El fútbol siempre deja espacio para lo inesperado. Un ejemplo: la Supercopa de 2015, con Valverde de técnico, saldada con un global de 5-1 a costa de Messi y compañía. Pero el cartel de esta noche en San Mamés no figura entre los más apetecibles desde la óptica del Athletic. Aunque el hecho de enfrentarse al Barcelona ofrezca la posibilidad de plantar cara a uno de los rivales más poderosos o de asistir a un espectáculo de nivel, estos alicientes ceden ante el peso de una estadística muy favorable al club catalán. En esta oportunidad, por mucho que entre semana ambos hayan compartido una experiencia negativa, nada invita a pensar que quienes vayan a resarcirse de la eliminación copera serán los rojiblancos.
Recordar los últimos cruces hasta provoca escalofríos, pues conduce a un 9-0 que sale de sumar lo sucedido en liga (noviembre) y en Supercopa (enero). Tampoco la trayectoria más reciente de los equipos aporta un argumento para el optimismo, pese a que en 2016 el Athletic haya acumulado 8 victorias, 4 derrotas y 3 empates, contabilizados todos los frentes. La cuenta del Barcelona es 13, 3 y 0, lo que le ha valido para conquistar la Supercopa, acceder directamente a octavos en la Champions y en liga arrebatar el liderato al Madrid.
Por encima de estos apuntes prevalece lo que transmite el fútbol de cada cual y no hay color. Es cierto que las lesiones se notan en los dos bandos, pero en el Athletic no se perciben síntomas que inviten a confiar, un verbo que los propios jugadores no están pudiendo conjugar en la competición. Con el fracaso en la Copa han claudicado hasta esos hinchas a los que nada de lo que hace el Athletic les parece mal. La gente anda desanimada, desencantada, y es comprensible. Por ello resulta increíble que Hansi Flick hablase de “equipo fantástico, de los mejores en mi opinión” para referirse a su rival de hoy. Cualquiera diría que acaba de aterrizar en Catalunya procedente no de Alemania sino de Marte.
El tono de Valverde ante la prensa fue elocuente. Lanzó consignas de manual, del tipo de “hay que continuar pese a la decepción”, “tenemos mucho en juego todavía y debemos sumar”. Añadió, dirigiéndose a sus hombres, que conviene aprender de las dos goleadas encajadas contra el Barcelona. Y es que se trata del conjunto más dotado para imponer su particular e irreproducible pauta futbolística a los rivales. Casi siempre se juega a lo que ellos quieren, lo cual supone que solo defendiendo perfecto y exprimiendo los pocos turnos ofensivos que conceden, se abre la opción de triunfar o puntuar. A menudo, ni así es posible.
Aitor Paredes, víctima de un golpe (quizá fuese en el aparatoso choque con Padilla), se cae de una lista casi calcada a la que acudió a Anoeta. Con 24 horas menos de descanso que los catalanes, Valverde aseguró estar muy pendiente del estado físico de una tropa donde hay gente muy desgastada, no solo en lo físico. Además de Simón, volverá al once un lateral derecho específico, puede que también cambie el del lado opuesto, y que haya asimismo hueco para Unai o Navarro, o los dos. Y ya se verá si el técnico está por la labor de volver a “arriesgar mucho” con Galarreta y su hombro.
De los habituales, al Barça le faltan Koundé, Balde y De Jong, además de Gavi, próximo a reaparecer, y Christensen, bajas de larga duración, y recupera al veterano Lewandowski. Flick anuncia que hará rotaciones.