ATLÉTICO: Oblak; Vrsaljko, Giménez, Lucas (Min. 46, Godin), Filipe; Correa (Min. 68, Gabi), Thomas, Saúl, Koke (Min. 59, Gameiro); Griezmann y Diego Costa.

ATHLETIC: Kepa; Lekue, Íñigo Martínez, Núñez, Saborit; San José; Susaeta, Beñat (Min. 64, Iturraspe), Vesga (Min. 71, Córdoba), Sabin Merino; y Williams.

Goles: 1-0: Min. 67; Gameiro. 2-0: Min. 79; Diego Costa.

Árbitro: González González (Comité de Castilla y León). Por el Atlético, amonestó a Correa (Min. 17), Diego Costa (Min. 35) y Filipe Luis (Min. .62). Del Athletic, a Beñat (Min. 40) y Unai Núñez (Min. 70).

Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo cuarta jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Wanda Metropolitano ante 60.022 espectadores.

El Athletic triste de tantas jornadas compareció en el Metropolitano y lo abandonó con las orejas gachas. Su propuesta se limitó a evitar que le hiciesen gol y ya se sabe cuál suele ser el desenlace en estos casos. Fue capaz de mantener a raya al Atlético de Madrid sin agobios durante una hora, mostrando cierta solvencia defensiva, pero es muy complicado puntuar cuando se renuncia expresamente a atacar y todo el esfuerzo se enfoca a defender. Para que un plan así sea exitoso además de una gran firmeza propia se precisa que delante haya un rival inoperante, y no se dio ni lo uno ni lo otro en la segunda mitad. En este período el equipo se condenó, primero reculando en exceso, lo cual favoreció que las aproximaciones colchoneras empezasen a acumularse, y luego brindando sendos regalos en las acciones que terminaron con el balón en la red de Arrizabalaga. El otro portero, Oblak, se marchó a casa sin pasar por la ducha, pues ningún jugador del Athletic se dignó a aparecer por su área en toda la tarde, ni siquiera por cortesía, para saludarle.

Se auguraba un partido difícil, barnizado con la aspereza que distingue la concepción futbolística del Atlético y la forma en que gestiona cada disputa. Esto es: cero concesiones atrás, escasa vistosidad si no interviene Griezmann y máximo aprovechamiento de las debilidades ajenas. A ese guion se atuvo el conjunto local, pero con un perfil bajo, muy bajo por momentos. En la contención no necesitó exhibir sus artes porque jamás se sintió inquietado, con un par de faltas a tiempo fue suficiente. El francés anduvo desaparecido y sin sus enredos entre líneas los demás fueron incapaces de generar algo decente con la pelota. Así las cosas, la clave estuvo en el tercer punto, el referido a rentabilizar la generosidad del Athletic. Y ahí se debe reconocer que a este Atlético espeso sí le funcionó el instinto. Un par de pérdidas estúpidas, de las múltiples que se contabilizaron en las posesiones (por decir algo) de los hombres de Ziganda, decantaron el resultado.

Por supuesto, no hubo réplica a los goles. Pretender que el Athletic se transformase con un par de cambios después de no efectuar un solo remate en 67 minutos? Perdón: San José chutó cerca del descanso desde fuera del área, alto. Pretender la reacción en un equipo que casi ni ha atravesado la línea divisoria de ambos terrenos, era utópico, máxime porque sus integrantes saben de sobra que una vez que el Atlético toma la delantera estás sentenciado. No hay forma de voltear el marcador, menos para un Athletic que a esas alturas no podía disimular su merma física y anímica.

Aguantó mientras duró el 0-0, aunque en su rendimiento se observó una tendencia descendente. La puesta en escena recordó a la de Moscú, en cuanto a que hubo orden, solidaridad y un par de centrales que se las arreglaban para marcar territorio e impedir las correrías del pesado de Diego Costa. El peligro del Atlético se redujo a una falta que Giménez remató forzado, con poco ángulo, y un pase de Correa desde el fondo que atravesó el área. Muy poco, señal de que el Athletic, a falta de otras virtudes, estaba puesto para proteger a su portero. Fue obvio que con un par de fundamentos colectivos correctamente ejecutados, el Athletic estaba en condiciones de sacarle las vergüenzas al Atlético, impotente para desequilibrar en estático y neutralizado en las transiciones directas por las piernas de Núñez y la excelente colocación de Iñigo, con diferencia el más destacado de los suyos.

UNA CALAMIDAD También intercaló el Athletic algunos turnos con pelota e incluso logró que el primer acto concluyese con el contrario reculando, sin embargo el balance ofensivo fue un auténtico fracaso. Williams, a modo de avanzadilla, no la olía, a menudo se ubicaba donde no suma y recibía leña. Por detrás de él, un páramo. Susaeta tuvo el día cruzado, quizá batió su récord de pérdidas de balón, pero no le anduvo a la zaga Beñat, desconocido. Tampoco San José compensó en la salida del juego y encima tuvo la desgracia de verse implicado directamente en los dos goles. En la reanudación entró Iturraspe y equivocó sus tres primeros toques. Por repasar la aportación de la gente del medio campo, apartado donde figuraría Vesga. Qué decir de Vesga? y de Sabin. Entre los dos no sumaron el mínimo exigible a un solo hombre. Fríos, huecos, desorientados, ni para arriba ni para abajo. Flotando. En fin, demasiados jugadores enemistados con la pelota, lo que deparó un derroche de imprecisiones y derivó en una calamidad, una imagen difícil de sobrellevar.

Se podrá argumentar que con la alineación, Ziganda asumía un riesgo excesivo, dado que hizo coincidir a un elevado número de piezas que no vienen participando. Eran ocho variaciones sobre el once que saltó en Moscú el jueves. Seguro que era preciso otorgar descansos, pero juntar de buenas a primeras a tantos elementos sin ritmo y sin confianza se antoja una temeridad. Ya puestos a analizar el tema, es inevitable preguntarse si Córdoba es justo el único de la plantilla que no merece un sitio el día en que se le da la vuelta al equipo como si de un calcetín se tratase.

Lo realizado por el Athletic hasta el intermedio confirma que en Lezama se trabajan a fondo aspectos concretos como los movimientos y la coordinación defensivas, pero cuesta creer en que el entrenador hiciese ayer la selección que hizo aspirando a sorprender a la zaga del Atlético. Quizá aguardaba a que enfrente se desgastasen para probar algo más en el plano ofensivo, pues desde el inicio y a lo largo de una hora fue patente que en la alineación no había consistencia para intimidar a Giménez, Filipe y compañía.

Hasta los protagonistas se dieron cuenta y se recostaron en torno a su área en la segunda parte, no merecía la pena proyectarse en ataque, era inútil sin suministro, sin enlazar tres pases. Nulo a la hora de asociarse, el Athletic se abocó a dejar que los minutos se agotaran, resistiendo, pero el Atlético halló los resquicios para hacer daño. Dos pérdidas, dos contras y asunto liquidado. Se veía venir.