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La encrucijada de Elizegi

09.01.2021 | 00:19
La encrucijada de Elizegi

la pasada Asamblea General Ordinaria del Athletic supuso un fuerte varapalo para la directiva de Aitor Elizegi, que vio rechazadas por un amplio margen las cuentas del último ejercicio, el presupuesto del actual, e incluso el proyecto de grada de animación. Más allá del debate sobre la representatividad del compromisariado, y de las razones profundas del rechazo, se plantea qué han de hacer los gestores rojiblancos para revertir la situación y evitar un callejón sin salida en el club.

Lo cierto a día de hoy es que la directiva de Elizegi habrá de convocar una asamblea extraordinaria en el más breve plazo posible para, ineludiblemente, presentar un nuevo presupuesto correspondiente al ejercicio ya estrenado. El club ha de tener unas cuentas vigentes aprobadas, y para ello habrán de modificarse las rechazadas e intentar convencer a los compromisarios de su bondad, asumiendo necesariamente la actual composición del órgano soberano del club pues su renovación no será efectiva hasta el próximo verano.

¿Cuál es el margen de alteración del presupuesto para buscar la aquiescencia asamblearia? No es difícil vislumbrar que pase a mejor vida la idea de la desigual imputación, según el importe del carnet, a descontar en las cuotas de socios y socias por los partidos no presenciados. O incluso que la junta directiva renuncie directamente al propio porcentaje del 30% estructural retenido, con lo que ello supondría de repercutir el grueso del déficit a los fondos del club. Como elemento compensatorio a introducir podría estar el importe de las quitas salariales a la plantilla si se cierra definitivamente el anunciado acuerdo con los jugadores sobre un 10% de sus emolumentos.

La cuestión sobre si también habría de resultar objeto de reconsideración el balance de cuentas de la pasada temporada también rechazado, en principio tendría una respuesta sencilla: siendo el reflejo fiel de lo ejecutado, según formuló la junta y fue auditado externamente y bendecido por las instancias correspondientes, no tendría ningún sentido una reformulación. Sin embargo, si se produce una modificación en la imputación del famoso 30% en las cuotas sociales también con retroactividad a las del pasado ejercicio, afloraría un mayor déficit, con lo que las cuentas ejecutadas podrían también retocarse y presentarse a una nueva eventual aprobación, lo que se extendería a la ponderación de la gestión directiva, si así se sigue votando conjuntamente en interpretación de los estatutos del club.

Sobre el proyecto de grada de animación, nada impide su nueva inclusión en el orden del día de una asamblea extraordinaria, eso sí, si se trata la introducida de una propuesta que difiera en algún extremo de la no aprobada. El tema parece de más factible reconducción que las cuentas, por aquello de su rechazo por escasos votos, lo que no dejó en todo caso de sorprender por los trabajados acuerdos que había traído consigo y que veremos si se pueden ensanchar.

Lo que no puede obviarse es la repercusión directa, explícita o tácita, de la marcha deportiva en el sentir y posición de la asamblea. El consumado cambio de entrenador, aún objetable en los tiempos y en las formas, podría modificar la actitud de los compromisarios, pero tendrán seguramente mucho que ver en ello los resultados y la hechura del equipo al tiempo de la celebración del cónclave extraordinario.

Un nuevo rechazo por la asamblea abriría un escenario desconocido, por intransitado, en el que no procede detenerse en este momento. Esperemos que no se ponga al Athletic en tal tesitura y que pueda reconducirse la estabilidad del club en los próximos meses, a lo que las prestaciones en el campo pueden decisivamente contribuir. Amén.

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