unai muñoz

CONTAR con el mejor jugador del mundo siempre decanta la balanza. Y aunque Messi no esté al cien por cien -menos mal, pensarán algunos-, con media hora le basta y les sobra al astro argentino para poner las cosas en su sitio. Ayer lo demostró en el último Athletic-Barça en el viejo San Mamés, una cita en la que también dejaron su huella jugadores de otras características a las de la Pulga. Todo vale en el fútbol. No solo el genio y la calidad innata que posee el 10 blaugrana, que firmó uno de los mejores goles que ha visto esta temporada la parroquia rojiblanca. Él solo pudo echar al traste todo el esfuerzo que los hombres de Marcelo Bielsa desplegaron desde el pitido inicial. Un ir y venir de jugadores por todo el verde, con marcajes muy agresivos y continuados, con ayudas y mucho sacrificio que permitieron percibir durante la primera parte del encuentro un Barcelona más o menos asequible. Al menos, terrenal. No era el esperpento que se vio en Múnich el pasado martes, sino todo lo contrario, pero los leones tuvieron controlado al conjunto culé durante los primeros sesenta minutos. En esta ocasión, Ekiza, Aurtenetxe, San José, De Marcos y compañía no persiguieron sombras.

Y entre todos los titulares del Athletic hubo uno que resumió con su juego lo que debía ser el equipo. Al menos lo que tenía en mente Bielsa. Y ese no fue otro que Gurpegi, que hasta que le duró la gasolina (el navarro parece que tiene un depósito en el que caben muchos litros) no paró de trabajar en el centro del campo. Consciente de que tenía que preparar algo diferente para intentar superar a los de Tito Vilanova, el técnico argentino instó a sus jugadores a sacrificarse. El objetivo era que los cerebros del Barça no recibieran el balón tranquilos y que tuvieran poco tiempo para pensar. Xavi, Cesc y Thiago no son especialmente rápidos sin el esférico, pero si disponen del tiempo suficiente para controlar la pelota y levantar la cabeza para ver los huecos, el fracaso está garantizado.

Pero el trabajo de los rojiblancos, con una medular en la que, entre todos, sobresalió el trabajo y el buen rigor de Gurpegi, frenó a la sala de máquinas del Barcelona. Una presión y un ritmo intenso que hizo que el conjunto catalán fallase algunos pases claros, lo que motivó las contras locales. Todos estaban enchufados. Muniain se olvidó de las guerras particulares y ayudó en defensa a Aurtenetxe, que al desdoblarse Dani Alves se veía desbordado. La pena, los balones que perdió el delantero navarro en pases claros. Por la otra banda, Susaeta también se entregó en las ayudas, además de generar peligro en las inmediaciones del área defendida por Víctor Valdés.

halagos para el capitán Un derroche que la afición de San Mamés agradeció en varios momentos del encuentro y que continuó en la rueda de prensa de Bielsa. Unos halagos que el Loco centralizó en el capitán. Su técnico confía ciegamente en él y ayer el de Andosilla le dio la razón. Pocos como él representan los valores que siempre han definido a los jugadores del conjunto bilbaino y que durante los últimos cien años han ido desfilando por La Catedral. "Cuanto está descansado y bien es muy difícil que no destaque. Siempre está entre los mejores", dijo el míster rosarino del 18 del Athletic, que dejó a San José el puesto de central. Este último, precisamente, también cumplió con nota haciendo pareja en el centro de la zaga con Ekiza, otro que estuvo casi perfecto durante todo el partido.

Al final, casi sobre la bocina, Ander Herrera hizo justicia al poner el 2-2 en el marcador. Todavía no está la salvación asegurada, pero con el juego y la actitud que desplegaron ayer los hombres de Bielsa, el objetivo tiene que cumplirse cuanto antes.