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Derbi de alto voltaje en Mendizorrotza

El Athletic suspira por un triunfo de oro a costa de un Alavés obligado a echar el resto ante su afición

Derbi de alto voltaje en MendizorrotzaPankra Nieto

La cita de esta tarde en Mendizorrotza no concede margen a las dudas, el relajo, la especulación y, ni qué decir tiene, el error. Son muy conscientes Alavés y Athletic, asediados por unas urgencias que llevan semanas asomando crudamente. Aunque representen causas distintas, la necesidad ejerce de denominador común y convierte el partido en un derbi de alto voltaje. El empate no resuelve la vida de ninguno, pese a que en teoría favorezca los intereses rojiblancos, por lo que se augura una batalla dura, exenta de concesiones, incluso áspera. Dado que ninguno de los equipos destaca por la inspiración y el acierto, el aspecto físico, así como el anímico, se antojan claves en el desenlace.

Hoy, acaso la mayor diferencia que se palpa entre uno y otro estaría conectada a la figura de los entrenadores. Quique Sánchez Flores ha sido capaz de amoldarse rápido a una dinámica delicada, obtener resultados y generar ilusión en el vestuario y en una afición que valora el esfuerzo de sus futbolistas, y lo agradece, claro. Más problemas está teniendo para negociar el final de temporada alguien que goza de un crédito ilimitado, basado en el balance de los años previos, pero que no acaba de provocar la chispa de la reacción en una plantilla con una calidad bastante superior a la de su adversario de hoy.

Ernesto Valverde reclama una actuación convincente que termine con la incertidumbre que planea sobre el Athletic, lo viene haciendo sin éxito en las últimas semanas, tramo en el que ha acumulado dos victorias y cinco derrotas, lo que supone tres puntos menos que los sumados por el Alavés. Ello se traduce en que solo cinco puntos separan a vizcainos y alaveses antes de que el balón se ponga en movimiento, dato ilustrativo de lo que hay en juego y del cariz que ha tomado el campeonato en lo que a la pelea por la permanencia se refiere.

Resultó interesante escuchar ayer las opiniones de Valverde, en especial cuando subrayó la actitud de que hace gala el Alavés con su nuevo entrenador. “No se entrega”, señaló, algo que ha puesto de manifiesto incluso en compromisos que se le torcieron muchísimo. Es exactamente lo que de momento no cabe pedir al Athletic. Pese a que su disposición para el trabajo no se cuestione, el problema estriba en que pocas cosas le salen bien; con el tesón no le alcanza para compensar las deficiencias que caracterizan su fútbol, en defensa y en ataque. Visto el delicado estado que transmite, resulta lógico que el técnico solicite una victoria e implore porque llegue por la vía rápida, antes de que la coyuntura se complique más de la cuenta y de la inquietud se pase al agobio.

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Seguro que coincidiendo con su partido 500 dirigiendo al Athletic, Valverde se alegra de la reaparición de Jauregizar. Sentiría lo mismo si fuese el partido 468, por decir un número, porque pese a que por saturación de esfuerzos no sea el poderoso centrocampista de hace dos o tres meses, conviene que forme parte del once. Será una de las novedades de salida, no la única. Está por descubrir la identidad de los centrales, Vivian y Paredes fueron los elegidos en el Metropolitano, pero si entrasen Yeray y Laporte, titulares ante Osasuna, no sería una sorpresa.

Para las demarcaciones más ofensivas maneja el entrenador un abanico amplio de alternativas, ninguna convincente, menos las más habituales si se descuenta a Guruzeta, que ha hecho gol en los tres últimos partidos. Lo de los hermanos Williams clama al cielo, idéntico juicio sería extensible a Sancet y, con algunos atenuantes, a Berenguer. La participación de los infrautilizados Navarro, Unai, Serrano, Izeta o Maroan, este fuera de la lista por cuarta vez, merecería capítulo aparte.