Athletic 3-2 Levante La crónica

El influjo de las inercias

El Athletic encadena el tercer triunfo con un penalti en el añadido después de malgastar una holgada ventaja y permitir que el Levante le encajonase en la segunda mitad

08.02.2020 | 23:22
el delantero del Athletic Iñaki Williams (c) con el balón ante los jugadores del Levante

El Athletic encadena el tercer triunfo con un penalti en el añadido después de malgastar una holgada ventaja 

ATHLETIC: Herrerín; Capa (Min. 72, Ibai), Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; De Marcos, Beñat (Min. 79, Iturraspe), San José, Córdoba; Raúl García (Min. 57, Muniain) y Williams.

LEVANTE: Aitor Fernández; Rubén Vezo (Min. 80, Moses), Erick Cabaco, Postigo, Coke (Min. 65, Luna); Jason, Rochina (Min. 69, Mayoral), Rober Pier, Morales; Campaña y Roger.

Goles: 1-0: Min. 5; Yuri Berchiche. 2-0: Min. 27. Aitor Fernández, en propia puerta. 2-1: Min. 50; Roger, de penalti. 2-2: Min. 89; Cabaco. 3-2: Min. 93; Muniain, de penalti.

Árbitro: Munuera Montero (Comité Andaluz). Expulsó a Cabaco, en el minuto 96, por doble amonestación. Además, mostró tarjeta amarilla a los rojiblancos Raúl García (Min. 6), Yuri (Min. 77), Muniain (Min. 78), y a los visitantes Morales (Min. 4), Vezo (Min. 43), Postigo (Min. 45) y Roger (Min. 77).

Incidencias: Partido correspondiente a la trigésima jornada de LaLiga Santander, disputado en San Mamés ante 36.450 espectadores, según datos oficiales.

Bilbao - Sigue el Athletic abriéndose paso hacia la zona noble de la tabla. Enlazar tres victorias constituye un logro poco común en liga, lo es cualquiera que sea la identidad del equipo y la fase del calendario, pero el que dirige Gaizka Garitano acaba de hacerlo realidad justo cuando se decide el signo de la temporada. Atlético de Madrid, Girona y Levante aparecen como las víctimas del estirón que definitivamente obliga a plantear Europa como único objetivo. La prudencia se va quedando sin argumentos y deja sitio para que irrumpan la ilusión y la euforia. En una tarde desapacible, San Mamés comprobó el formidable influjo de las inercias en el fútbol. Ganó el que viene acumulando sensaciones positivas y cayó el que lleva tiempo sin experimentar alegrías. Hubo situaciones y factores de sobra para que la balanza se hubiera inclinado hacia un lado y el otro o que el duelo hubiera desembocado en empate, pero finalmente el destino sonrió al Athletic y no cabe hablar de casualidad.

El resultado es de por sí bastante elocuente, refleja la incertidumbre que se apoderó del partido, así como el equilibrio que hubo. El hecho de que se resolviese pasado el noventa y de penalti refuerza la impresión apuntada: el Athletic está inmerso en una dinámica positiva y no es relevante que esté inspirado, mientras que el Levante no levanta cabeza por mucho empeño que ponga. Sin embargo, el comienzo no hacía prever tanta tensión. El Athletic marcó muy pronto y amplió la ventaja casi sin despeinarse, antes de la media hora. Coser y cantar. Cierta soltura, una estimable pegada y ningún apuro, por más que el Levante insistía en progresar.

Qué más querían los rojiblancos que esperar a su rival para machacarle a la contra. Era el escenario ideal, pero una vez más el pragmatismo derivó en especulación y vinieron los problemas, que fueron agudizándose irremisiblemente. A partir de la hora de juego y con un solo gol de margen, el Athletic quedó encajonado, sin arrestos para visitar la portería granota, expuesto a lo que acabó produciéndose. La igualada certificaba el peligro del conservadurismo y premiaba a un Levante que disimuló su fragilidad con amor propio. El reparto de puntos, que a ninguno colmaba, se antojaba inamovible pero aún faltaba el coletazo local, que sirvió para correr un tupido velo sobre una actuación muy irregular y prolongar la fiesta de la afición.

Garitano repitió alineación con las novedades de Yeray por Núñez y San José por el lesionado Dani García. Extrañó una apuesta que enseguida dio réditos. Córdoba combinó con Yuri, quien con escaso ángulo estampó su zurdazo en la red. No se inmutó el Levante, atrevido para acaparar posesión y ganar metros, pero endeble en defensa. Rochina se multiplicaba, Jason probó a balón parado, luego fue Coke, pero las réplicas en el área opuesta tenían más visos de prosperar. Los centrales no podían con Williams y Córdoba picoteaba con intención. La voluntariosa iniciativa del Levante recibió un segundo plastazo en una veloz arrancada de Capa, cuyo cambio de juego aprovechó Córdoba para trazar un pase raso que Williams cruzó con la suerte de que el despeje de Vezo golpeó en el cuerpo de Aitor y entró.

DICHOSO VAR

Muy fácil. Cómodo y con el viento a favor. Hasta el VAR echó un cable cerca del descanso. En un córner cerrado Coke saltó con Herrerín y el árbitro vio gol legal, no así sus colegas de las cámaras. Sancionaron falta del atacante una acción que pareció limpia. El criterio de los jueces dio oxígeno al Athletic y retrasó lo que llegaría recién iniciado el segundo acto. El VAR dio la razón a Munuera Montero, que apreció derribo de Beñat a Roger, encargado de transformar el penalti.

El asunto cobraba un aspecto menos amable. A la temprana sustitución de Raúl García respondía Paco López con dos relevos para potenciar la ofensiva. El Levante pasó a disponer de dos delanteros y el partido se desarrollaba al completo en terreno del Athletic, que pudo interrumpir el paulatino crecimiento granota en un chut de Muniain que tocó la madera. No fue así, de modo que perseveró el cuadro visitante, obligado a echar el resto ante un enemigo apocado. La verdad es que las oportunidades fueron muy contadas, Morales no está fino, los puntas se movían sin recibir suministro y en ese tramo salió a relucir la acreditada eficacia de un conjunto que ha basado su resurrección en el balance defensivo. Yeray e Iñigo, ambos por detrás de la frontal del área, en el espacio donde se cobran los remates, se bastaban para taponar fisuras.

La lesión de Capa tampoco benefició y el habitual relevo de Beñat otorgó un ratito a un Iturraspe falto de ritmo. El Athletic, centrado en aguantar, no tenía recursos para alterar el curso de una pelea que adquiría trazas poco recomendables. Mayoral cazó una volea que Herrerín desvió a córner. No se registraron otras ocasiones nítidas, pero la pelota no salía de esa zona que invita a esperar lo peor, aunque el repertorio del que ataca carezca de filo. El disgusto se originó a balón parado: córner a la corta y Cabaco se anticipa a Yeray. Un minuto para el noventa. Al abordaje, a buscar por la tremenda una solución para una tarde olvidable.

Y surgió el chispazo, con la colaboración del dichoso VAR. Moses peleó con Córdoba y con Muniain tras apurado despeje de Aitor, ambos delanteros cayeron y el árbitro no dudó. Es posible que la segunda entrada fuese merecedora del castigo que Muniain subió al marcador tirando a romper. La desesperación granota y el jolgorio del anfitrión ambientaron un desenlace que coloca Europa al alcance de la mano.