Bilbao - Casi a la misma hora en que Aymeric Laporte posaba con la camiseta del Manchester City, Iñigo Martínez ofrecía sus primeras declaraciones como futbolista del Athletic. La celeridad con que se ha movido la directiva de Josu Urrutia ha superado toda previsión. El cambio de defensa central ha sido un visto y no visto si se considera que hace una semana escasa se supo de la disposición del club que entrena Pep Guardiola a abonar la cláusula que figuraba en el contrato de Laporte. Enseguida empezó a especularse con la posibilidad de que el Athletic reforzase el equipo haciendo uso de parte de los 65 millones que ingresaría, una opción que según lo visto no mereció ser sometida a un gran debate entre los responsables. La mitad de ese importe ha ido a parar a las arcas de la Real Sociedad e Iñigo Martínez se pone a las órdenes de José Ángel Ziganda en la sesión de entrenamiento de hoy. Podría estrenarse el domingo ante el Girona.
La capacidad de maniobra demostrada por el Athletic ha podido causar sorpresa, especialmente entre quienes insistían en tachar de inoperante la política deportiva de unos dirigentes que no habían efectuado contrataciones en los dos últimos veranos. Sin embargo, los hechos son concluyentes. Al contrario que en las ocasiones en que otros futbolistas marcharon previo abono de la cláusula, Javi Martínez o Herrera, el club ha creído que la baja de Laporte generaba un problema a subsanar sin dilación. El propio Laporte fue en su día el relevo de Amorebieta, otro que dejó Bilbao después de negarse reiteradamente a renovar, y ahora, por su condición de insustituible en los planes del actual técnico, constituía un riesgo afrontar lo que resta de campaña con ese hueco en la zaga. Como siempre, dentro de la escasez de alternativas que había en el mercado, Iñigo Martínez era por su calidad claramente la principal apuesta.
El Athletic no se anduvo por las ramas. En cuanto certificó que el City se saldría con la suya porque así se lo trasladó Laporte, contactó con Martínez, quien sencillamente no pudo negarse a dar un salto en todos los órdenes de su estatus profesional, tal como explicó ayer en San Mamés. Es obvio que el ondarrutarra recala en el Athletic como parte de una operación a varias bandas que se activa al norte, a una distancia de muchos kilómetros. El Athletic se limita a reaccionar y acepta los códigos que rigen en la selva que es el fútbol actual gracias a que, de repente, alguien se encapricha y suelta la barbaridad de 65 millones por los servicios de un defensa.
PUERTAS ABIERTAS No obstante, también es verdad que lo mismo que Laporte siempre dejó abierta la puerta a una despedida, aunque se aseguró de que el Athletic la rentabilizase como ahora ha ocurrido, Iñigo Martínez hizo en su día una jugada que asimismo le liberaba para aprovechar una oportunidad como la que acaba de surgir. Conviene recordar que en la primavera de 2016, la Real prolongó su vínculo hasta 2021 y pretendió que el jugador transigiese con una cláusula de las denominadas “anti-Athletic”, a lo que este se negó en redondo. Y no se quedó ahí, pues exigió a Jokin Aperribay que la cláusula fuese decreciente con el paso de los años. Hoy estaba en 32 millones, muy lejos de los 50 y 40 de otros inquilinos del vestuario de Anoeta, y en 2019 bajaba a los 25.
En el acuerdo alcanzado con el Athletic, Martínez asume que su precio en el mercado pase a ser de 80 millones. Ese brutal salto respecto a la tasación que ayer mismo cubrió el Athletic obedece sin duda a que ha firmado hasta 2023 y con un incremento sustancial en la ficha. Según deslizó ayer Josu Urrutia, ni por asomo el que ha circulado en medios y redes, que le erigía como el mejor pagado de la plantilla. Números importantes en cualquier caso como corresponden a un jugador contrastado en la elite, internacional absoluto, sondeado en diversas ocasiones por equipos poderosos, incluido el pasado verano, cuando su nombre sonó en la órbita del Barcelona. Ernesto Valverde podría contar algo al respecto.
Un futbolista que poco ha dudado al enterarse de que el Athletic quería contar con él. En cuestión de horas, porque sus interlocutores tampoco le concedían más margen en el escenario ya descrito y con la temporada lanzada, dio el visto bueno a la oferta para cambiar de aires y trabajar por fin en su provincia, pues toda su carrera había discurrido bajo la disciplina de la Real, donde ingresó con 13 años procedente del equipo del pueblo, el Aurrera y donde era uno de los capitanes junto a Xabi Prieto, Illarramendi y Agirretxe.
Con 26 años cumplidos, Martínez era la pieza a conseguir sin ningún género de dudas y ya viste de rojo y blanco. Parece ser que llevará el mismo dorsal que Laporte y cabe aseverar que con su adquisición el club no capta un sucedáneo precisamente. En absoluto es una versión menor del hombre que acaba de salir con destino al City. Para gustos, los colores. Solo el tiempo establecerá la auténtica valía del nuevo central zurdo, pero de entrada no desmerece del galo y no faltan técnicos que estiman que algunas de las virtudes que atesora, la agresividad por ejemplo, le hacen muy interesante para el Athletic. Al margen de golpeo, conducción y colocación, Iñigo Martínez es de los que se parte la cara y no rehúye la dificultad.