BILBAO

Corría el 29 de abril de 1983, un viernes por la tarde, cuando la expedición del Athletic voló rumbo a Las Palmas en busca de una gloria que no abrazaba en Liga desde hacía la friolera de veintisiete años, y que pudo alcanzar solo dos días después de emprender aquel vuelo, durante la tarde del recordado 1 de mayo del citado año. Fue entonces cuando, con el título doméstico en juego en una dramática última jornada en la que a los rojiblancos solo les valía ganar para proclamarse campeones en Las Palmas -los canarios se jugaban la permanencia- y esperar a una improbable derrota del Real Madrid en Valencia, los pupilos de Javier Clemente lograron besar el cielo en contra de lo que muchos aficionados y periodistas estatales se habían aventurado a pronosticar.

Eran innumerables los entendidos de la época que daban por hecho que el Athletic solventaría con relativa solvencia su compromiso en el Estadio Insular, pero eran pocos quienes apostaban por una derrota del Real Madrid a manos del Valencia de Koldo Aguirre. Las previsiones fallaron del lado de los rojiblancos, que remontaron el tanto inicial en propia puerta de De Andrés para acabar imponiéndose 1-5, mientras que el Valencia completaba la machada derrotando 1-0 a los blancos.

Los de Clemente, concentrados en su envite, el cual caminó ligado al acuciante calor que reinaba en Canarias, lograron aquella tarde mucho más que un título al reconquistar la fe de una afición que se había tenido que conformar con dos Copas y tres finales perdidas durante una larga travesía por el desierto, en la que la final de la Copa de la UEFA, que se esfumó ante la Juventus en 1977, asomaba como la otra gran decepción de la parroquia bilbaina.

"Eran muchos años sin ganar una Liga y aquel año nos lo tomamos como un reto el poder conseguirlo, ya que todos los equipos estaban reforzados con jugadores extranjeros y nosotros queríamos demostrarle al resto del fútbol que también se podía ganar el campeonato sin jugadores de fuera, con un equipo de mucha calidad, y sobre todo, con una gran unión entre nosotros", confiesa Daniel Ruiz Bazán (Sodupe, 1951) treinta años después de obrar una gesta que continúa muy presente en la memoria del que fuera el autor del segundo gol de los rojiblancos.

"Una de las cosas que recuerdo perfectamente es que nuestro partido acabó unos minutos antes de que terminara el del Real Madrid en Valencia, por lo que durante unos minutos cargados de tensión tuvimos que estar pendientes de la radio y de lo que nos decían los compañeros que estaban en el banquillo para saber si éramos o no campeones, algo de lo que nos acabamos enterando al ver los saltos de la gente", rememora el vizcaino, a quien tampoco se la ha olvidado lo mucho que se lloró de alegría en aquel vestuario una vez proclamados campeones de Liga. La razón, la "tensión contenida" que se extendió entre todos los integrantes de aquel equipo durante la semana previa al partido y que derivó en lloros de alegría que "no pudimos contener prácticamente nadie, aunque fue con el paso de los días cuando comenzamos a darnos cuenta realmente de lo que habíamos hecho".

emociones a flor de piel Una versión de los hechos que secunda también Manolo Sarabia (Abanto, 1957), otro de los goleadores en aquel memorable envite -el vizcaino marcó por partida doble y Dani, Argote y Urtubi completaron la goleada- y uno de los jugadores que más lágrimas derramó tanto en el campo como en el vestuario insular. "Fueron momentos muy difíciles de describir; los dos o tres minutos previos de saber que éramos campeones fueron los más eternos de toda mi vida futbolística y cuando ya supimos que la Liga era nuestra fue el apoteosis", resalta Sarabia instantes antes de confesar, emocionado al recordar aquellos mágicos instantes, de quiénes se le pasaron por la cabeza una vez dentro de la caseta del Insular.

"Fue en mi familia, en mis amigos y en todos los aficionados del Athletic en lo primero que pensé al ver que éramos campeones, pero también en todos aquellos exjugadores que tanto habían dado por el club y que nunca pudieron sentir lo que nosotros sentimos aquel día", apunta Sarabia, que rescata del baúl de los recuerdos aquella famosa frase que Piru Gainza dirigió a los jugadores minutos después de proclamarse campeones: "Chavales, no sabéis lo que habéis hecho. Eso nos dijo. Y tenía razón. Nosotros pensábamos que sí lo sabíamos, pero no teníamos ni idea. Fue con el paso de los días y al llegar a Bilbao cuando nos percatamos de lo que habíamos logrado".

Fue al volver a la capital vizcaina y montar en la gabarra cuando Sarabia -que admite que fueron a Las Palmas conscientes de lo complicado que resultaría que el Valencia se impusiera al Madrid- fue consciente de todo. "Entonces me di cuenta realmente de todo, al ver a tantos aficionados a ambos lados de la ría; fue impresionante, algo que solo puede suceder aquí". Una fiesta que supuso el broche de oro a una Liga que el propio Sarabia apunta que "la ganamos porque teníamos un equipo con jugadores muy buenos en todas las líneas y un ambiente de unión que sumado a lo competitivos que éramos nos hizo campeones". Palabras y recuerdos de campeones.