Ni el mejor Messi puede con el Athletic
Gran partido del equipo de Bielsa, con un primer tiempo para enmarcar y un final que enardeció a la grada Ander Herrera compensó a última hora el alarde de efectividad del astro argentino
ATHLETIC: Iraizoz; Iraola, Ekiza, San José (Min. 69, Ramalho), Aurtenetxe (Min. 73, Ibai), Gurpegi, Herrera, De Marcos, Susaeta, Muniain y Aduriz (Min. 73, Llorente).
BARCELONA: Valdés; Dani Alves, Piqué, Abidal (Min. 46, Adriano), Alba, Song, Xavi (Min. 58, Messi), Thiago, Alexis (Min. 78, Iniesta), Cesc y Pedro.
Goles: 1-0: Min. 27, Susaeta; 1-1: Min. 67, Messi; 1-2: Min. 69, Alexis; 2-2: Min. 89, Herrera.
Árbitro: Iglesias Villanueva (comité gallego). Por parte del Athletic, mostró amarilla a Herrera (Min. 39), Gurpegi (Min. 86) y De Marcos (Min. 93). Del Barcelona, amonestó a Cesc (Min. 35) y Adriano (Min. 54).
Incidencias: Cerca del lleno en San Mamés en el último Athletic-Barça.
josé l. artetxe
Tuvo premio el formidable despliegue del Athletic, que mandó durante todo el primer tiempo, período en que pudo incluso haber obtenido una renta más jugosa. Luego estuvo a punto de sucumbir, aplastado por el devastador efecto que provocó la irrupción de Messi. Cuando la resignación ante lo que parecía una derrota honrosa invadía San Mamés, Herrera acertó a estrenar por fin su cuenta y reivindicó así el enorme mérito que tuvo la actuación colectiva. El punto no resuelve nada, aunque contribuye a la causa y, de paso, confirma la inercia positiva apuntada en jornadas precedentes. El Athletic multiplica su crédito de cara al sprint final con una demostración de entereza y criterio que pudo quedarse corta ante la extraordinaria calidad de un Barça que acaso pecó de cómodo, pues dio la sensación de que optó por fiarlo todo al brillo de su estrella. Ciertamente, la apuesta no era mala, ahí queda la remontada que en un visto y no visto propició el mejor futbolista que existe, pero a la postre se reveló insuficiente. El inconformismo del anfitrión sirvió para establecer unas tablas que son lo mínimo a que se hizo acreedor en una tarde donde la afición vibró, primero con el juego y luego con la fe de los suyos.
El Athletic carbura de nuevo, le ha costado dar una medida acorde a su potencial, pero se diría que ha encontrado la senda que le permite expresarse con empaque e intención. Pasó con nota la durísima prueba que supone gestionar 90 minutos ante el monstruo azulgrana y es que, después de todo lo especulado en torno a su momento anímico, enseguida se vio que la cita sería de lo más peliaguda. Vilanova no se anduvo con medias tintas y presentó un once potente, donde únicamente se echaba de menos a Messi e Iniesta. Bielsa tampoco se quedó a verlas venir, muy al contrario sus hombres demostraron haber preparado el encuentro a conciencia. Tenía el Athletic un plan y lo ejecutó a rajatabla, con una aplicación encomiable. Los famosos marcajes individuales fueron la clave que cortocircuitó al Barcelona, que salió perdedor en la mayoría de los emparejamientos dispuestos por todo el terreno. Desde el arranque afloraron las dificultades que la propuesta local planteaba en el juego culé, incapaz durante amplias fases de superar las dos primeras líneas dispuestas por el técnico de Rosario, ambas plantadas en terreno visitante.
La figura de Gurpegi resultó fundamental para que aquello funcionase. Marcó la línea y sobre todo estableció el grado preciso de agresividad para incomodar constantemente la salida de Xavi, referencia acreditada y ayer oscurecida por la sombra del otro capitán, pero también de la de cualquier otro rojiblanco, pues las marcas variaron en función de la ubicación de cada cual. También los centrales, uno de ellos, preferentemente San José, persiguieron con decisión a Fábregas, el falso ariete, incluso hasta la divisoria, mientras que Ekiza, el más veloz de los defensores, asumía con éxito la tarea de hombre escoba. El funcionamiento colectivo resultó impecable, pero no se limitó únicamente a obstaculizar las maniobras del futuro campeón.
Ahí destacó la figura de Aduriz, el extremo de una columna vertebral (completada por los centrales y Gurpegi) que sostuvo el nivel de competitividad mientras le duró el gas. Los constantes robos, la celeridad con que el Athletic recuperaba la posesión, propiciaron un abanico de opciones ofensivas que no se desdeñó. Bien está ahogar la creatividad del rival, pero la consigna era no perder de vista a Víctor Valdés. Haciendo lo primero es más fácil lo segundo, especialmente si el juego discurre relativamente cerca del área visitante. Aduriz tuvo la primera ocasión, a servicio de Herrera, y Alexis replicó con un remate que repelió la madera. Un susto que no distrajo a los locales, perseverantes y capaces, salvo para neutralizar las fintas de Thiago, el único que burlaba el dispositivo.
tito recurre a su arma letal Cerca de la media hora, Aduriz dejó clavado a Piqué y su centro lo remachó Susaeta sobre la línea. Lo más difícil estaba hecho, el gol daba sentido a cuanto desarrollaba el Athletic, que acarició el segundo cerca del descanso. Aduriz se llenó de balón a centro templado por De Marcos, con Valdés vendido. No se pueden fallar oportunidades de ese calibre, pero nada había que reprochar al equipo, que eclipsó al Barça y obligó a Vilanova a recurrir a su arma letal. Cuando entró Messi, el Athletic ya había empezado a acusar las consecuencias del increíble gasto invertido. No obstante, Susaeta pudo proteger la ventaja con un golpe franco que estrelló en la escuadra izquierda de Valdés. El rechace lo envió Aduriz a la cepa del palo opuesto.
Y vino el alarde de Messi, cuya aparición hizo que cundiese el pánico. Primero recorrió cuarenta metros para ponérsela a Pedro, muy bien atado por Aurtenetxe. Enseguida le secundó Alves, que lo tuvo bastante más fácil con Muniain. La tercera llegada subió al marcador. Todo lo hizo la zurda del astro: tres recortes en dos metros para a continuación colocar la pelota con suavidad donde ningún portero puede llegar. Es evidente que no era el Messi de Múnich. Dos minutos después también intervino en el tanto de la remontada. Alexis le tomó la espalda a su par, Messi habilitó a Alexis, que solo tuvo que fusilar a Iraizoz.
El terrible castigo invalidaba la dilatada fase de gran juego de un Athletic que durante los minutos siguientes estuvo groggy. Nadie llegaba a la presión y la posibilidad de que se registrase un destrozo fue ganando enteros. Casi veinte minutos tardó el Athletic en cobrarse un córner. Bielsa realizó los tres cambios para rehacer una estructura rota por el cansancio y la desmoralización. En esa fase decisiva, el Barça pensó que el asunto estaba liquidado y tirando de amor propio los rojiblancos volvieron a cargar. La mayoría apenas tenía aire en los pulmones, pero por intentarlo que no quedase. Con el tiempo reglamentario consumido, De Marcos la puso arriba. Song impidió que Llorente conectase y el despeje le cayó a Herrera. No se lo pensó y empalmó de zurda. La pelota salió rasa, disparada con la humedad del verde, para clavarse en la red.
La explosión de alegría de la grada estaba más que justificada. Por un instante San Mamés parecía el campo del año pasado. En realidad, sucedió que el Athletic pareció el del año pasado, sin ir más lejos el mismo que tuteó al propio Barcelona en una noche inolvidable. Ayer lo consiguió de nuevo y engrandeció un encuentro muy comprometido. Todavía quedan un par de partidos en el viejo campo, al que cabe augurar una despedida digna visto este comportamiento.