El detalle de la plantilla rojiblanca es emotivo y elogiable en una fecha tan señalada como es el día de las amatxus, a las que los jugadores homenajearon con la aparición de su segundo apellido en sus respectivas camisetas. Sin embargo, el desenlace del partido de Balaídos se resume con un sonoro Ai, ama!, por aquello del sinfín de lamentaciones que produjo en el entorno la suma de un punto que se quedó cortísimo a tenor de los méritos contraídos por los de Marcelo Bielsa, que, por cierto, tomó una decisión como poco extraña y no entendible para la mayoría de los mortales, como fue la sustitución a los 59 minutos de Ander Iturraspe, cuando se trataba de uno de los leones más entonados hasta ese momento.
El Athletic se mereció un tirón de orejas por dejarse dos puntos y, de paso, no asegurarse la permanencia de forma virtual a falta de cuatro jornadas. O sea, los rojiblancos se han empeñado en ejercer como esos hijos a los que en sus casas regañan una y otra vez por incidir en las mismas travesuras que irritan sobre todo a las amatxus, que seguramente bien habrían echado anoche una nueva bronca de las que no se olvidan a sus vástagos por no hacer los deberes en Balaídos y no finiquitar a un Celta que le perdonaron de forma incomprensible al desperdiciar oportunidades clarísimas, como la que gozó Aritz Aduriz a los 66 minutos. El pichichi de este Athletic hizo lo más difícil. Falló lo que no está en los escritos y probablemente el donostiarra pasó en Vigo una noche de perros.
El equipo de Bielsa, sin más, volvió a dejar pasar, como ocurrió dos partidos atrás en Riazor, una oportunidad de oro para vencer y quitarse un peso de encima que le seguirá persiguiendo la próxima jornada, con la comparecencia del Mallorca, actual colista, en San Mamés, en un encuentro que apunta a máxima tensión por todo lo que hay en juego para los dos conjuntos.
desequilibrio penalizador El Athletic sufre un mal endémico que se traduce en cinco encuentros consecutivos sin conocer la derrota, los tres últimos con tantos empates, que mantienen a los rojiblancos en una situación inquietante a falta de cuatro envites que pongan fin a una frustrante campaña que se está haciendo larguísima para los leones, a los que, como se sabe, les penaliza la sangría defensiva que da vértigo, con una media que se acerca a los dos goles recibidos por encuentro, mientras que el porcentaje anotador se queda en un solo gol por choque, lo que explica el desequilibrio que azota a un equipo que juega bien últimamente y que no gana, lo que resulta más descorazonador para el gran público.
El Athletic, que asume que su colchón sobre los puestos de descenso se puede rebajar si los resultados de hoy y mañana por la zona baja no le acompañan, disfrutó de un buen montón de ocasiones para marcar, de ellas cuatro clarísimas en solo un intervalo de un cuarto de hora.
Los leones se tuvieron que conformar con el único tanto de Óscar de Marcos, en una jugada genuinamente bielsista, lo que permite al de Biasteri alcanzar, con seis dianas, su mejor marcar anual, incluso cuando ejercía en el Alavés.