Único en su especie
Mago de la motivación o boxeador necesitado de molinos de viento, técnicos y expertos rebaten la doble armadura de José Mourinho, ángel y diablo
NO habrá en el planeta fútbol otro entrenador como el difunto Manolo Preciado que solo haya concitado, por unanimidad, adhesiones de cariño, incluso por parte del protagonista que un día le acusó de plantarse en el Camp Nou con ánimo de perder, para meses después disculparse y entregarse en cuerpo y alma a la doctrina bonachona y vitalista del cántabro. Los hay a cientos como quien osó ultrajarlo y también existen a patadas técnicos que no despiertan un ápice de interés. Y luego está el otro, Guardiola aparte, ése al que le amas tan efusiva como furtivamente, o le odias de igual forma, es decir, José Mourinho (Setubal, 26-I-1963), el tipo que Florentino Pérez sentó en el Santiago Bernabéu para expoliar el baúl de los éxitos barcelonistas.
Cuando el portugués dejó el banquillo del Inter, un peso pesado de aquel vestuario como Marco Materazzi, que derramó lágrimas por él tras conquistar la Champions, le destripó la tristeza por su marcha. "¡Dios maldito, me dejas con Benítez!", le inquirió, ya que si algo había conseguido Mou en Italia fue involucrar a todos los futbolistas en su proyecto. Con ese aval aterrizó en Chamartín, si bien esta vez parece haberse quedado a medio camino a tenor de la evidencia pública de que en el seno blanco si algo existe son los grupúsculos en función de origen, nacionalidad y modos de ser. Los que están con el técnico y quienes se posicionan contra él, o lo que es igual, el bando luso y el español. Ingrediente que engorda el soliloquio mediático y la tertulia de tasca, porque, como aseguran algunos de sus compañeros de profesión consultados por este periódico, "nadie puede discutirle su madera de líder ni mucho menos sus éxitos. Todo lo demás depende de los gustos personales y, como en botica, ahí hay de todo". La doble armadura de héroe y villano es una característica que ejerce de manera necesaria y retroalimentaria, que le sienta y usa a las mil maravillas.
"La imagen de cualquier profesional en una actividad no solo es pública, sino publiquísima, y la de él también", plasma Benito Floro, que llevó la batuta merengue entre 1992 y 1994, y cuya bronca a los jugadores tras perder en Lleida, captada por un micrófono de televisión, provocó su definitiva salida del club. "Las épocas no son comparables, más allá de algunos aspectos puntuales. Hasta los líderes de opinión periodística son distintos según el momento. Lo único que no suele cambiar es la afición y el estadio", apunta el asturiano, quien define la visión que se tiene del Mourinho técnico como "una idea más. Todo lo que se habla de una persona es una cuestión de ideas, de que atraiga más o menos". Si alguien hay férreo defensor del lusitano es Manuel Sergio Vieira e Cunha, a la postre profesor de filosofía del míster de Setubal cuando éste estudió Educación Física, y que le cataloga como "un superdotado con la mirada de un gato que caza pájaros". Es su gurú, de ahí que la frase que marcó al técnico madridista la pronunció él: "El que solo sabe de fútbol, nada sabe de fútbol". "Para ser un buen entrenador, tienes que ser libre. Las críticas no pueden molestarte. Hay que dar la cara, no esconderte", dice este. Desde luego, Mourinho lo ha llevado a la práctica, dentro y fuera del campo, hasta las últimas consecuencias. Últimamente, a la hora de versar sobre la cantera merengue.
Marcos Alonso padre, cuyo hijo, hoy en el Bolton, salió de La Fábrica, considera que "cada club tiene su forma de emplear a los futbolistas de base, y mientras el Barça los usa poniéndolos, el Madrid los vende y después los recupera si le interesa". Pero "al gran público no le importa en demasía la imagen de Mourinho, sino que gane títulos, y estos serán los que le pongan buena o mala nota. Es verdad que un plantel como el del Real Madrid está en la obligación de conquistar la Champions porque, si no, una temporada puede no ser un fracaso, pero desde luego no queda redonda". De cosechar el éxito, no será por un destino azaroso o casuístico, sino por un trabajo duro y sistemático, como amante que es de la rigidez y la disciplina. Lo demostró en su primer entrenamiento dejando pasmado a más de uno: "El que llegue tarde al autobús se queda en tierra, aunque haya que jugar con uno menos", avisó.
prolijo historial de improperios Sorprende que con un proyecto en pos de consolidarse, Mourinho haya optado por enredarse en una pugna intestina como la mantenida durante estas semanas con el técnico del filial, Toril, o que la haya emprendido otra vez contra cierto sector de la prensa, instaurando la censura en el turno de preguntas, y regresando ese personaje que gusta de subir decibelios y encrespar al enemigo. Es como si la marcha de Guardiola le tenga tan aburrido, que haya optado por abrir nuevos frentes, aunque sea en su propia casa. De hecho, desde su época en el Oporto se desgañitó en lanzar improperios a diestro y siniestro. Desde allí acuso a Rijkaard de bajar en el descanso al vestuario del árbitro sueco Frisk para presionarle, algo parecido a lo que él mismo hizo el pasado curso recostándose en el garaje del Camp Nou. Y si a Tito se refirió como "Pito"; cuando dirigía al Chelsea sus dardos fueron para Ferguson -"Sir Alex lo que sea", le llamó- y para Wenger, a quien tachó sin escrúpulos de "voyeur". "Hay personas que cuando están en casa tienen un telescopio para observar a otras familias", llegó a jactarse.
No en vano, su carta de presentación en Inglaterra fue diáfana: "I'm the special one" ("Soy especial"). Este verano, ya en España, fue más allá: "Soy el único que ha ganado el campeonato inglés, el italiano y el español. Por lo tanto, más que Special One, deben empezar a llamarme El único". Plausible para alguien que incluso se llegó a comparar con una divinidad: "Solo una persona de 21 se negó a darme el honoris causa. Es normal. Tampoco Jesucristo caía bien a todo el mundo. Gracias a Dios, no me falta modestia. No soy hipócrita ni diplomático, ni tampoco pelota. Ese es mi mayor defecto". Todo ese aura de entrenador autorelanzado a los altares lo ha inflado el último trienio, con ruedas de prensa en las que se ha despachado contra técnicos -dedo en el ojo incluido a pie de campo-, árbitros -con lista de agravios en la mano-, instituciones -clamando por el presunto poderío culé en la UEFA-, jugadores -el descrédito hacia Pedro León rompió los límites-, dirigentes, aficionados y personal de su club. "Cuanto más conozco al Madrid me parece que hay más madridistas disfrazados", espetó hace poco. En estado puro.
"Ante la prensa lo tiene todo siempre bien atado, o al menos lo intenta. Aunque muchas veces las preguntas le facilitan la tarea", precisa Manolo Sarabia, afanado ahora en analista de muchos partidos del conjunto blanco. "Pero quien mejor habla de él es su palmarés, ahí están sus títulos y es uno de los entrenadores más reconocidos en la élite. Su forma de pensar, de llevar las historias o su propuesta futbolística -tira más de pegada porque dispone de futbolistas más propensos para ello- es simple cuestión de apetencia del que se halla enfrente suyo", reseña. Por su parte, Juan Carlos Cubeiro, experto en liderazgo, talento y coaching, y coautor del libro Código Mourinho (Editorial Alienta), adjetiva al protagonista como "el mago de la motivación y al que su tribu adora porque logra lo mejor de las personas". "Aunque puede parecer a primera vista una persona maleducada, brusca, egocéntrica y ambiciosa, quienes lo conocen bien dicen que es cariñoso, generoso, amable, sonriente y con férreos valores", en definitiva, una persona "muy diferente" a la que se muestra por motu propio.
xabi alonso, huérfano de pareja A ras de césped, en la pizarra, uno de sus más acérrimos críticos es el mediático entrenador Jorge D'Alessandro, quien no titubea a la hora de asentir con firmeza su disgusto con la aportación al fútbol de su colega portugués. "Desde que llegó al Real Madrid el juego del equipo no ha evolucionado; es más, si algo ha existido es una involución. No ha acertado en la mejora del doble pivote, que siempre ha dependido de la presencia de Xabi Alonso, y al que todavía no ha sabido encontrar un compañero de viaje por muchas parejas que haya probado", argumenta el paisano de Marcelo Bielsa. A su juicio, el proyecto de Mourinho -a quien compara con Javier Clemente, "su clon"-, ha sufrido como poco un enquistamiento desde su primera temporada, sometido a las rutinas, con un juego carente de creatividad y fantasía, dependiente de la clase individual de sus cracks". D'Alessandro ahonda asimismo en la soledad que transmite el luso desde que arrancó el presente ejercicio, como si estuviera pensando más en su futuro que en el día a día, desnudado de la figura hacia la que dirigía su ira futbolística y personal tras la retirada de la circulación de Guardiola. "Se ha quedado sin el mejor de sus recursos porque él siempre necesita molinos de viento enfrente, y Pep lo era. Le ha perdido y actualmente se halla como un boxeador solitario delante de un espejo". En más de una entrevista, sobre todo a los medios extranjeros, el míster merengue se ha referido a su apetencia de regresar bien a su Inter querido, por el que ha demostrado gran añoranza, bien a la Premier League.
A buen seguro que esta visión no importará a Mourinho. "Ni cuando empecé me preocupé por lo que pensaban los demás, menos ahora con 50 años, doce de ellos de entrenador. No me voy a ofuscar por lo que dicen de mi trabajo", aclaró cuando Johan Cruyff, otro de sus ínclitos antagonistas, le retrató como "un técnico de títulos, no de fútbol si entendemos este deporte como espectáculo o divertimento". Conscientes de que el potencial del cuadro blanco nunca puede desdeñarse, hay coincidencia en que Mou ha tenido mimbres de sobra como para armar un bloque indestructible. Como afirma Floro, "el Madrid lleva tres años sin muchas variaciones en la plantilla y en el banquillo, eso le ha beneficiado. Además, es un equipo que históricamente siempre ha dado respuesta, en cualquier circunstancia". Otra cosa es que la entidad de Concha Espina se haya visto engullida por una figura a pecho descubierto, ángel para sus defensores y diablo para sus detractores.