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El indomable Mikel Rico

Sin apenas presencia en su último año de contrato, acaba de superar un período de tres meses lesionado y mira de reojo a la cita de Huesca, el club que pretendió ficharle en verano

08.02.2020 | 00:49
Rico conduce el balón durante el entrenamiento de ayer ante la presencia de Balenziaga y Yeray. Fotos: José Mari Martínez

Sin apenas presencia en su último año de contrato, acaba de superar un período de tres meses lesionado

Bilbao - El próximo lunes el Athletic jugará por cuarta vez frente al Huesca en la presente campaña. Una cita con una especial significación para Mikel Rico, no tanto porque pueda intervenir en la misma, sino porque se trata de un club que conoce bien y al que pudo haber regresado el pasado verano. El año está siendo duro para Rico en todos los sentidos. Ha dispuesto de pocos minutos y los contratiempos físicos no le han facilitado las cosas. El destino quiso que se perdiese los tres encuentros anteriores contra el conjunto aragonés y la historia podría repetirse.

En principio, sus opciones de jugar en El Alcoraz serían escasas, no en vano lleva tres meses en el dique seco y solo una semana trabajando con sus compañeros. Por todo ello, es posible que ni figure en la convocatoria aunque faltará Dani García, uno de los centrocampistas habituales, que cumple sanción.

Mikel Rico estuvo en la órbita del Huesca en la pretemporada. También antes trascendió el interés de la entidad cuyos colores defendió desde 2007 a 2011 en dos etapas. Al parecer, las conversaciones entre los responsables de ambos clubes abonaron el terreno para que la operación se realizase, pero el futbolista tuvo la última palabra y prefirió seguir en el Athletic. En su decisión influyó la opinión de Eduardo Berizzo, quien le dio a entender que entraba en sus planes.

En la práctica no fue así. El nombre de Rico únicamente asomó en siete de las muchas listas que elaboró el técnico argentino. Se estrenó en septiembre con diez minutos ante el Madrid y tuvo que esperar hasta finales de octubre para gozar de la titularidad. Ocurrió en la décima jornada en San Mamés con la visita del Valencia y volvió a actuar de salida en la siguiente, en el campo del Espanyol. En total, fueron 155 minutos repartidos en tres choques.

Ocupó plaza en el banquillo en el Wanda Metropolitano y repitió en el once con motivo del Trofeo Teresa Herrera, frente al Deportivo, que se celebró aprovechando uno de los paréntesis ligueros. Ese 14 de noviembre ingresó en la enfermería con un golpe en el pie izquierdo. Abandonó Riazor apoyado en unas muletas y permaneció mes y medio en rehabilitación. El tercer día de 2019, justo en la que era su primera sesión con el grupo, sufrió una rotura en el tendón peroneo largo de la pierna izquierda que ha prolongado su ausencia hasta la fecha.

Ahora, por fin Rico puede ponerse a disposición del Gaizka Garitano, a quien no había tenido la oportunidad de ofrecerse. Cumplidos los 34 años, todo apunta a que en junio saldrá de Lezama y pondrá el punto final a una etapa que abrió en 2013, cuando fue fichado del Granada. Entonces acumulaba un par de temporadas en la máxima categoría, tras un largo periplo por Tercera, Segunda B y Segunda A. Militó en las filas del Conquense, Polideportivo Ejido, Huesca y un trienio en el Granada, su trampolín para que el Athletic le llamase.

EL CÉNIT Ese pasado modesto, típico del futbolista que debe labrarse un prestigio fajándose lejos de sus orígenes, generó ciertas reticencias en Bilbao. Rico se encargó de disiparlas con un par de cursos donde rayó a gran altura, erigiéndose en imprescindible en el círculo central a las órdenes de Ernesto Valverde. Fue sexto y cuarto en el ránking de minutos sumados. Sin embargo, en adelante su participación decayó y ya no recuperaría la condición de fijo. Con el mismo entrenador, Valverde, su función fue la de alternativa en situaciones concretas. En la 2016-17 tocó fondo con el peor registro: 718 minutos repartidos en 23 partidos, que le convertían en el decimonoveno del plantel.

El aterrizaje de José Ángel Ziganda, que coincidía con su último año de contrato, no mejoró sus expectativas. Cayó lesionado, anduvo a vueltas con un tobillo casi tres meses y de repente reapareció en noviembre. Andaba el equipo alicaído, agobiado, y el brío que le insufló Rico se recibió como una bendición.

Viendo su desenvoltura sorprendía que hubiesen transcurrido doce meses clavados desde su anterior titularidad. Volvió a lesionarse, pero pudo doblar las estadísticas del curso previo y, en agradecimiento, el club le amplió el contrato hasta junio de 2019, hecho que el interesado valoró así: "Estoy casi más contento que cuando llegué". Una alegría que contrasta con los episodios que ha vivido en los últimos meses.

Entrenamiento en lezama