Bilbao. El segundo desplazamiento a Galicia se ha de enunciar en los mismos términos que el primero. Si hace quince días, camino de Riazor, se hablaba de una oportunidad ideal para solucionar de forma casi definitiva la permanencia, ahora que toca pasar por Balaídos, qué decir. En medio se han consumido dos jornadas de la vertiginosa cuenta atrás del campeonato, hay 180 minutos menos y dos puntos más en el casillero, datos que favorecen al Athletic porque sigue siendo el mejor colocado de los implicados en la carrera por la salvación. Si el triunfo sobre el Deportivo, que debió producirse atendiendo al fútbol desplegado, tenía el valor de un salvoconducto en esta guerra por la supervivencia, ganar al Celta de Vigo supone poner pie y medio como mínimo en el otro lado de la frontera, donde la tranquilidad está garantizada.
La posibilidad de colocarse con 40 puntos esta noche es el aliciente, pero también hay que contemplar la hipótesis opuesta, que conllevaría una ración extra de presión a falta de cuatro partidos para el cierre del campeonato. De ahí que ayer Borja Ekiza expresase el sentir del vestuario pronunciando el término "final". Fue lo primero que dijo, "es otra final", y se trata de borrar del vocabulario rojiblanco una palabra que pierde toda su belleza en el actual contexto. "Jugamos ante rivales directos y perder complica la situación. Iremos a ganar porque es la filosofía del equipo, vamos a salir a jugar con nuestras señas de identidad". Las plasmadas frente al Barcelona o el Deportivo decantarían favorablemente el partido ante el Celta con total seguridad.
A ello, al buen momento mostrado en citas recientes, se agarra el equipo de Marcelo Bielsa, formado por una mayoría de jugadores que no conoce el escenario debido a las seis campañas que el Celta pasó en Segunda. Y lo cierto es que Balaídos es un campo bonito por amplitud y calidad de su superficie para que este Athletic exhiba el dinamismo que le caracteriza con la pelota controlada e imponga su mayor fuerza; en fin, para que se explaye. La entidad del anfitrión sería otro factor que invita a confiar en el éxito. Abel Resino, incluso contando con el perdón obtenido para su figura, Iago Aspas, dispone de un grupo que sufre sin la posesión y presenta limitaciones importantes en la faceta ofensiva.
UN PAR DE DUDAS
La alineación de Bielsa se intuye, pero no está confirmada. Últimamente, el de Rosario ha dejado de ser transparente en este apartado, ya no enseña sus cartas e incluso juega al despiste, como sucediera en el viaje anterior, cuando se decidió por darle la titularidad a Fernando Llorente en detrimento de Aritz Aduriz. Ante la prensa dejó diversas demarcaciones sin adjudicar, pero así y todo es previsible que Iturraspe actúe de inicio ocupando el hueco del sancionado Herrera. También que Gurpegi repita en el círculo central después de su gran aportación ante el Barça, con lo cual los centrales no cambiarían. Las dos líneas más retrasadas quedarían formadas por Iraola, Ekiza, San José, Aurtenetxe, De Marcos, Gurpegi e Iturraspe.
Quedaría pues la incógnita flotando en dos posiciones de la delantera, dando por supuesto que Susaeta es fijo. Aduriz y Llorente aspirarían a uno de los puestos, mientras que Muniain e Ibai al otro. Lo del ariete podría dilucidarse por una cuestión de frescura, acaso el entrenador estime que el riojano podría desempeñar una labor de desgaste y se guarde la baza de un Aduriz más incisivo para rematar la faena, toda vez que este si estaría acusando el tute de la temporada.
En cuanto a la banda izquierda, cualquiera sabe. Ibai ha sido suplente en los dos últimos encuentros, un rol que le ha tocado cuando más a gusto parecía en el campo. Sucede que Muniain, desconocido desde el verano, ha elevado algo su aportación y es uno de sus favoritos. Seguramente, Bielsa aún confía en que demuestre de una vez que no se le ha olvidado desequilibrar y romper líneas con sus conducciones.
Con este par de dudas por despejar acude el Athletic a un compromiso presidido por la tensión y un ambiente recargado. Debe ganar y, desde luego, evitar la derrota. El empate, tal y como está la tabla, tampoco es desdeñable, aunque solo la victoria es determinante.