PAKO RUIZ

bilbao. Decía Mahatma Gandhi que "la verdad es totalmente interior". Quizá la sentencia suene un poco rebuscada. O sea, el mortal de los mortales diría, con palabras más directas, aquello de "querer es poder". El Athletic, este Athletic, ratificó que cuando se pone las pilas se acerca, y mucho, al equipo que deslumbró la temporada pasada en los partidos enormes, con lo que emerge una interrogante sobre la disposición de una plantilla que ha ofrecido muchas incógnitas sobre su rendimiento en determinadas fases de un curso que dejará para la historia demasiadas sombras.

El conjunto rojiblanco, sin más, atrapó uno de sus puntos que dejan muy buen sabor de boca. Porque se sumó ante el mismísimo Barça, el que dicen que es el mejor equipo del mundo. Ante un Barça que, pese al varapalo que recibió días atrás en Múnich, se presentó en San Mamés con casi todo su potencial, hasta el punto de que, cuando se vio mancillado por los leones, reclutó a Leo Messi para que volviera a ejercer de superhéroe, lo que delata que los de Marcelo Bielsa lo debían estar haciendo muy bien. Messi rescató al Barça y, de paso, mandó un mensaje al Bayern de Javi Martínez. "Estoy aquí. He marcado un golazo marca de la casa. No soy un espectro como pudo parecer el pasado martes", frases que probablemente pulularon por la cabeza del argentino, del que se sabe que ejecuta acciones sobrenaturales.

El Athletic, como ocurrió en el primer tiempo ante el Real Madrid dos semanas atrás, se dio un homenaje íntimo en el último encuentro grande que acogerá el actual San Mamés, que ayer tarde vistió su mejores galas como requería la ocasión. Los rojiblancos repitieron el 2-2 de la campaña pasada ante el Barça entonces de Pep Guardiola. Aquel choque fue calificado como un referente de fútbol total, en el que curiosamente Messi sacó las castañas del fuego a su equipo en el descuento. El de ayer no fue un duelo tan espectacular como el de año y medio atrás, pero sí intenso y con dosis de alta escuela, lo que acentúa la querencia entre el ideario de Bielsa y el del mejor equipo del mundo, y revitaliza al Athletic, el que, por arte de magia, tira de una solvencia que llega demasiado tarde, que, además, da pie a reiterativos debates sobre la gestión del vestuario.

El Barça llegó a San Mamés tocado por la debacle de Múnich, pero con el aliciente, aunque fuera menor, de la opción de acostarse campeón de Liga en caso de vencer en La Catedral y de que el Real Madrid perdiera en el derbi del Vicente Calderón. No se dieron ninguno de los dos supuestos, porque el Athletic, al que le falta el último pasito para asegurarse la permanencia y centrarse en el proyecto de la campaña venidera, se empeñó en desconcertar la personal con un despliegue que se echaba de menos, y porque el destino unió a Markel Susaeta y Ander Herrera, a los que le beneficia un cierto idilio con el conjunto azulgrana.

idilios comunes Susaeta, un jugador al que quizá le falte una pizca de sintonía con la masa social, tiene al Barça como su rival fetiche. Como se recordará, el de Eibar debutó como león en el Camp Nou, un 2 de septiembre de 2007 que parece muy lejano. En aquel estreno, el entonces imberbe en la máxima categoría puso brillo a su bautizo en el Athletic con un bonito tanto al batir a Víctor Valdés, que en esa tarde calurosa firmó una pifia que, sin embargo, no valió para que los rojiblancos puntuaran.

Casi seis años después, Susaeta volvió a superar al meta culé, esta vez con un toque de oportunista a servicio de Aritz Aduriz, que ayer cambió los roles con su compañero. El eibartarra, que bajo el magisterio de Bielsa ha asomado una llamativa pegada, eleva a seis sus tantos en Liga, con lo que iguala su marca de la campaña anterior, que le debe servir para blindar su autoestima. Un acierto que estuvo cerca de doblar y que se lo impidió el larguero, en el que se estrelló con golpeo de falta minutos antes de que llegara la diana de Messi.

Un encuentro en el que también cogió protagonismo Ander Herrera por partida doble. Primero, el más amargo, porque vio la quinta amarilla del segundo ciclo, por lo que será baja el viernes en Balaídos ante el Celta, que también pierde a Iago Aspas, una de sus máximas referencias. El bilbaino se resarció al ejecutar el tanto del empate en el último minuto del tiempo reglamentario, con un gol que perseguía desde hacía muchísimo tiempo, una ansiedad que le dañaba en algunas decisiones. Herrera se despojó de esa obsesión, paradójicamente ante el Barça, ante el que marcó su primer gol en Liga como león. Cuando querer es poder.