ALAVÉS: : Pacheco; Ximo Navarro, Laguardia, Maripán, Duarte; Ibai (Min. 72, Borja Bastón), Tomás Pina, Manu García, Jony (Min. 85, Burgui); Guidetti (Min. 46, Sobrino) y Calleri.

ATHLETIC: Herrerín; Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; Beñat (Min. 74, San José), Dani García; Susaeta, Raúl García, Córdoba (Min. 62, Muniain); y Aduriz (Min. 67, Williams).

Árbitro: Mateu Lahoz (Comité Valenciano). Por el Alavés, amonestó a Duarte (Min. 57) y Borja Bastón (Min. 87); y a Dani García (Min. 14) e Iñigo Martínez (Min. 47), por el Athletic.

Incidencias: Partido de la decimosexta jornada de LaLiga Santander disputado en Mendizorrotza ante 19.349 espectadores, con alrededor de medio millar de seguidores del Athletic.

El Athletic dio continuidad en Mendizorroza al plan de rescate de Gaizka Garitano, pero no le alcanzó para repetir victoria, lo que le hubiese sacado de la zona de descenso. El punto sumado no conlleva ese refuerzo anímico, aunque alienta una lectura positiva en cuanto a que el equipo volvió a blindar su portería, apenas concedió en área propia y tuvo bajo control a su oponente, un Alavés que apeló en vano a todas las fórmulas posibles para generar peligro. De hecho, el balance ofensivo visitante fue superior al del conjunto local, pero insuficiente asimismo para aspirar a un gol que posiblemente hubiese bastado para decidir un derbi feo con avaricia, donde el balón estuvo más tiempo volando que a ras de césped. Ni el ruido ambiental ni las ganas de los protagonistas, todos ellos vestidos con el mono de trabajo, lograron dotar de un mínimo de brillo al espectáculo.

Fue una guerra física y táctica de principio a fin, cuyo desenlace no satisfizo a los contendientes, pero funcionando así es a cuanto podían aspirar. Por parte rojiblanca se esperaba una propuesta del tipo de la desarrollada: se trataba de emular al Alavés en términos de intensidad, agresividad y concentración. El resto de las virtudes que deben facilitar el acceso al triunfo quedaron aparcadas para mejor ocasión. Salvo una fase en el primer período tras casi media hora dedicada por ambas partes a marcar territorio con fiereza, el encuentro discurrió en un tono muy discreto, inspirado en la vieja fórmula del pico y pala. En ese rato para la ilusión, logró el Athletic soltarse algo, tuvo más posesión y percutió con cierta fluidez, usando ambas bandas. Aduriz pudo culminar la mejoría con una volea que salió cruzada, luego volvió la monotonía del pelotazo y la disputa sin concesiones, ni al rival ni a la galería.

La verdad es que el equipo no se siente incómodo jugando a morder con un dibujo prudente y equilibrado. Garitano tocó poco su once respecto a la jornada previa. Tiene muy claro lo que quiere, al menos hasta que se recupere el pulso en la clasificación. El regreso de Iñigo y Yuri estaba cantado, son el central y el lateral zurdo titulares en condiciones normales. La tercera novedad fue la entrada de Susaeta en la posición de Williams, al que sin duda reservó como baza para, con el partido más roto, explotar los espacios ante una zaga que no destaca por su velocidad.

Es innegable que los chicos están aleccionados y han asumido sin reservas que lo que su entrenador les pide es válido para competir. Su despliegue es formidable, se observa una aplicación ejemplar a la hora de incomodar, nadie se escaquea. Anoche hasta pareció que los jugadores están a gusto fajándose como poseídos, yendo a por uvas, tirando de riñones, insistentes, expeditivos en labores destructivas. No obstante, se echa en falta una pizca de ingenio, algo de elaboración y atrevimiento. Bien está eludir riesgos innecesarios, pero hay situaciones que reclaman criterio, temple, recursos no vinculados exclusivamente al sudor, que tienen que ver con el tacto y la visión, sobre todo porque solo a base en empuje cuesta fabricar peligro.

Seguramente, la consigna era desgastar al Alavés, hacerle ver que por las bravas no tenía posibilidad de progresar y, en la medida de lo posible, someterle. En ese sentido, el objetivo se cumplió, los elementos capaces de desequilibrar en las filas de Abelardo pasaron completamente desapercibidos. Ni Jony, ni Guidetti, ni Sobrino, ni Bastón, ni Ibai inquietaron. Solo Calleri anotó un remate con intención cerca de la conclusión, un chut cruzado sin puntería. Pacheco estuvo más ocupado que Herrerín: además del remate ya comentado de Aduriz, sus manoplas repelieron sendos intentos de Raúl García y Córdoba. Las aproximaciones del Athletic siempre dieron mayor sensación de que algo podía pasar.

MUY IMPRECISOS Ahora bien, de nuevo hubo un déficit importante de precisión en los centros, tanto en jugada como a balón parado. Y así resulta complicadísimo plasmar en algo tangible el esfuerzo colectivo. Córdoba fue el único que se atrevió a conducir, hizo algunas migas con Yuri en el primer acto, mientras Capa iba a lo suyo por el costado opuesto, acumulando kilómetros y metiéndose en dos oportunidades hasta la misma cocina. La brega de Raúl García y Aduriz constituía el tercer argumento en ataque y la suma de todo ello arrojó un saldo pobre, sin demasiado parecido a la producción que mantuvo al Girona con el corazón en un puño.

Garitano buscó otro modo de percutir en la recta final, recurriendo a Muniain y Williams, pero ni uno ni otro se enchufaron. El cansancio era patente para entonces y pese a que el Alavés aparentaba entereza, lo único que deparó el derbi en los minutos críticos fue más batalla, más pelotazos y un sinfín de interrupciones provocadas por el ardor y la generosa entrega del personal. Los centrocampistas, de uno y otro lado, estuvieron más pendientes de destruir, de no regalar metros, repartiendo golpes, presionando hasta agotar el combustible. Si a alguien se le ocurría bajarla y levantar la cabeza, enseguida le iba un contrario encima, o dos. Idéntica actitud para anularse mutuamente y asegurar las tablas.

El resultado de anoche se dará por bueno en el supuesto de que se derrote al Valladolid el sábado. El Athletic ya sabe cómo protegerse, es más sólido, Girona y Alavés pueden dar fe de ello, pero en San Mamés necesitará arrojo y acierto con el balón si quiere los tres puntos.