Pero el Bilbao Basket no lo supo aprovechar para buscar opciones claras para sus jugadores interiores y se enredó en buscar tiros lejanos que otros días entran, pero ayer no y alguien debió de darse cuenta. Eso sí, el mejor tirador del equipo volvió a quedarse en apenas dos lanzamientos desde detrás de los 6,75 metros.

En el otro lado de la cancha, Aíto García Reneses colocó a todos sus jugadores de cara al aro y encontró espacios para varias acciones de puerta atrás y mejores posiciones de tiro: dos triples de Sastre, otros dos de Landry y el decisivo de Satoransky, lanzado sin ninguna oposición en lo que duró su carrera de cindo segundos, premiaron a un equipo que demostró más madurez que gente tan curtida como la que tenía enfrente. Será cuestión de acierto, de falta de frescura o de que el puesto de base carga el cartel de provisional, pero el Bilbao Basket volvió a dejar escapar un partido que tenía dominado porque olvidó las cosas que había hecho hasta entonces. Como ha pasado tantas veces, habrá que deducir que es un problema estructural. Esto es lo que hay y tampoco conviene darle más vueltas.