BILBAO. Hoy es el día que Sergio Corino (Zalla, 1974), al repasar su vida deportiva, admite que debería haber moderado la ambición que le caracterizó en sus primeros años de profesional. Se exigía en exceso, quizás porque desde niño aprendió a hacerlo así. Está satisfecho de cómo asumió su prematura retirada, de cómo bajó de "la nube" para incorporarse a la vida normal.
El Athletic le captó del equipo de su pueblo.
Con 14 años me cogió del Zalla.
De esa zona de Bizkaia no han salido muchos jugadores de Primera.
Hace poco estuve en la Peña Zalla con Andoni Goiko e Ismael Urtubi y comentábamos que después de mi no ha habido ningún encartado más que haya llegado. Y antes, pues creo que tampoco. Que recuerde estuvieron en el Bilbao Athletic, Asier Yagüe y Gorbea, el portero, que jugó con Blas Ziarreta.
¿Qué tal fue su entrada en Lezama?
El año anterior ya había hecho pruebas para entrar en Lezama y no pasé, me vieron verde. Me ficharon porque tenía unas aptitudes, pero enseguida me di cuenta de que estaba tres escalones por debajo del resto. Fue un cambio brutal para mí, que venía de hacer de todo en el Zalla. Jugaba de medio centro, era el que sacaba las faltas,… y de repente me vi como un 600 entre ferraris. Le tuve a Goiko de entrenador y me cambió de posición, me puso de central nada más acabar la pretemporada. Fenomenal porque iba bien de cabeza y era agresivo. Pero, ya te digo, la diferencia que noté fue brutal, lo pasé bastante mal en verano. Era muy exigente conmigo mismo, puede que porque en casa también me exigían debido a que no fui un buen estudiante.
No quería estudiar, quería ser futbolista.
Mi padre me dijo que si quería jugar, lo tenía que tomar en serio y la verdad es que mis padres me apoyaron mucho. No se trataba de que tuviese que ser jugador sí o sí, pero si elegía ese camino, pues que fuese con todas las consecuencias. No es como a algunos padres que ves ahora, que en cuanto sus hijos hacen algo piensan que van a ser la leche. En casa me veían que tenía cosas, pero flores no me echaban, al revés. Me exigían una dedicación.
Tenía un plus de presión.
En una pretemporada hicimos un partido horrible, yo también, y mi padre me llevó a casa desde Lezama sin decirme una palabra. Nada más llegar, me dijo que cogiese unas zapatillas y fuimos a un monte cerca de Balmaseda. Me bajó y me dio 25 minutos para subir el monte, si no llegaba me tenía que ir andando a casa.
¿Llegó a tiempo?
Sí, llegué, llegué. Al contar esto habrá quien diga que vaya padre que tengo, pero yo le estoy agradecido porque lo que él quería corregir era una falta de actitud. Las broncas que me caían estaban merecidas. Me valió para hacerme más fuerte. Pero ya digo que mi padre no pensaba en que yo fuera a jugar en Primera o algo así, solo quería que hiciese bien las cosas.
Y fue quemando etapas en Lezama.
Sí, iba un año por delante de lo que me correspondía. Era una pasada cuando al final de la temporada todos los jugadores, acompañados por los padres, íbamos al despacho de los responsables, que entonces eran Aranguren y Koldo Agirre, donde te decían si seguías, te ibas cedido o te ibas fuera. Veías las caras de los que iban saliendo y… Era lo que había, es la cruda realidad del deporte. Pude ir dando los pasos adecuados para hacer una transición natural hasta arriba. Quiero decir que fue un proceso lineal, en mi mente solo tenía el ir creciendo poco a poco.
Las cribas son una realidad, algo inevitable que no trasciende. ¿Qué otros compañeros suyos llegaron arriba?
Estaban Edu Alonso, Oscar Vales, Aizkorreta y Javi González, con el que di todos los pasos.
Pero lo más complicado no es llegar y debutar…
Es mantenerse, desde luego. Yo estando abajo ya entrenaba con Heynckes y me dijo que al año siguiente iba a tener sitio, pero resulta que iba a ir a jugar el Europeo sub'18 en Inglaterra y la víspera de viajar le comenté a Fidel Uriarte que mejor si no entrenaba, no fuese a tener una lesión o… Bueno, pues entrené y de repente oigo un ruido. Pensé que había roto un taco porque solía pasar eso en el campo de hierba artificial, pero me dolía, fui a donde el médico y resulta que me había roto el quinto metatarsiano. Me quería morir. Ni Europeo ni nada, más de cuatro meses para recuperar el dedo roto. Eso me retrasó para llegar arriba y el que subió fue Vales. Los dos formábamos la pareja de centrales. Que conste que Oscar subió porque estaba para subir, como yo, se lo merecía, pero yo tuve que esperar. Cosas que pasan.
Debutó con Irureta en un partido importante, contra el Newcastle.
Salí los últimos minutos porque se lesionó Edu Estibariz. Salí muy nervioso. Con el primer balón que cogí le di un pase a Ziganda, a media altura, y cuando llegamos a la caseta, se quitó la camiseta y me dijo que mirase el pase que le había dado: tenía todo el balón marcado en el pecho. La ilusión por debutar era la bomba, pero la ambición me impidió disfrutarlo. Quería seguir jugando, quería jugar más, como todos, pero debería habérmelo tomado de otra manera, ahora lo reconozco. Me presionaba demasiado y con esa ansia podía molestar a alguno. Ese año me llamaron varios equipos para que fuese cedido y viendo que arriba estaban Karanka, Andrinua, Vales, Larrainzar… pues en diciembre fui al Mérida. Stepi no confió en mí, decía que sí, pero me ninguneó. No tengo nada contra él. Como anécdota puedo contar que me echó de un entrenamiento porque sin querer lesioné a Jon Andoni Goikoetxea.
Primera salida de casa, a otro club de Primera.
Guardo muy buenos recuerdos, primero porque jugué todos los partidos. Era todo más familiar, yo estaba solo pero convivía con los demás. El cambio también se notaba en las condiciones, ibas de casa vestido en tu coche para entrenarte en pueblos. La primera vez que vino el utillero, la gente se le echaba encima, enseguida entendí la razón y es que luego solo podías coger slips tres tallas más grandes, calcetines con agujeros y pantalones sin cuerdas. Era lo que había. Pero con Kresic y los compañeros, muy bien.
Y le tocó enfrentarse al Athletic.
Sí, además vino apurado en la clasificación y perdió. Encima, en un córner saqué un balón de la misma raya de mi portería y me querían matar.
Volvió de la cesión y ¿qué pasó?
Acababa de firmar cuatro años de contrato con el Athletic, aunque el Betis me ofreció seis años y también me llamó el Valencia, pero mi ilusión y la de mi familia era jugar aquí. Tenía muchas expectativas y quizás no coincidían con las de otros. No lo pasé bien con Luis Fernández. Me ponía en algunos partidos importantes, contra el Barcelona por ejemplo, que ganamos, y a la semana siguiente ni me convocaba. No sabía qué hacía bien y qué mal. Reconozco que anduve algo desorientado y no le echo la culpa a Luis. Esto es fútbol, no puedes hacer como el niño que se va quejando a casa diciendo que el profesor le tiene manía, no.
De nuevo tuvo que hacer las maletas.
Estuve dos años cedido en el Salamanca. Con Goiko de entrenador. También le tuve luego en el Rayo y como seleccionador. La verdad es que le tengo mucho cariño y aunque casi no le vi jugar, era mi ídolo. Del Athletic, él y Alkorta. Ese año salimos varios, Oscar Vales al Celta y Edu Alonso, que vino conmigo. El Athletic había fichado a Ríos, Alkorta y Ferreira, también esto influyó en mi marcha, es otra parte del fútbol. Luis quería gente de más experiencia y ya está. Jugué 80 partidos en el Salamanca, para mi fue muy positivo. Seguía teniendo contrato con el Athletic y quise volver, pero veía que no iba a tener sitio. Tampoco Luis me dijo abiertamente que me quedase.
Y entonces sale traspasado.
El Espanyol me ficha pagando 350 millones. Me llamó Brindisi. Hubo gente que dijo que me fui por dinero, pero no es así, podía haber apurado el año que me quedaba de contrato y no lo hice. Por cierto que en el Salamanca había gente ganando tres veces lo que yo cobraba. El Espanyol tenía un equipo espectacular, ese año fue campeón de Copa, pero tuve una lesión de pubis. Y se descubrió que el Espanyol no tenía un duro, así que me traspasó al de seis meses a la Real Sociedad, por el mismo dinero que habían pagado al Athletic.
Vaya forma de moverse.
Jo, si me enteré que me iba a la Real por la prensa. Después de un entrenamiento me vinieron todos los periodistas preguntándome por el cambio de aires y no sabía nada. Pensaba que era una broma de esas de cámara oculta. Entonces me sacó de allí el jefe de prensa del club y me puso al teléfono con el presidente, Dani Sánchez Llibre. Me dijo que lo sentía mucho, pero que me tenía que ir, necesitaban hacer caja. Lo entendí, qué vas a hacer, si no tienen un puto duro. Al de dos días ya estaba en Donosti.
Siga, siga.
Mis padres, contentos, porque estaba más cerca. La Real ya me había querido antes, más de una vez había estado en su punto de mira, de hecho pujó con el Espanyol. Entonces le entrenaba Javi Clemente. Bien hasta que tuve que operarme por segunda vez de pubis. Me rompí un adductor entero jugando contra el Valencia. Esta lesión tenía un origen que era una artrosis de cadera, pero esto solo lo supe con el tiempo. Me pasó que perdí movilidad y tenía molestias. Pero seguí jugando en la Real hasta que un día apareció en la prensa que venía a verme el Olympique de Lyon. Entonces, Toshack me crucificó.
¿Por qué le vinieron a ver a Anoeta?
Pues mira, ese día me puso de lateral izquierdo, tenía que cubrir a Guayre y en el minuto 35 me expulsaron porque le metí dos palos. En la banda izquierda estaba como un pingüino en Punta Cana. Al día siguiente, lunes, Toshack me llamó y me dijo que no volviese a entrenar hasta el jueves. Lógicamente fui a entrenar a diario, pero solo me dejaba participar en el calentamiento. Quedaban menos de dos meses para acabar la Liga y no me convocó más. Pasé de ser titular a desaparecer. No sé si pensaba que quería irme o qué. Los compañeros flipaban porque no había tenido ningún roce con él. Con otros entrenadores he podido tener alguna, pero con Toshack no. Uranga, el presidente, me dijo que era una decisión del míster.
¿Cómo se solucionó?
No se solucionó. Termina el año y el galés me llama al despacho. Me senté y no me decía nada. Así dos o tres minutos, los dos callados. Al final cogí, me levanté y salí. Toshack es lo peor que he visto en el fútbol. Mala gente. Como entrenador era una máquina, aprendí mucho con él, pero como persona… Allí imponía tanto que nadie rechistaba, era el amo de todo. Me fui al Rayo y bien. No puedo decir que no haya estado bien en todos los sitios que he conocido. Estuve tres años, pero lo tuve que dejar porque no podía con la cadera.
Siendo muy joven.
Tenía 29 años. Ya en la Real tuve problemillas, pero en el Rayo lo notaba más. Todos esos años estuve medicándome por el dolor. Perdí salida, no podía golpear fuerte el balón. A mí me encantaba entrenar, ir al gimnasio y llegó un momento en que me levantaba de la cama y solo de pensar que tenía que ir a entrenar… Me acuerdo que Txetxu Rojo me dijo que me necesitaba, el Rayo se estaba jugando la vida, pero le dije que lo sentía, que no podía ni moverme. Tuve un par de años buenos deportivamente, pero luego estaba deseando que se acabase aquello.
Tuvo que ser duro bajar la persiana de esa manera.
Fue jodido porque dejaba lo que más me gustaba, pero al mismo tiempo fue una liberación. Cuando iba a casa lo único que hacía era echarme, no tenía fuerzas ni para salir a dar un paseo. Empecé a tramitar la invalidez, el Rayo se portó muy bien y yo perdone el último año de contrato, era una cuestión de dignidad, no me parecía ético prolongar la situación, no podía rendir.
Y vuelta a casa.
Lo mejor fue que cuando la prensa publicó que lo dejaba, me llamaron varios equipos. Llegué a hablar con Marcelino, quería un central veterano para el Sporting, y le tuve que decir la verdad, que no estaba para jugar, pero él venga insistir, que fuera a hacer una prueba. Era un lisiado, pero no se lo creían, no entendían cómo me retiraba a esa edad, pensaban que pasaba algo raro.
¿Cómo asimiló este final de carrera?
Cambié rápido la mentalidad y supe adaptarme a la realidad, de lo que me enorgullezco, porque el fútbol es una nube, no tiene nada que ver con la vida normal. Tengo que decir que mi actual mujer me ayudó mucho a valorar eso, la vida. De jugador te mueves a otros niveles, cambias de coche, tienes un piso de 500 metros cuadrados con piscina, te reservan mesa en los restaurantes… Cosas que la mayoría no conoce y por eso hay jugadores que lo pasan mal cuando terminan.
Pasó a ser un aficionado de a pie.
Pues mira, lo había pasado tan mal al final que le cogí tirria y estuve tiempo sin ir a ver fútbol, me traía a la cabeza recuerdos negativos. Pero también superé esa etapa. Fui a un partido contra el Madrid. Estaba en preferencia, empecé a subir la escalerilla, sentí el olor del verde y se me puso el vello de punta. Volví a reconocer lo bonita que era esa sensación. Además, era la hierba de San Mamés. Fue bonito.
Pese a todo, tiene una trayectoria importante en la elite.
Jugué 248 partidos en Primera, pero si no es por la cadera podían haber sido 400, y jugué otros 100 en Segunda. Es posible que por el hecho de haber jugado fuera de aquí no se valore tanto mi carrera, pero son partidos. Si me duele no haber podido jugar en el Athletic, no es por mí, sino por mis padres, que se volcaron siempre conmigo.