La crónica

Penosa despedida del Athletic

El Athletic sucumbe con estrépito ante el Granada, que se mete en Europa League marcando cuatro goles que retratan la flojera mental de los de Gaizka Garitano

20.07.2020 | 02:02
Carlos Fernández y Iago Herrerin observan el balón colándose en la portería del Athletic en el tercero de los cuatro goles firmados por el Granada.
Granada 4 0 Athletic
 
GRANADA: Rui Silva; Víctor Díaz (Min. 88, Vallejo), Germán, Domingos Duarte, Carlos Neva, Azeez; Yan Eteki (Min. 63, Gil Dias), Yangel Herrera; Antonio Puertas (Min. 77, Antoñín), Carlos Fernández (Min. 77, Fede Vico) y Soldado (Min. 63, Montoro).

ATHLETIC: Herrerín; Capa (Min. 71, Ibai), Íñigo Martínez, Unai Núñez, Balenziaga (Min, 46, Yuri); Vesga (Min. 41, Unai López), Dani García, Lekue, Córdoba (Min. 46, Muniain); Raúl García y Villalibre (Min. 62, Williams).

Goles: 1-0: Min. 29; Soldado. 2-0: Min. 55; Antonio Puertas. 3-0: Min. 67; Carlos Fernández. 4-0: Min. 93; Montoro.

Árbitro: Del Cerro Grande (Colegio Madrileño). Mostró cartulina amarilla al local Yangel Herrera (min. 6), y a los visitantes Dani García (min. 17) y Yuri (min. 75).

Incidencias: Partido correspondiente a la jornada 38 de LaLiga Santander disputado en el Estadio Nuevo Los Cármenes a puerta cerrada por la pandemia del coronavirus.

Aunque en el horizonte haya una final de Copa por disputar, anoche concluyó la temporada 2019-20 y el Athletic, en vez de ponerle una rúbrica adecuada, soltó un borrón. Recibió cuatro goles del Granada, que obtiene plaza europea por primera vez en su historia, y dejó una sensación de flojera que, la verdad, aparte de molesta resultó sorprendente. El espíritu competitivo que ha exhibido el equipo durante muchos meses ni asomó, los jugadores se dejaron ir, se limitaron a amagar y lo pagaron con un marcador elocuente a más no poder. Las buenas intenciones enunciadas la víspera por Gaizka Garitano existirían, pero se difuminaron sobre el césped de Los Cármenes hasta el punto de que su nulo reflejo dejó flotando una seria duda sobre la auténtica actitud del colectivo. Perder con el Granada podía ser asumible habida cuenta cuál era su aliciente, pero de ahí a permitir que lograse cuatro goles va un trecho. Efectivamente, el Athletic dio la razón a los escépticos, a aquellos que anunciaban petardazo.

El partido le vino grande, estuvo de sobra. No cabía preverlo en el inicio, pues entró intenso al partido y halló al rival un tanto descentrado, sin saber qué hacer para tomar las riendas. El habitual buen trabajo sin pelota sirvió para mantener la situación controlada. Una mala decisión de Iñigo rompió la tónica, pero Carlos apuntó a la grada tras meterse solo en el área. A continuación, Córdoba le cedió un balón de oro a Villalibre, quien se empeñó en conducir con la derecha y no supo culminar el mano a mano con Rui Silva. Dos lances nítidos en medio de la espesura, pues nada en limpio extrajeron los contendientes de la pelea física desplegada en el espacio comprendido entre las áreas.

No obstante, daba la sensación de que el Athletic estaba relativamente cómodo, quizás porque a los locales Europa les nublaba la vista y por más que Soldado se afanaba en liarla con su estilo pendenciero, nada relevante sucedía. El problema radicaba en que la creación era nula, con todo volcado al costado derecho, a donde caía Raúl García, ayer ejerciendo de enlace por detrás de Villalibre. El despliegue era muy lento e impreciso. Ni Dani García ni Vesga lograban dotar de cierto aire a las combinaciones. El tufo a cero a cero se iba adueñando del ambiente hasta que de la nada vino el gol nazarí.
 

Las imágenes del partido en Los Cármenes

La acción tuvo su miga porque la posesión era del Athletic, que salía de su campo, cuando Capa quiso asociarse con Vesga y le metió en un compromiso, pues estaba marcado por Puertas, que si no cometió falta sí logró desequilibrarle, de forma que la pretendida cesión atrás del zurdo se convirtió en un excelente pase para Soldado. El veterano ariete recibió en franca ventaja favorecido por un desubicado Núñez, que le había dejado solo en el pasillo perpendicular a la portería, y resolvió con una picada sobre la salida del portero. El Granada se quitó la presión de encima, empezó a tocar más, aunque sin aparecer por los dominios de Herrerín.

Cerca del descanso, Unai López suplió a Vesga, presumiblemente lesionado, y el recién ingresado se hizo notar. Un remate suyo cerró el primer acto, después de haber servido varios pases acertados y rápidos. Garitano buscó más profundidad y a la vuelta de la caseta se incorporaron Yuri y Muniain. Cambió total en la banda izquierda, pero sin efecto alguno. Tras un ratito coleccionando pases en torno a la línea divisoria, sin fabricar nada en ataque, con el anfitrión juntito protegiendo la ventaja, cayó como una losa el segundo. Puertas marcó a placer coronando una contra accidentada, con rebotes y una gran parada de Herrerín, que poco pudo oponer al segundo remate.

El asunto adquirió tintes preocupantes diez minutos más tarde. Continuaba el Athletic haciendo que hacía, con un fútbol que era pura inoperancia, y Carlos aprovechaba otro estirón para fusilar a Herrerín, vendido tras una bonita maniobra de Puertas que dejó sentado a Núñez. Con muy poco, aunque con un índice de efectividad en el remate elevadísimo, el Granada había finiquitado el duelo. Dos remates, a cargo de Raúl García y Williams, apenas maquillaron una actuación del todo decepcionante. Y para redondear la noche, en el peor sentido, el cuarto subió al marcador cuando el Granada estaba ya más pendiente de lo que sucedía en otros campos. La génesis del gol de Montoro fue un ejemplo perfecto de dejadez coral, una de esas acciones que sacan los colores al equipo que recoge el balón de su red.

Garitano había sorprendido de salida con ocho novedades, ni cinco ni seis como deslizó el sábado. Algunas, cantadas, pues suponían que el titular habitual recuperaba su sitio en el once, pero otras no porque llevaron al banquillo a gente intocable hasta la fecha. El contrastado déficit de frescura seguro que estuvo en el origen de la decisión de transformar tan radicalmente la formación, pero este aspecto que en anteriores oportunidades ha dado tanto juego, queda relegado al segundo plano tras asistir al rendimiento ofrecido. Fue una goleada sin paliativos.

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