Exjugador del Athletic

Aitor Larrazabal: "Entrenar al Athletic es un sueño lejano"

27.05.2020 | 00:15
Aitor Larrazabal.

Repasa con DEIA pasado y presente con el deseo de ver triunfar a su hijo Gaizka, a quien aconseja desde la experiencia

Bilbao – Cinco años después de presentar su dimisión como director deportivo de la cantera del Athletic y tras ganar experiencia como entrenador en los banquillos del Gatika, Lemona, Marbella, Amorebieta, Barakaldo y Salamanca, Aitor Larrazabal (Loiu, 21-VI-1971) busca un nuevo proyecto que le permita volver a la actividad. Atrás quedan sus 43 goles y 445 encuentros como león, suficientes para figurar como el octavo jugador en la historia del Athletic con más partidos disputados, una posición solo al alcance de auténticos mitos de una entidad en la que hizo carrera.

¿Cómo y dónde ha pasado el confinamiento?

—De la mejor manera posible en mi casa de Las Arenas, aunque al tener el caserío en Loiu he tenido la posibilidad de moverme a diario para dar de comer a los animales. Las mañanas las he pasado allí y las tardes trabajando y viendo bastantes partidos de fútbol de Segunda B y alguna otra categoría superior.

La pandemia estalló poco después de su destitución como técnico del Salamanca.

—Sí, no duró mucho la aventura, pero fue intensa en una temporada extraña para mí, porque no empecé entrenando después de hacer dos buenas temporadas en el Barakaldo. No se dieron después las circunstancias para entrar en algunos sitios y en noviembre acepté la oferta del Salamanca, aunque el día que llegué dimitió el director deportivo. Fui el quinto entrenador de la temporada y el 26 de febrero me destituyeron, por lo que ahora estoy esperando a ver qué ocurre tras este virus que tan fuerte nos ha atacado para intentar encontrar otro proyecto que me vuelva a seducir.

Llegó a un club con importantes problemas institucionales. Con impagos incluidos.

—Los hubo en algunos momentos y no fue una experiencia agradable, pero son situaciones que te pueden tocar vivir en el fútbol y fui yo quien acepté la propuesta de ir a entrenar allí, si bien desde fuera nunca pensé que la situación dentro fuera la que había.

¿Le cogió por sorpresa el cese?

—El momento en el que se dio sí, pero estuve en el club solo once partidos y teníamos constancia de que desde muchas jornadas antes ya había intención por parte del propietario de habernos destituido. Cuando sabes eso, tampoco te coge tanto por sorpresa.

¿Qué ha aprendido?

—Que para aceptar un proyecto es primordial que haya cimientos y una buena base. Si no ves claro que la organización es buena, es mejor no entrar en ningún equipo. Las ganas de seguir entrenando te pueden llevar a veces a cometer errores en ese sentido, aunque de esta última aventura me llevo la buena acogida que tuve por parte de la afición, pese a que los resultados no fueron buenos, así como los pocos amigos que he dejado en Salamanca, lo cual también es importante.

Un año antes había metido al Barakaldo en el 'play-off' de ascenso a Segunda...

—Sí, la experiencia fue preciosa y fantástica. Partimos con un presupuesto inferior al del curso anterior, en el que conseguimos acabar sextos, pero conformamos un equipo con bastantes cedidos y acertamos en los fichajes. Con un juego más práctico y menos vistoso que el del primer año, logramos estar las 38 jornadas en puestos de play-off. Los chicos creyeron, tenían fe y hambre por progresar hasta que el Hércules, con un presupuesto cinco veces mayor, nos eliminó sin poder ganarnos ninguno de los dos partidos.

¿Qué entrenador ha tenido como referencia?

—He tenido varios, pero el que más me impactó fue Jupp Heynckes. Implantó una tendencia nueva en el juego, la cual nos costó asimilar un poco al inicio tanto a los jugadores como a los aficionados, pero después el equipo estuvo bien durante las dos temporadas de su primera etapa y es el modelo que intento plasmar en mis equipos. Lo conseguí, sobre todo, en mi primer año en el Barakaldo, porque en el segundo viramos un poco por la propia confección de la plantilla para convertirnos en un bloque más rocoso y aguerrido.

¿Se ha marcado algún objetivo a corto plazo?

—No, tengo que esperar e intentar llegar a un acuerdo con alguno de los clubes que tengan la intención de tener a Aitor Larrazabal como entrenador y que el proyecto que ofrezcan, como comentaba antes, me convenza de alguna manera para ponerme de nuevo manos a la obra. Será una temporada atípica y novedosa por todo lo que está pasando y veremos qué pasa.

Echando la vista atrás, han pasado ya cinco años desde que presentó su dimisión como director deportivo de la cantera del Athletic. ¿Lo volvería a hacer?

—Sí, soy una persona que no me arrepiento de las cosas. Soy bastante calmado y no tomo decisiones en momentos calientes. Valoro todo y, por tanto, volvería a tomar las mismas decisiones que he tomado durante mi vida en términos generales.

Dijo adiós trece días antes de que finalizara su contrato. ¿Quién fue quien más le decepcionó en aquellos momentos?

—Fue más un cúmulo de circunstancias las que hicieron que todo se trastocara y decidiera salir, a pesar de quedar solo trece días para irme y tener por delante aquel partido del Bilbao Athletic en Cádiz para subir a Segunda. Lo medité todo, pero no aguanté y fue algo conjunto que no se puede personalizar en un momento o en una acción que no me gustara.

Fue triste que un mito como usted saliera así de Lezama.

—Sí. Ya había dicho públicamente que quería volver a entrenar después de hacer dos buenas temporadas en el Lemona y acumular cuatro años de trabajo a otro nivel y en otro cargo. Me picaba otra vez el gusanillo de entrenar y fue lo que me motivó a salir, pero a nadie le gusta tener que salir en unas condiciones que no fueron nada agradables. Aun así, no pasa nada, porque lo mismo que Lezama está abierto para entrar cuando eres jugador y no sabes si puedes salir en algún momento, lo mismo pasa para una persona que tiene un cargo relevante como era la coordinación de Lezama. Pensé que podía haber gente interesante capaz de ocupar también ese cargo y salí pensando que en el futuro igual podría volver a ocuparlo.

¿Por qué no ha entrenado nunca en Lezama?

—Tuve unas cuatro opciones de hacerlo, pero entré con otra intención por parte del presidente Josu Urrutia, que quería que ayudara a José Mari Amorrortu en toda la organización de Lezama. Así fue durante los dos primeros años y en los dos siguientes pasé a ser el director de la cantera, por lo que no fue el momento de entrenar en Lezama y lo que me pedía el cuerpo era salir para volver a hacerlo y no dejar pasar el tiempo.

¿Sueña de cara al futuro con el banquillo del Athletic?

—¿Quién no sueña con entrenar al Athletic? Hasta Guardiola creo que dijo que le gustaría, pero para mí es un sueño lejano. Antes hay que ir demostrando cosas y en el fútbol nunca se sabe, porque haces dos buenas temporadas en el Barakaldo, parece que puedes tener muy cerca un banquillo de Segunda División y, sin embargo, empiezas la siguiente temporada sin equipo, las cosas no van bien en un banquillo como el del Salamanca y el trabajo anterior no es que se vaya por la borda, pero parece que se minusvalora, por lo que vuelvo a estar con esas ganas de hacer algo interesante para seguir creciendo.

Imagino que le habría gustado tener a un jugador como Aduriz a su disposición, pero no va a poder ya.

—Sin duda. Hubiera sido fantástico, aunque ya pude disfrutar de él como compañero y es un motivo de orgullo. Ahora ha sido compañero de mi hijo y son anécdotas que no van a pasar desapercibidas para esta familia, porque recordaremos que Aritz fue compañero de los dos. La despedida que le dio el club en San Mamés, con lo que está pasando, estuvo a la altura.

Su retirada le impedirá estar en la final de Copa soñada...

—Sí, es una pena mayúscula, pero el cuerpo tiene sus límites.

No hay fecha para el partido, pero se acordó que se jugará con público en las gradas. ¿Qué le parece esa decisión?

—Me parece una decisión acertada por parte de los clubes. Nosotros, además, no somos nada sin nuestra gente.

¿Ha cambiado mucho el fútbol desde su época como jugador?

—Sí, porque el futbolista cada vez es más atleta y se juega a un ritmo mayor. El fútbol ha ido adquiriendo otras características, los jugadores están cada vez más preparados, dominan más situaciones del juego y son mejores tácticamente porque los entrenadores cada vez son más completos también. Hay, sin embargo, una inmadurez en muchos jugadores que piensan que jugar en Primera o Segunda es lo mismo que hacerlo en la Play Station y eso sí es un problema del que nos estamos dando cuenta los entrenadores en el sentido de que hay menos hambre que antes.

Lo dice todo un mito del Athletic. Jugó 445 partidos y marcó 43 goles como león con 29 de 36 penaltis marcados en Primera.

—Nunca fui un jugador que pareciera que el puesto de lateral izquierdo era para mí, pero las adversidades siempre me hicieron dar un plus. Tuve compañeros en mi demarcación que fueron auténtica competencia para mí e incluso estuve a punto de salir del Athletic con la llegada de Bixente Lizarazu, porque veía que esa posición quedaba cubierta con él, pero no ocurrió así.

El carril izquierdo está ahora en poder de Yuri Berchiche. ¿Se parecen en algo?

—No, somos bastante diferentes. Él es un portento físico y está en su mejor momento dando un buen rendimiento al equipo. Ojalá pueda seguir así durante mucho tiempo.

¿Qué le faltó en su etapa como futbolista?

—Jugar una final de Copa. Fue el único sabor amargo que me dejó el fútbol y el día que el Athletic se clasificó en Granada para la final contra la Real, el primer mensaje que le mandé a mi hijo, además de felicitarle, fue para decirle que iba a tener la opción de hacer algo que yo no pude en catorce temporadas.

¿Cómo ve a Gaizka en su primer curso en la élite?

—Le he visto bien. Ha ido creciendo y cuando ha tenido la opción de jugar no lo ha hecho mal, lo cual es importante para un chico nuevo que debuta en Primera llegando desde abajo. Se ha amoldado bastante bien y, obviamente, le hubiera gustado jugar más, como a muchos otros compañeros, pero el entrenador elige y él tiene que esperar su oportunidad para seguir demostrando que puede jugar en la máxima categoría y en el Athletic, que es lo que quiere.

¿Pensaba usted también que podía tener un mayor impacto en el equipo al tener cualidades distintas a las del resto de extremos del equipo?

—Como aita te digo que sí, pero ahí está el entrenador para decidir y lo importante es que entrene bien para que nadie le pueda reprochar nada y sea un buen chico manteniendo los valores y los principios que le hemos enseñado en casa.

¿Le ha llamado muchas veces durante la temporada para pedirle consejo?

—No sé si han sido muchas, pero sí unas cuantas. Sobre todo, en situaciones en las que te quedas fuera de la convocatoria o después de partidos en los que juegas un rato y no apareces en el siguiente. Son momentos de bajón que hemos sufrido también el resto y son momentos en los que hay que recogerlo, tenerlo cerca y aconsejarle.

Estuvo muy cerca de recalar como cedido en el Zaragoza en enero, pero finalmente decidió quedarse.

—Hubo una opción el último día de mercado y le animé a salir porque creo que era bueno para él, pero en el último instante decidió quedarse y apostar por seguir aquí a la espera de tener una oportunidad y eso le llevó a poder clasificarse para una final de Copa. Son decisiones que hay que tomar en muy poco tiempo. Él lo decidió así y yo siempre le voy a apoyar como padre. Esto sigue, tiene una edad fantástica para jugar y ojalá pueda hacerlo cuanto antes para disfrutar del fútbol.

¿Cree que triunfará en el Athletic?

—Ojalá. Es difícil saberlo. Yo hubiera firmado un papel en blanco si me dicen al debutar con el Athletic que iba a jugar 445 partidos en Primera. Triunfar no es jugar una temporada y media, sino tener 200 partidos con esa camiseta y eso no lo tienen muchos futbolistas, pero me haría una ilusión enorme que lo consiguiera, porque le he visto progresar mucho en poco tiempo y ojalá encuentre su sitio en el equipo para demostrar lo que vale.

"Como futbolista me faltó jugar una final de Copa. Fue el único sabor amargo que me dejó el fútbol"

"Gaizka pudo salir el último día del mercado y le animé a salir porque creo que era bueno para él"

"El entrenador que más me impactó fue Jupp Heynckes. Es el modelo que intento plasmar en mis equipos"

"He aprendido que para aceptar un proyecto es primordial que haya cimientos y una buena base"


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