Anoeta plantea un duro examen al Athletic
Ante una Real más fiable, opondrá, con Galarreta en la lista, su avalada eficacia para resolver rondas coperas
Una semifinal de Copa se valora como un gran acontecimiento por tratarse del paso previo para competir por un título. Es la antesala de la cita cumbre de cada temporada: ningún calendario futbolístico contiene fecha más distinguida que la ocupada por la final copera. Si alcanzar las semifinales constituye un privilegio cuando responde a un logro ocasional, qué decir cuando se ha convertido en lo más parecido a una costumbre porque se repite con una frecuencia fuera de lo normal. En este sentido, cabe afirmar que tanto Athletic como Real Sociedad pertenecen a la élite del torneo del K.O. Les avala su éxito de los últimos tiempos, una constancia y un empeño que esta noche adoptan la forma de un clásico que nace rodeado de la máxima expectación.
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El fervor de las aficiones se vuelca en una pelea de incierto desenlace, si bien la Real cuenta con el favor del pronóstico por dos razones que no están sujetas a discusión: el resultado de la ida y el marco en que se celebra la vuelta. Un gol de desventaja y la presión ambiental que vaya a ejercer Anoeta asoman como dos piedras en el camino de un Athletic que, sin embargo, se distingue por su capacidad para sacar adelante esta clase de compromisos. Se diría que los cruces a vida o muerte le espolean, le hacen particularmente peligroso para sus adversarios. Por algo acumula un montón de campañas mostrándose infalible o casi dentro del sistema de eliminatorias, especialmente si son a domicilio.
Sirva para certificarlo el repaso del camino trazado para llegar al punto en que se halla en la presente edición del torneo, un recorrido plagado de victorias feas, agónicas, rocambolescas, irritantes, de las que sacan de quicio a sus seguidores, pero victorias. El borrón en esa gloriosa inercia tuvo lugar precisamente hace tres semanas en la única actuación copera que ha acogido San Mamés. Entonces cayó por la mínima, pero la derrota tuvo la particularidad de producir el efecto contrario al que debería.
Sucedió que la sensación de inferioridad que proyectó el equipo de Ernesto Valverde en relación al conjunto de Pellegrino Matarazzo resultó tan obvia que el 0-1 fue recibido con alivio. Un marcador que permite cultivar la esperanza. En principio, remontar un gol en un derbi a domicilio no puede considerarse una empresa sencilla; no obstante, cabe que la Real acuse el exceso de responsabilidad ante su gente, máxime después de que no acertase a rentabilizar su juego para establecer un marcador acorde al desarrollo del choque celebrado en Bilbao.
Aunque no tenga relación alguna con la Copa, no falta quien pone el acento en la igualdad clasificatoria en la liga para alentar las opciones rojiblancas. Cualquier aspecto es susceptible de ser utilizado, allí o aquí, para soñar con un desembarco en La Cartuja el 18 de abril; al fin y al cabo, nada hay escrito de antemano.
Hay que jugar el partido y no es mentira que el Athletic se halla en mejor momento o situación anímica que hace un mes, por ejemplo. Jugar, lo que es jugar, está jugando poco, pero gana, se sostiene a flote contra viento y marea. De modo que se va prolongando esa tónica que amenaza con verse interrumpida más pronto que tarde. Quizá ocurra lo mismo en la visita de hoy al vecino, que salga a relucir esa capacidad para buscarse la vida en medio de la agonía.
Desde luego, Valverde se apunta. Ayer evitó informar sobre el estado de la gente con molestias, ni siquiera se dignó a adelantar la titularidad de Padilla, con mucha diferencia el mejor en la ida. Si se pudiesen alinear dos porteros, el Athletic accedería a la final con toda seguridad, pero no es posible. Se da por hecha la participación de Laporte y Yuri, ya la identidad del lateral derecho plantea otra incógnita, pero Gorosabel y Lekue tendrían ventaja. La inesperada presencia de Galarreta en la convocatoria, que se antojaba una temeridad, abre la posibilidad de que ejerza de nuevo como socio de Jauregizar. No extrañaría que Berenguer sea la baza que el técnico se guarde para la segunda mitad, como en Vallecas, lo que favorecería de inicio la presencia de Unai.
