Religión y fe
Entre una ovación de gala y una pitada histórica hay la distancia de una racha de una u otra naturaleza.
El Athletic, como cualquier religión que se precie, es cuestión de fe. La tienes o no. Ninguna otra alternativa es posible. Siempre ha sido así. Se lo aseguro. Cuando ganó las ligas todo fue cuestión de fe. Cuando jugó el play-off de descenso, de nuevo la fe. El Athletic gana y pierde a partes muy similares a lo largo de su historia. Su afición y su filosofía lo saben. Temporadas de gabarra se simultanean con temporadas grises. Forma parte de esta religión que busca la gloria en otras cuestiones.
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No sé si lo perciben, pero estamos corriendo el riesgo de desnaturalizar la fe. Los demás equipos no la tienen y no pasa nada. Ganas eres dios, pierdes, el diablo. No hay medias tintas. Entre una ovación de gala y una pitada histórica hay la distancia de una racha de una u otra naturaleza. Allá ellos. Pero nosotros, no. Al menos yo, no.
Fui a Bérgamo por una cuestión de fe. Todo lo que venía leyendo en opiniones de todo tipo es que el equipo anda esta temporada desnortado. Incluso que Ernesto Valverde ha decidido “tirar” algunos partidos en base a alineaciones inexplicables. He llegado a oír un cuestionamiento del propio entrenador. En Bérgamo, un compañero llegó a preguntarse en la tribuna de prensa si este equipo, este Athletic, está en condiciones de competir siquiera en Segunda División. Era el descanso. En definitiva, hemos estado de bajón. Las cosas no salen, la afición se enfada. Y es lícito, pero la religión, inflexible como todas, no lo permite. Te caes, te levantas y punto. Te vuelves a caer, te vuelves a levantar y punto. Es la máxima que El Conquistador de la tele puso de moda. Y que define bien el objetivo.
Bálsamo
Y lo comparto. El triunfo de Bérgamo ha venido a ser balsámico. El Athletic solucionó en tres chispazos un partido que le estaba llevando hacia el adiós a Europa. La apuesta de los tres centrales había salido mal y Valverde supo reconducirla tras el descanso. Así que me alegro de haber invertido un dinero destinado al ocio para ir a Bérgamo. No pude hacerlo en ningún otro desplazamiento, por motivos profesionales, y esta era la que se suponía era la última oportunidad champions. Ahora que puede que no lo sea, trataré de volver si el Athletic entra en dieciseisavos, no sea, oiga, que tenga algo de talismán. Pero antes, el Sporting de Lisboa. Difícil. Duro. Consistente… y qué. Mi religión no me permite dudar. Me exige fe. Y yo la tengo. Y si el Athletic pierde, la fe se mantiene intacta para el siguiente… y así sucesivamente. Todos los que están de subidón cuando gana y de bajón cuando pierde, no saben lo bien que se vive teniendo fe rojiblanca. Sobre todo cuando la época de bajón es sostenida.
Nada ni parecido
Bérgamo como bálsamo no ha estado mal. Pero sigue habiendo heridas de guerra por curar. Y Sevilla no admite convalecientes. Hagan como yo y crean y repitan conmigo: Lo de la Atalanta no ha sido flor de un día. Una y otra vez… a que se encuentran mejor. El Athletic es siempre una cuestión de futuro. Director General de Grupo Noticias