BILBAO. Con el dulce regusto del empate arrancado al Barcelona aún vigente en el paladar, vuelve el Athletic a la rutina de la Liga sin haber saldado la deuda que tiene consigo mismo y con la afición. La competición queda desprovista del encanto y la distinción de citas como la vivida el sábado en San Mamés o hace quince días ante el Real Madrid, para volver a adentrarse en la mera gestión de partidos sin más aliciente que la suma de los puntos en juego. Y no es una perogrullada, puesto que el equipo de Marcelo Bielsa sigue necesitándolos a falta de cinco jornadas para el cierre del campeonato. No le hacen falta un porrón, lo normal es que baste con sumar tres o cuatro, pero por una simple cuestión de obligación, también de orgullo cabría añadir, convendría obtenerlos de inmediato. Todo lo que sea no dilatar la sensación de malestar será bienvenido porque la certeza de que se ha tirado la temporada por la borda trasciende a lo que suceda de aquí en adelante.
Ni un pleno en las últimas jornadas resarciría al personal. Las ilusiones traicionadas ya no tienen compensación posible después de los fracasos en Europa y en Copa o el discretísimo papel hecho en Liga, de ahí que lo mínimo que cabe esperar es que el equipo responda con dignidad en cada uno de los compromisos restantes. Dicho objetivo se antoja asequible tras haber comprobado que este Athletic ha superado la amnesia. Sus actuaciones recientes prueban que las bases que encumbraron el proyecto liderado por Bielsa no se han evaporado, que los jugadores saben lo que deben hacer para alcanzar un nivel competitivo traducible en resultados favorables.
Quizás si se hubiese circunscrito a las visitas del líder y del Madrid, la mejoría podría ponerse en cuarentena, pero ya se apreciaron síntomas positivos en el Sánchez Pizjuán que luego obtuvieron una confirmación en toda regla en Riazor. A veces las grandes citas engañan, son un espejismo, porque instintivamente el futbolista tiende a echar el resto bajo el especial influjo que ejerce la visión de determinadas camisetas. En este caso sin embargo, se trata no de uno aislado sino de dos encuentros de máxima exigencia a los que, además, hay que agregar otros dos de diferente naturaleza, que pertenecerían al escalón donde se concentra la inmensa mayoría de los 38 partidos del torneo.
Bien está plantarles cara a los grandes, se agradece ese afán por reivindicarse a costa de los elegidos, son fechas idóneas para alimentar la autoestima y dar rienda suelta a las emociones, pero donde se calibra la talla de una plantilla es en el resto de los envites. El Athletic fue capaz de ponerse a la altura del Sevilla y del Deportivo, algo que aunque suene paradójico es lo más difícil de conseguir, el año que termina es paradigmático a este respecto. Por algo la Liga premia la regularidad y resulta indiscutible que en la española abundan las medianías, los contrarios con un potencial inferior al propio.
Desde luego tal es el rango que corresponde a Celta, Mallorca, Zaragoza, Levante y Rayo Vallecano. Ninguno, pese a la meritoria propuesta del modesto club madrileño, posee argumentos más sólidos que el Athletic, que habiendo firmado una campaña mediocre desde cualquier punto de vista tiene a tres de ellos a su espalda en la clasificación y el Levante a solo tres puntos.
ENTONADOS. Balaídos aparece como una segunda oportunidad de oro para ratificar el espíritu de enmienda. Reciente todavía el frustrado intento en casa del otro conjunto gallego, el Athletic no puede fallar. Acudirá sin Herrera, sancionado, pero con Iturraspe apto y en un buen momento, que sería el denominador común de casi todos sus compañeros. Pocas veces a lo largo de este temporada ha coincidido que hubiese tanta gente entonada o al menos ofreciendo una versión aceptable. Iraizoz, Gurpegi, Ekiza, San José y Aduriz se encuadrarían en el primer apartado, mientras que Aurtenetxe, De Marcos, Muniain o Susaeta, estarían incluidos en el segundo.
Es ahora precisamente cuando el reiterado lamento de Bielsa ha perdido sentido. Decía el técnico que su labor consiste en tener en buenas condiciones al mayor número de efectivos al mismo tiempo y esto es lo que se viene produciendo en el último mes. De ahí que la nota del colectivo haya subido y que el fútbol característico del grupo se esté plasmando con mayor continuidad. Aprovechar esta inercia bastaría para complicar la vida al Celta y dejar el objetivo prácticamente zanjado.
Este viernes no estarán enfrente Xavi, Piqué, Messi, Cristiano, Ramos o Xabi Alonso, solo habrá un grupo tan motivado por sus urgencias como discreto en su repertorio. El grado de dificultad previsible no diferirá en exceso del que planteaba el paso por Riazor, donde salió a relucir la seguridad y la decisión que convierten al Athletic en un adversario tremendamente incómodo, temible. Tiene por tanto el equipo la inaplazable ocasión de corresponder con fútbol y tres puntos a la ilimitada paciencia de su gente. Sería una porción nada más de lo que hay pendiente, pero ya va siendo hora de satisfacer la deuda.