Segunda fase del plan Garitano
Garitano se centró con éxito en dotar de solvencia defensiva a la estructura al hacerse cargo del equipo, en adelante deberá potenciar aspectos relacionados con la creatividad
Bilbao - Se da por hecho que pase lo que pase mañana Gaizka Garitano seguirá en su puesto. Él, por si acaso, después del empate con el Valladolid recordó que está “a disposición del club” y seguido, porque esa noche costó conciliar el sueño, se puso a preparar la segunda fase del rescate del equipo. No será la crucial, apelativo que se adjudica a la última decena de jornadas, pero sí vital para conocer con mucha aproximación cuáles son las probabilidades del Athletic. Lo que acontezca en el período inmediatamente posterior al paréntesis navideño establecerá el nivel de la calidad de vida de jugadores, del propio Garitano, del nuevo presidente y sus directivos, así como del cuerpo social y de la calle en general.
En enero se sabrá en qué queda la participación en la Copa, pues acoge los octavos con el Sevilla y el eventual acceso a los cuartos, pero lo realmente importante se cocerá en la Liga con Celta, Sevilla -ecuador del torneo-, Villarreal y Betis, rivales a los que sucederán Real Sociedad, Barcelona, Huesca y Eibar, ya en febrero. El saldo de puntos resultante de este paquete de encuentros orientará el signo de la temporada. Una vez se hayan jugado, la perspectiva estará muy condicionada por la clasificación y, en las hipótesis más negativas, por el hecho de que el margen de maniobra se habrá reducido sensiblemente.
La fase de toma de contacto concluyó con el Valladolid y era prácticamente imposible que sirviera para transformar la situación que provocó el relevo en el banquillo. Garitano no se equivoca cuando dice que del pozo de la tabla se sale poco a poco. Sin embargo, se dio mucha prisa en tomar medidas que cambiasen el errático funcionamiento del equipo. Aplicó un plan de choque enfocado a acabar con la fragilidad de la estructura diseñada por Eduardo Berizzo y sus consecuencias en forma de goles recibidos.
Muy condicionado por el calendario, se concentró en las facetas más básicas del juego. Debutó en el trámite copero de Huesca con un único entrenamiento y solo cuatro días después negociaba con éxito la delicada visita del Girona. Lanzada la competición no había lugar para los experimentos, así que valoró la forma, el rodaje y las características de los jugadores para formar un bloque que se adaptase a sus directrices. Tocó bastantes aspectos de la etapa precedente: el dibujo y la ubicación de las piezas en las distintas líneas, el marcaje individual se sustituyó por el zonal, potenció las bandas para atacar, redujo la elaboración por el carril central con un estilo más directo y, cómo no, mantuvo la consigna de máxima intensidad, especialmente sin balón.
Hizo una revisión del reparto de minutos, que de momento incluye la titularidad de Capa, el regreso de Dani García, la irrupción de Córdoba y la persistencia de la pareja Raúl García-Aduriz arriba del todo. Herrerín, Yeray, Iñigo, Yuri y Beñat mantienen el puesto, mientras que Williams y Susaeta se alternan en el ala derecha. De Marcos, San José y Muniain han sido quienes han perdido presencia de modo más acusado.
El fruto de la terapia de urgencia ha sido patente y muy beneficioso en cuanto a que ha frenado la sangría en defensa. El Athletic apenas ha sufrido en su área y solo ha concedido un gol en cuatro partidos. Un tanto doloroso por el modo en que se produjo y porque privó de dos puntos que hoy permitirían hablar de una reacción fulgurante.
Despertar Resulta innegable que al interiorizar la idea de Garitano, el equipo ha despertado y dado muestras de su capacidad para aspirar a la victoria en cada actuación, pero se trata de un plan de choque basado en apuntalar conceptos elementales. Lo triste es comprobar que de repente el Athletic no se rompe ante rivales que gozan de una holgada ventaja en puntos. Solo metiendo ritmo, ordenado y eludiendo errores, ha sido mejor que Girona, Alavés y Valladolid.
No obstante, también han asomado las carencias que se arrastraban, la mayoría relacionadas con el uso del balón. No se percibieron, al revés, frente al Girona, sí en los dos choques siguientes. En parte se comprende porque la coyuntura atenaza al futbolista, pero la escalada requiere pulir defectos en la estrategia de ataque y, sobre todo, en la circulación. La fórmula del rompe y rasga unida a una pauta táctica razonable estabiliza el conjunto, pero no alcanza, se queda corta por sí sola para potenciar la creatividad y el remate.
Ahora puede Garitano ir abordando esos avances necesarios. La plantilla volverá con la mente aireada el sábado a Lezama y pasarán nueve días antes de iniciar en Vigo una serie de partidos muy seguidos que examinarán la profundidad del grupo. “Nos falta claridad arriba desde el principio de temporada”, “faltan más aportaciones de cara al gol” o “tenemos mejora en el mantenimiento del balón, en la elección en los últimos treinta metros y en las contras” son reflexiones de Garitano previas al parón. Materia en la que debe incidir para ir elevando el rendimiento. Lograda cierta solidez, lo que toca es cultivar una mejor relación con la pelota.