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El Athletic revive a costa de la Atalanta

Voltea un partido que tenía perdido con un repentino alarde de eficacia en ataque y se agarra a Europa

El Athletic revive a costa de la AtalantaEfe

Era el clavo al que agarrarse en una cita de neto favoritismo italiano y hubo oportunidad de hacerlo. En efecto, el Athletic logró aferrarse al último recurso que concede el fútbol, ese que dice que nada hay imposible. Se cargó a la Atalanta y ello significó burlarse de un pronóstico abrumador, fundamentado en todos los ingredientes que cabían en la coctelera del análisis. Brindó así una alegría a su afición que se echaba de menos después de cuatro largos meses plagados de disgustos. Necesitó para ello protagonizar una transformación radical, absoluta y del todo impredecible. Pasó de un extremo al opuesto y puso patas arriba un encuentro con una pinta malísima para sus intereses. De estar sometido pasó a desenvolverse con una soltura admirable para inventar un recital en ataque que destrozó a la Atalanta, que para cuando quiso reaccionar estaba hundida. No obstante, los rojiblancos tuvieron que sufrir y ver cómo su ventaja era recortada cerca de la conclusión. Qué menos que pasar apuros si se corona una meta que se antojaba utópica y ahora vale para reactivar la maltrecha autoestima del grupo.

Pusilánime, inofensivo, hasta conformista, como si estuviese resignado a añadir una derrota más a su balance, así funcionó el Athletic en el primer tiempo. La Atalanta ejerció un dominio elemental, sin forzar, como si estuviese convencida de que por pura inercia haría suya la victoria. Cobró ventaja sin esfuerzo y dispuso de varias ocasiones para ampliarla. Todo discurría a tono con las previsiones realizadas los días previos. Pero de repente, no se sabe muy bien ni cómo ni por qué, el Athletic consiguió desplegar una versión impresionante, un modo de competir sin precedentes en lo que va de temporada. La única realidad fue la Atalanta, acaso también porque ya lo veía muy fácil, permitió en cierta forma que tomase cuerpo una pequeña gran revolución. Consistió en que el Athletic marcó gol en cada una de sus tres primeras llegadas al área de toda la noche.

Semejante giro, una exhibición de máxima eficacia ofensiva, permite al equipo de Ernesto Valverde mantener viva la llama en la Champions, le falta rematar la hazaña de anoche frente al Sporting de Portugal en San Mamés. Estaba muerto y fue a resucitar el día señalado para oficializar su despedida del torneo. Se hablará de la influencia de los cambios, de la inspiración de tal o cual hombre, en especial un Navarro que ni la había olido previamente, como el resto, y estuvo en todos los goles; será lo que se quiera, pero lo importante es que el Athletic se regaló una satisfacción que le debería servir para ir poco a poco enderezando el rumbo de una santa vez. 

No se olvide que acudió a Bérgamo con una alineación muy de circunstancias, por decirlo finamente, por lo que solo cabía pedirle entrega y seriedad. Era obvio que el entrenador prefería emplear sus mejores  recursos en el cruce de liga del próximo sábado y eso multiplicaba las dificultades. Además, para rizar el rizo, optó por una disposición táctica diferente a la habitual: tres centrales, igual que la Atalanta. Al descanso, lo único positivo era el marcador, por aquello de que un solo gol de margen mantiene abiertas las opciones del que va perdiendo. Al menos las teóricas, pues desde una óptica práctica poco o nada rescatable ofreció el juego del Athletic que, perfectamente pudo haber recibido un castigo mayor. Y no porque la Atalanta estuviese brillante sino por la pobre oposición que halló, con los rojiblancos pensando solo en resistir.

Casi ni atravesó la línea del centro del campo. Replegado, conforme con minimizar daños, el Athletic quizá creía que con dicha disposición llegaría a buen puerto. Sin embargo, aparte de incomodar al rival por la acumulación de hombres en tareas destructivas nada sacó en limpio. En el primer balón bien puesto en el área de Simón, Scamacca cabeceó a placer tras deshacerse de la marca de Paredes con un leve forcejeo que el árbitro valoró como legal.

Se cumplía el cuarto de hora y lo que vino después fue una interminable posesión del cuadro italiano que, ante la ausencia de espacios para progresar, pues el Athletic siguió apelotonado atrás, se dedicó a tocar en la zona ancha. Una tónica que se rompió consumida la media hora. Confiar en que la Atalanta no forzase la máquina era mucho confiar, de modo que en los últimos minutos de este período los rojiblancos vivieron un agobio permanente. Le pudieron caer un par de goles más, pero un fuera de juego justito, unos centímetros de más en un tiro cruzado y la firmeza de Simón, lo evitaron. 

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En el descanso, Valverde piso a Sancet, retiró a Adama y Lekue pasó al lateral. Vuelta al dibujo de siempre y una actitud más agresiva. Duró poco, la Atalanta aceleró: Zappacosta dio un par de avisos muy seguidos. De nuevo, la sensación de inferioridad hasta que un envío largo de Lekue, lo cedió con el pecho Navarro y Guruzeta culminó con un chut pegadito a un poste. Más cambios y desbarajuste local que permitió al recién ingresado Nico Serrano marcar a centro pasado de Navarro que se tragó Kossounou. Para entonces Palladino había refrescado su ataque, pero llegó el tercer mazazo, esta vez a cargo de Navarro, a quien Sancet dejó solo frente al portero. El 1-3 fue suficiente, pese a los agobios posteriores, con Lookman regalando a Krstovic un caramelo y poniendo los pelos de punta a los aficionados allí presentes y a los que estaban delante de la televisión. El Athletic está vivo, a ver si no solo en la Champions.