bilbao. La temporada 2012-13, aún en curso y en fase decisiva, no pasará a la historia por haber sonreído al Athletic. Más bien todo lo contrario. Y es que los de Marcelo Bielsa, a vueltas entre la incapacidad y la falta de fortuna en pos de repetir gestas como las de la temporada pasada, cuando dos finales de enjundia emergieron ante los ojos de una hinchada sedienta de nuevas conquistas, han atravesado a lo largo del presente curso un auténtico vía crucis cuyo comienzo data exactamente de hace un año.
mayo de 2012
Dos finales y un final
Fue aquel ingrato 9 de mayo de 2012 un día marcado a fuego para soñar despiertos y que, sin embargo, permanecerá clavado de por vida en el corazón de la afición rojiblanca. El principio del fin de un cuento de hadas que comenzó a gestarse meses atrás con la llegada del argentino al banquillo del Athletic.
Aquella final de la Europa League frente al Atlético de Madrid, disputada hace hoy un año con Bucarest como testigo, supuso el primer episodio de una larga lista de lamentos en rojo y blanco que han dado forma a 365 días sin apenas alegrías que degustar. El estado de bienestar que reinaba hasta entonces en todos y cada uno de los estamentos del club se vino abajo al son del pitido inicial del colegiado alemán Wolfgang Stark, juez de un envite carente de argumentos rojiblancos.
En cuestión de horas, Bucarest pasó de ser un lugar idílico en el que posar ilusiones a convertirse en el recinto de las pesadillas para una afición que, aún en fase de recuperación, recibiría un segundo bofetón apenas dos semanas después con la disputa de la final de Copa frente al Barcelona de Pep Guardiola. Fueron dos finales, dos sonadas y dolorosas derrotas por 3-0, que escocieron dentro y fuera del vestuario para dar paso a una convulsa pretemporada. No pudieron o no supieron competir los leones en tamañas citas y la alegría, el espíritu de la generación del Cola-Cao, abandonó Bilbao. Se evaporó para no dejar apenas rastro de un equipo, un grupo de futbolistas, que arrancó la nueva temporada entre obras, intentos de fugas, abandonos y pubalgias.
julio de 2012
Vuelta al fútbol con poco fútbol
Con la llegada del segundo día del mes de julio comenzaron los primeros problemas del nuevo curso. Sin apenas tiempo para estirar las piernas y sacudirse de encima la relajación propia del periodo de vacaciones, Lezama se incendió. Las informaciones referentes a una trifulca entre Bielsa y el jefe de obras encargado de velar por el cumplimiento de las mejoras estructurales programadas para la factoría rojiblanca fueron confirmadas por el propio rosarino, quien abrió, sin desearlo, una grieta entre la directiva y el cuerpo técnico. Fueron días largos, interminables, en los que la pelota dio paso a los debates extradeportivos. Se trató del peor remedio posible para tratar de encauzar un camino deportivo que apenas un mes antes se había chocado contra dos piedras de gran envergadura en forma de finales perdidas.
Javi Martínez, con su salida rumbo a Múnich; y Fernando Llorente, con la negativa a renovar su vinculación con el club en el que aterrizó con solo 11 años de edad, añadieron pimienta a una devastadora pretemporada en la que jugadores como Jon Aurtenetxe y Ander Herrera, indispensables durante el curso anterior en el esquema de Bielsa, padecieron también la desagradable llamada de los problemas de pubis. El sol había dado paso a las nubes más oscuras, a una amenaza de tormenta que acabaría descargando su furia en Bilbao con el inicio de una temporada 2012-13 repleta de lamentos y tropiezos.
noviembre de 2012
Adiós prematuro en Europa
La visita del Betis a San Mamés en la primera jornada de Liga sirvió de improvisado presagio. El 3-5 con el que los de Pepe Mel se impusieron en San Mamés supuso el primer directo que recibió el Athletic en una campaña que asomó torcida desde el primer minuto. La herencia del exigente método de trabajo impulsado por Bielsa en su primer año en Bilbao y las duras derrotas en las finales de Europa League y Copa, pensó más de uno. Causas o no de la desilusionante temporada aún en periodo de resolución, fue el pasado noviembre el que trajo consigo la primera gran decepción del curso.
A pesar de estar encuadrados en el mismo grupo que el Olympique Lyon, el Hapoel Kiryat Shmona y el Sparta Praga una vez superadas las dos rondas previas del torneo, los rojiblancos quedaban apeados de la Europa League en la asequible fase de grupos. Triste final para el vigente subcampeón del torneo, incapaz de lucir aquellas virtudes que le sirvieron para aglutinar elogios por innumerables rincones del Viejo continente. Ni siquiera la falta de fortuna, esquiva con los de Bielsa tanto en Liga como en la breve andadura europea, sirvieron como excusa para un grupo de futbolistas de los que se esperaba una evolución en sus prestaciones.
La realidad, sin embargo, ofrecía a la afición rojiblanca una involución propiciada en parte por la ausencia -física o espiritual- de jugadores que habían resultado clave la temporada pasada. A excepción de Aduriz, única incorporación externa del verano junto con la de Isma López, prácticamente ningún león mostraba las prestaciones esperadas. Fue así como, ligados a un titubeante e irregular caminar en el campeonato doméstico, asomó la opción de volver a soñar con la resolución de los dieciseisavos de Copa en diciembre. Una nueva ocasión para recuperar sensaciones que cayó en saco roto.
diciembre de 2012
K.O. de altura en Copa
La situación no era buena en la Liga y lo sería menos en el torneo del K.O., en el que el Eibar se convirtió en el peor verdugo posible de los de Bielsa. Los guipuzcoanos, pese a lucir pasaporte correspondiente a la categoría de bronce, resultaron vencedores en la eliminatoria de dieciseisavos de final que les midió al Athletic. Nada se supo, ni se vio, de aquel equipo que profanó Old Trafford y paseó con brío el nombre del club por Europa meses atrás.
El 0-0 cosechado en la ida en Ipurua y el 1-1 de San Mamés condenaron a los rojiblancos, incapaces de hincar el diente a un apañado Eibar que no hizo sino sacar a relucir las penurias de un equipo desdibujado. La fiabilidad defensiva, la velocidad en la ejecución de las jugadas y el tino en cada remate en busca del éxtasis del gol seguían sin hacer acto de presencia. La temporada, así como los intentos de despedir el viejo San Mamés con sendas victorias en Europa y en Copa -dos empates frente al Sparta Praga (0-0) y Eibar (1-1) sirvieron como tristes finales en una y otra competición-, se había convertido ya en un constante quiero y no puedo que a día de hoy continúa sin poder resolverse.
el presente
En busca de la calma
Es bajo ese prisma, golpeados por tamañas caídas, pero espoleados por el firme propósito de no empañar aún más la temporada, como enfoca el Athletic las cuatro últimas jornadas de Liga. Doce puntos en juego que comenzarán a ponerse sobre la mesa este mismo sábado en el envite que medirá a los rojiblancos con un más que necesitado Mallorca en San Mamés.
Será la enésima cita con el objetivo de resarcirse que afronte el Athletic, que después de largos meses de penurias y tropiezos, podría sellar la permanencia virtual en caso de vencer a los bermellones. Un objetivo notablemente alejado de la misión inicial allá por el mes de julio que, a pesar de todo, se presenta ahora como el único botín que figura al alcance de un equipo deseoso de salvar la temporada cuanto antes. Un annus horribilis en toda regla que se espera que toque a su fin pasado mañana en pos de evitar sustos mayores en un curso para olvidar y aprender.