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Los vaivenes de Córdoba

El joven extremo atraviesa una fase sin apenas presencia en el equipo que contrasta en exceso con la inmediatamente anterior, donde acumuló hasta diez titularidades casi consecutivas

Los vaivenes de CórdobaFoto: Juan Lazkano

bilbao - El 29 de noviembre en San Mamés fue la última oportunidad en que pudo verse a Iñigo Córdoba en la alineación inicial. Dos meses después, el extremo está poco menos que desaparecido: no ha vuelto a gozar de la titularidad y se tiene que conformar con participaciones testimoniales. En concreto, pese a que Ziganda acostumbra a contar con él para completar la convocatoria, en este tiempo solo ha intervenido media docena de ratos de entre diez y dos minutos de duración. Un rol que no se parece ni de lejos al que desempeñaba en los primeros meses de la temporada y sobre todo en el período que siguió a la grave lesión de Iker Muniain, cuando sorprendentemente Córdoba se convirtió en uno de los fijos.

Las trayectorias de los dos futbolistas que en verano se incorporaron del filial cada vez son más divergentes. Mientras que Unai Núñez transita por una vía tranquila, pues el entrenador le mantiene en permanente contacto con la competición, lo de Córdoba es un continuo altibajo, con unos picos demasiado marcados. El entrenador apenas ha dudado con el central: fue el escogido para disputar la liga y ahí ha estado cada jornada, como un reloj, y ha gozado de algún extra en la Europa League. No cabe decir lo mismo respecto al extremo zurdo: dosificado al principio, de repente adquirió un relieve inusitado para de nuevo regresar a un segundo plano. Lo de ahora podría catalogarse de tercer plano, pues juega menos todavía que en los meses de agosto y septiembre.

Desde fuera, las causas de estas oscilaciones no son sencillas de adivinar. Hombre, si se entiende que un recién aterrizado en Primera vaya entrando poco a poco, que es la línea de actuación que siguió el entrenador en el inicio. Córdoba debutó ante el Getafe con el choque casi concluidor y pocos días después fue titular contra el Panathinaikos. Esa noche convenció a propios y extraños, lo que le valió para repetir el fin de semana en Ipurua. En total, sumó 158 minutos en los seis compromisos oficiales previos al primer paréntesis en el calendario, cifra que experimentó un incremento (266) en el paquete de siete citas que antecedió a la segunda interrupción.

Córdoba iba brindando pinceladas de su personalidad en los huecos que dejaban los consagrados de la plantilla cuando Muniain, que se distinguía por su gran momento de forma, se rompió una rodilla. La solución de Ziganda, tan inesperada como contundente: Córdoba ocupó el lugar del lesionado y su nombre figuró en diez de las doce siguientes alineaciones. Esto supuso doblar su registro de participación y alcanzar un global que pasaba holgadamente del millar de minutos cuando aún restaba un mes para las navidades.

PICOTEANDO Una progresión que se vio interrumpida con cierta brusquedad a partir de la fecha con la que se abre el artículo. Casualidad o no, esa tarde se gestó la eliminación de Copa ante el Formentera y Córdoba se despidió de los focos. Salió por Williams contra el Madrid, (ocho minutos), repitió movimiento contra el Zorya (once), en el derbi con la Real suplió a Raúl García a diez del final y así ha seguido, picoteando espacios que no pueden considerarse como oportunidades y que no suelen servir para reivindicarse. La aparición que cierra su estadística fue en el Coliseum de Getafe: dos minutos en el lugar de Sabin Merino, compañero que se ha tirado cinco meses sin asomar y ahora ha encadenado cuatro aportaciones.

Córdoba no es de los que peor parados sale en la distribución de responsabilidades. El citado Sabin puede dar fe de ello, o Aketxe, pero resultan extraños vaivenes tan exagerados si el jugador en cuestión ha dado muestras de su competencia durante la fase en que ha gozado de la confianza del técnico. A estas alturas no se trata de un elemento contrastado y le penalizará el hecho de pelear por un puesto con tipos más curtidos, pero también es innegable que Córdoba apuntó virtudes que son muy apreciadas, que lo fueron en un tiempo por Ziganda. Valentía, técnica en conducción y centro, verticalidad y alta capacidad de trabajo, no es de los que se esconde. De ahí que ese cuando mucho, cuando nada en que ha visto envuelto resulte extraño.