Bilbao. En ninguna parte se le relaciona al Athletic con el descenso, al menos de un modo directo, descarnado. Solo en el entorno del conjunto que dirige Marcelo Bielsa, así como en su seno, se sigue hablando sin reparos de la necesidad de sumar tres, cuatro o cinco puntos más para dejar aparcado un tema de conversación que desagrada cuando el campeonato acaba de doblar la última curva y ya se puede ver con nitidez la pancarta que anuncia el final. Los puntos que posee, el hecho de que media docena de equipos figuren por detrás en la tabla, así como la buena imagen que transmite últimamente, son los argumentos que le colocarían a salvo en el pronóstico general. Tan cierto como que ha llegado el momento de la verdad, de echar el resto, de sacar los codos si hace falta, es que en el inicio de la recta final, el Athletic aparece bastante bien colocado, por todo lo comentado y porque el calendario le convierte en el juez del descenso gracias a la curiosa circunstancia de que debe jugar contra tres de los seis equipos implicados en la ingrata lucha por la permanencia.
Resulta que en las tres próximas jornadas se las verá con Celta, Mallorca y Zaragoza, precisamente los que en la actualidad ocupan las plazas que conducen a Segunda División. Ninguno de los seis últimos clasificados gestionará un panorama que guarde alguna semejanza con el del Athletic, puesto que para cinco de ellos el capítulo de enfrentamientos directos se limita a uno, mientras que en la agenda del Deportivo no hay. Aparte de los choques del Athletic con los tres citados, Granada y Osasuna se cruzarán la semana que viene. Así pues son cuatro en total los partidos de este tipo, dramáticos se mire por donde se mire, pero que desde la perspectiva rojiblanca se han de tomar como la llave para la definitiva resolución de sus apreturas.
La cuenta sale muy fácil reparando en el doble valor de los puntos en juego. Puntuando contra los que cierran la tabla, el Athletic se aleja de la quema e impide que sus rivales avancen y se le puedan acercar. El hecho de que sea una serie de tres compromisos tendrá además una influencia evidente en el reparto de premios. Por ejemplo, ganar en Balaídos abriría una brecha de diez puntos respecto al Celta, que serían once por el gol average, quedando solo doce por disputarse. Incluso el empate sería interesante por aquello de mantener las distancias. Una semana después, derrotando al Mallorca en San Mamés, el Athletic dejaría fuera de su órbita al actual colista. Ni que decir tiene que enlazando dos marcadores positivos en estos compromisos inminentes, los de Bielsa quedarían al margen de cualquier contingencia indeseable.
TRAYECTORIAS
El hecho de medir fuerzas con los más débiles en este tramo de la competición se presta siempre a una lectura inquietante, no en vano se trata de equipos que van al límite. Se insiste en que sus coletazos les hacen más peligrosos, pero no lo han sido hasta la fecha, ahí están sus trayectorias, por algo figuran tan retrasados y también antes vivían agobiados. Hay jornadas que dejan la impresión de que la tabla se comprime, por ejemplo la última, en la que todos puntuaron excepto el Mallorca, pero eso no es lo habitual. Celta, Zaragoza y Mallorca han sumado en la segunda vuelta menos que el Athletic: doce puntos los gallegos y ocho maños y baleares, datos sintomáticos que reflejan los múltiples problemas que acucian a los protagonistas de esta historia. El Athletic, con sus catorce puntos, tampoco puede sacar pecho, pero al menos presenta un comportamiento más regular, más consistente.
La segunda mitad de la Liga ha servido para certificar la condición de sufridores de Osasuna, Granada, Deportivo, Celta, Zaragoza y Mallorca. En el ecuador del campeonato todos ellos, salvo el Zaragoza, que era decimotercero, figuraban peor colocados que el Athletic, que se mantiene en la decimocuarta posición. El Zaragoza ocupa el lugar que antes le correspondió al Espanyol, a quien Aguirre ha revitalizado con una cosecha de 25 puntos. No cabe pues obviar esa tendencia general, esa cadencia en la puntuación, porque es muy improbable que de repente experimente una transformación. El Deportivo representaría la excepción, al encadenar cuatro triunfos y dos empates. Esperar que el resto le emule es un sinsentido. Quizás alguno espabile, pero no los seis.
Seis que además deben gestionar partidos contra equipos que también poseen sus objetivos, pues las posiciones europeas todavía están por adjudicarse. Por otra parte, aunque sea cierto que Barça, Madrid y Atlético ya copan el podio de la Liga, tampoco pueden echarse a dormir, menos con los dos primeros eliminados de la Champions, una situación inesperada que les fuerza a adecentar su imagen. Son contados los clubes sin alicientes clasificatorios y casualmente dos de ellos, Levante y Rayo, son los últimos rivales que se encontrará el Athletic. El relajo del Levante, revelación en la primera mitad del año, es llamativo, acumula ya siete jornadas sin ganar.
En definitiva, el calendario del Athletic ha de catalogarse de propicio. Cualquiera firmaría jugarse los cuartos con los tres últimos y disponer aún de dos oportunidades más contra equipos que se hallan en tierra de nadie. Los rojiblancos no tienen ningún enemigo de superior nivel en su camino, ninguna excusa para culminar el campeonato con suficiencia.