Las luchas vascas por la Copa: la cuarta se vive esta noche en Sevilla

Athletic-Vasconia, en 1910; Racing de Irun-Athletic, en 1913; y Real Unión-Arenas, en 1927, son las tres finales vascas vividas hasta la fecha, y el derbi de mañana será otro capítulo más de la exitosa historia del fútbol en Euskadi

03.04.2021 | 08:50
La plantilla que se enfrentó al Vasconia, nombre con el que compitió la Real Sociedad, en la final de 1920.

A la hora de repasar la historia de la Copa, el fútbol vasco tiene un lugar privilegiado. 30 títulos han sido para equipos de Euskadi y sus representantes han tenido presencia en cincuenta finales. Athletic, Real Sociedad, Real Unión, Arenas, Osasuna y Alavés, el último finalista vasco, han participado en estos partidos. Entre todos ellos el Athletic destaca con sus 24 copas y la Real Sociedad, pese a contar con solo dos entorchados en sus vitrinas, se ha consolidado como la otra referencia del territorio. El derbi vasco por excelencia es cosa de estos dos clubes y la final que les enfrentará este año será un capítulo histórico. Será un día que quedará marcado, pero no será la primera vez que dos conjuntos de Euskadi se ven las caras, será la cuarta ocasión. El duelo de 1910 entre el Athletic y el Vasconia está considerado por ambos clubes como el primer duelo entre los rojiblancos y los donostiarra. En 1913 el entonces conocido como Racing de Irun se vio las caras con el conjunto bilbaino y los irundarras repitieron final vasca en 1927 ante el Arenas, el último enfrentamiento de estas características.

La Federación Española de Fútbol considera que la final de este año entre el Athletic y la Real Sociedad será el primer enfrentamiento entre los rojiblancos y los donostiarras en estas lides. Sin embargo, para ambos clubes, su primer enfrentamiento en una final fue hace 111 años. A la final de la edición de 1910 llegaron el Athletic y el Vasconia. La Real Sociedad, que había firmado el acta de su fundación un año antes, no cumplía con los requisitos necesarios para participar en la competición al no tener un año de antigüedad y por ello compitió con la licencia del Club Ciclista San Sebastián, del que se había escindido previamente. Los donostiarras jugaron entonces con la licencia de su antecesor directo y con el nombre del Vasconia.

La primera final vasca se disputó el 20 de marzo de 1910 en el campo de Ondarreta, situado en el barrio donostiarra del Antiguo. El Athletic, ya con tres copas en su haber, era uno de los equipos más poderosos de la época e impuso su jerarquía ante el equipo guipuzcoano. Aunque, a los rojiblancos les costó romper definitivamente el encuentro y solo pudieron ganar por 0-1 gracias a un gol de Remigio Iza.

Casualmente, cuatro años más tarde, el presidente del club con cuya licencia compitió la Real Sociedad, le lanzó una maldición. La construcción de Atotxa obligó a derribar el velódromo que ocupaba el lugar, saliendo perjudicado el Club Ciclista San Sebastián. Monsieur Comet, francés afincado en Donostia y gestor de la entidad ciclista, afirmó que la Real jamás saldría campeona. Esta maldición se mantuvo durante más de setenta años y fue un importante contraste con el éxito que tuvo su antecesor, que al primer intento había logrado alzar el título.

La Copa del Real Unión 


Aunque a la hora de hablar de la Copa y el fútbol vasco, también debe tener un lugar de honor el Real Unión. El club irundarra no tardó en consolidarse en la élite del fútbol y en las primeras ediciones coperas su nombre empezó a irrumpir con fuerza. Los guipuzcoanos solo necesitaron doce ediciones para conseguir su primer título y lo consiguieron ante el Athletic. Fue en un año en el que el fútbol estatal estuvo dividido y se organizaron dos copas de manera simultánea, una en Madrid, bajo el amparo de la Federación Española de Fútbol, y otra en Barcelona, por parte de la Unión Española de Clubs.

El Real Unión, entonces denominado Racing de Irun, y el Athletic llegaron a la final de la edición madrileña. El partido tuvo lugar el estadio O'Donnel y el arranque de los irundarras pilló con el pie cambiado a los rojiblancos. Patricio Arabolaza y Retegui anotaron para el equipo guipuzcoano y pusieron el 2-0 en el marcador. El Athletic reaccionó por medio de su gran estrella, Pichichi, y en la segunda parte logró igualar por medio de Belauste II. En aquella época las condiciones del desempate las decidían los propios clubes participantes y los equipos vascos decidieron jugar una prórroga. Sin embargo, la igualdad no se rompió y la falta de luz obligó a posponer el partido al día siguiente. Ese duelo volvió a estar marcado por la igualdad, pero una inoportuna lesión de Pinillos dejó al Athletic con un jugador menos durante toda la segunda parte, factor que terminó por ser determinante. En el 70, Retegui marcó el gol histórico para los irundarras, que volverían a ganar la Copa cinco años después, esta vez ante el Madrid.


Jugadores del Arenas de Getxo. 

La última final vasca 


En esos primeros años de fútbol en la Península otro equipo vasco logró ganarse su hueco. El Arenas de Getxo tampoco necesito demasiado tiempo para tocar la gloria. Solo diez años después de su creación, el equipo getxotarra llegó a la final de Copa y en la final arrolló al Barcelona en una prórroga para el recuerdo. Después de llegar empatados a dos al final del tiempo reglamentario, el Arenas fue un ciclón y venció por 5-2. En ese encuentro destacó, como era habitual, Félix Sesumaga, que anotó tres goles. Este delantero fue una leyenda del club. En la Copa en la que salieron vencedores anotó 15 goles en seis partidos, destacando los siete goles que le marcó al Madrid. Lamentablemente falleció prematuramente en 1925 con solo 27 años de edad.

Ese equipo también fue protagonista de la última final vasca. En 1927, el Arenas se vio las caras con el Real Unión, que ya entonces contaba con tres entorchados en su haber. Fue un enfrentamiento marcado por la igualdad y otra vez la prórroga apareció en una final vasca. No hubo goles en el Torrero de Zaragoza durante los primeros noventa minutos y tras casi treinta de prórroga Echeveste logró el tanto del triunfo. Fue el último capítulo de la historia de las finales vascas, que vivirá casi cien años después su cuarta entrega.

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