CELTA: Varas; Jonny, Vila, Túñez, Bellvis, Oubiña, Madinda, Álex López (Min. 62, Orellana), Augusto (Min. 76, Toni), Krohn-Dehli (Min. 68, Bermejo) y Iago Aspas.
ATHLETIC: Iraizoz; Iraola, Ekiza, San José, Aurtenetxe, Gurpegi, Iturraspe (Min. 59, Ibai), De Marcos, Susaeta, Muniain y Aduriz (Min. 76, Llorente).
Goles: 0-1: Min. 43, De Marcos; 1-1 Min. 84, Aspas.
Árbitro: Velasco Carballo (comité madrileño). Por parte del Celta mostró amarilla a Vila (Min. 60). Del Athletic, amonestó a Gurpegi (Min. 35), Iraola (Min. 58), Muniain (Min. 68) y De Marcos (Min. 91).
Incidencias: Buena entrada en Balaídos en el día de las peñas del Celta. Alrededor de medio millar de aficionados del Athletic.
josé l. artetxe
Sería muy fácil utilizar la ocurrencia de homenajear a la madre que anoche tuvieron los jugadores del Athletic para explicar el empate registrado en Balaídos, pero ocurre que su generosidad ha aflorado igualmente cuando no se han acordado de nadie para ilustrar las camisetas. No se trata pues de algo accidental, sino de una tónica que está alargando en exceso la resolución de la temporada. Sumando punto a punto este buen samaritano aún necesitará disputar dos o tres partidos más para atar un objetivo que a los ojos de cualquiera está muy barato. Ante el Celta se volvió a comprobar, pero el desperdicio de oportunidades alcanzó cotas inimaginables. Resultó descorazonador contabilizar una tras otra hasta media docena de situaciones ideales para procurarse una ventaja cómoda y liquidar a un enemigo menor. Todas fueron a la basura, lo cual permitió que el Celta se mantuviese en pie, ganase un punto y al final, en el tiempo añadido, incluso sembrase de inquietud el área de Iraizoz en un par de acciones de estrategia. Hubiese sido el colmo que el conjunto gallego le diese la vuelta al resultado, así como muy injusto, pero la horrible puntería del equipo de Marcelo Bielsa puede tener consecuencias fatales.
Aunque en la lista hay varios, el partido de ayer quizás fuera el más sencillo que se recuerda. De una parte se ha de ponderar la superioridad ejercida, clamorosa en algunos tramos, y de otra, la pobreza de recursos ofensivos del anfitrión. El choque no tuvo color salvo por el hecho de que el 0-0 presidió hasta casi el descanso y el 0-1 aguantó inamovible hasta el minuto 83. De ambas situaciones es culpable el Athletic, puesto que el Celta bastante tuvo con no romperse más y tirar de riñones para subsanar sus limitaciones. Pese a que el capítulo de llegadas fuese parejo, en condiciones normales la noche se debió cerrar con una goleada, ya que cada aproximación visitante fue un gol cantado, mientras que Iraizoz apenas se vio exigido.
El arranque fue estupendo, en la línea de lo realizado en Riazor quince días antes. Salió el Athletic mandón, sereno, acaparando la posesión y saltándose con facilidad las líneas rivales, eludiendo la presión y llegando con frecuencia al área local. Fueron diez minutos muy ilustrativos, donde se reflejó la diferencia que puede existir si los rojiblancos actúan con diligencia y tensión. Durante ese corto espacio el Celta no supo qué hacer, reculó y asistió impotente a las combinaciones que ocuparon todo el ancho del terreno. Esta vez no se cargó tanto la ofensiva por la banda derecha, la zona que habitualmente concentra más efectivos con las caídas de De Marcos. Muniain estaba inspirado y facilitó así otras vías de penetración.
De Marcos tuvo la primera ocasión, un tiro desde la frontal que se le fue arriba, Susaeta sirvió un centro imposible para Varas con dos compañeros esperando para conectar en boca de gol y a la tercera, San José metió el miedo en el cuerpo al rival con un cabezazo a la salida de un córner que dio en el larguero. Parecía una maniobra de acoso y derribo, pero tras este lance el panorama experimentó un cambio. Fue algo paulatino, como si se hubiese conformado con amenazar, con ofrecer unas pinceladas de lo que es capaz, el Athletic fue perdiendo el hilo del juego y enfrente respiraron, eso lo primero, y luego fueron adquiriendo cierta confianza en el manejo. Al Celta le costó un rato profundizar, pero el paso atrás de los rojiblancos también favoreció que Iraizoz empezase a intervenir.
Se asistió entonces a otra fase de unos diez minutos en los que los vigueses coleccionaron intentos de todo tipo, la mayoría desde lejos, sin una gran dificultad para el portero. El problema fue que Aspas probó suerte y el resto le imitó. Y cuando el primer tiempo moría sin pena ni gloria, entre Iturraspe y Aduriz firmaron una jugada brillante que De Marcos clavó ante un Varas vendido. El mejor tiro contra Iraizoz, aparte del gol de Aspas, abrió la reanudación, fue de Augusto, pero enseguida vino la réplica, Iturraspe templó desde la banda y Aduriz fusiló a Varas con la frente, de verdad además porque teniendo toda la portería para él, le dio al muñeco.
EN BANDEJA DE PLATA No menos clamorosas fueron las oportunidades de Ibai, tras peinada de Aduriz, que rompió el larguero o la del propio Aduriz, que la echó fuera a puerta vacía después de que Muniain se la pusiera en bandeja de plata. Todavía contó Ibai con otro chut franco en el área, asimismo sin la dirección correcta. Balaídos no se lo podía creer, su equipo estaba dentro del ataúd y los rojiblancos se negaban a pronunciar el responso. El Athletic se lucía, disfrutaba, hacia auténticos boquetes con un De Marcos imparable y con Muniain en su mejor versión. El alarde de verticalidad empezó a desprender un tufillo sospechoso y el paso de los minutos confirmó esa máxima que versa sobre el perdón en un campo de fútbol.
Hacía tiempo que Marcelo Bielsa había optado por afilar más el dibujo retirando a Iturraspe, una maniobra que en principio cundió, pero que a la larga se reveló errónea, pues restó equilibrio. A Muniain le cuesta actuar sin balón y De Marcos perdió libertad al retrasar su posición para paliar este aspecto. En cualquier caso, el problema, la causa del empate, estuvo en el punto de mira de los delanteros. Abel puso cuanto tenía para buscar donde no había y Bermejo pudo cazar una, en un córner. Quizás empujado por el sentimiento de culpa, el Athletic instintivamente se replegó y un mal entendimiento de los centrales permitió a Aspas armar su zurda y cruzarla junto a un poste.
La sensación de haber hecho el canelo debió hervir la sangre de los jugadores de Bielsa y del técnico argentino, cómo no, pero ya no restaba margen más que para protegerse del amor propio que impulsaba a un Celta renacido, que un segundo antes del empate no tenía ni color, estaba pálido, y de repente tenía ante sí la posibilidad de salir bailando de su entierro. Por suerte no hubo nada más que fuera reseñable, no lo es que Fernando Llorente no gane un balón o que el Athletic termine cabizbajo, consciente de haber desaprovechado un partido donde protagonizó todo lo bueno, que fue mucho, pero asimismo todo lo malo. Fallar lo que no está en los escritos le penalizó merecidamente en Balaídos, una plaza para triunfar, como lo fue Riazor dos semanas antes.